BAFICI 2015 – El cuento de la princesa Kaguya

BAFICI 2015 - El cuento de la princesa Kaguya - c i n e m a r a m aEl cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari – Japón – 2013)

Dirección: Isao Takahata
Guión: Isao Takahata, Riko Sakaguchi

por Aníbal Perotti

La belleza de lo efímero. La última película de Isao Takahata pone en tensión los postulados estéticos del estudio Ghibli con un dibujo sencillo, de colores tenues y trazos simples, pero profundamente expresivo. La adaptación del cuento tradicional del cortador de bambú que sigue los pasos de una asombrosa princesa en miniatura en el Japón feudal es visualmente impactante. La poética de lo esencial: una forma mínima que genera una emoción intensa. Una película hecha de esbozos en la que la materialidad del dibujo está explícita y el trazo artesanal del cineasta desdibuja los contornos hasta devenir movimiento puro.

Un antiguo leñador encuentra a una beba en el interior de un extraño árbol de bambú que brilla intensamente en la espesura del bosque. Fascinado por su belleza y emocionado por la posibilidad de tener una hija, intenta criarla junto a su mujer. La niña crece a un ritmo mágicamente acelerado. En un par de planos aumenta varios centímetros. En lugar de utilizar la elipsis para traducir el paso del tiempo, el genial Takahata elige lo maravilloso.

La pequeña crece en medio de una naturaleza pródiga y benévola. Basta con agacharse para recoger melones o atrapar un faisán. Sin embargo, el cortador de bambú cree que su hija adoptiva está destinada a ser princesa y utiliza el tesoro descubierto en el hueco del árbol mágico para construir un palacio en la ciudad donde ella puede recibir la mejor educación. La oposición entre civilización y naturaleza, entre el rigor de la formación principesca y la efervescencia del aprendizaje en libertad está llena de matices y resonancias míticas. La ciudad es el escenario de falsas apariencias, entre la transformación física que se impone a la joven para que coincida con su status de princesa y las mentiras de los pretendientes que pujan por casarse con ella. La ciudad es la cuna del arte de la caligrafía y del koto que Kaguya asimila en un abrir y cerrar de ojos, mientras que en el bosque la atención está centrada en las artesanías, como en la bella escena de la fabricación de cestos.

Takahata prefiere la segunda forma de creación, es un cineasta que privilegia el trabajo artesanal consciente de su propio soporte. En El cuento de la princesa Kaguya conviven diferentes estilos para traducir mejor las emociones, desde un dibujo que extrema los detalles hasta los grandes trazos. El ejemplo más sorprendente es la frenética carrera de Kaguya para reencontrarse con su bosque perdido. La velocidad del movimiento y su furia están traducidas en grandes rasgos que privilegian lo esencial. Una escena que condensa la poética de lo fugaz, todo lo que el dibujo puede expresar con un gesto mínimo.

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