Birdman

Birdman - c i n e m a r a m aAño: 2014
Origen: Estados Unidos
Dirección: Alejandro González Iñárritu
Guión: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo
Intérpretes: Michael Keaton, Zach Galifianakis, Edward Norton, Emma Stone
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Edición: Douglas Crise, Stephen Mirrione
Música: Antonio Sanchez
Duración: 119 minutos

por Diego Maté

El problema de Birdman es que la película cree que es bastante más inteligente y lúcida que sus personajes. El director retrata sin piedad a unas criaturas miserables, frustradas y ambiciosas, pero la puesta en escena no se mezcla con ese universo decadente, más bien al contrario: los largos planos secuencia, muchas veces injustificados, exhiben orgullosamente un impostado virtuosismo técnico que contrasta con la materia degradada del relato. Iñárritu pinta el peor de los mundos y lo hace pavoneándose con su cámara por los pasillos y camarines del teatro: la impiedad con la que el mexicano construye sus historias va de la mano con extensos planos acrobáticos. Cuando empieza, Birdman amaga con ser una farsa, una oda al engaño y al humor grotesco al mejor estilo de Noises Off, de Peter Bogdanovich, en la que también se narraban las desventuras de una compañía teatral delante y detrás del escenario. Pero la farsa demanda ligereza y un espíritu burlón, y no la solemnidad y la autoconsciencia afectada de las que presume en todo momento Birdman. En el fondo, la película no hace otra cosa que apelar a los prejuicios más rancios que el público pueda tener sobre los actores de Hollywood, de Broadway y sobre el ambiente en general que gravita en torno a esos espacios. La tesis del director no es más que la actualización de una idea precocida; el guion no demanda nada a su espectador, solo le sirve en bandeja un montón de lugares comunes hiperbolizados y ya masticados listos para digerir.

Iñárritu señala con el dedo a todos y no rescata a nadie, salvo en parte a Mike Shiner (Edward Norton), un cínico de campeonato al que el relato parece observar con un poco más de interés por el solo hecho de complicar una y otra vez los planes de Riggan Thomson (Michael Keaton) y de poner al descubierto las inseguridades de los demás. Como Shiner, la película es incapaz del más mínimo gesto de humanidad; al igual que en el resto de su filmografía, el director demuestra que posee un ojo solo apto para capturar la maldad y la miserabilidad. No es nada nuevo: muchos mercachifles apuestan a que la miserabilidad en cine luce bien, que vende, y ahí está para probarlo el éxito de Slumdog Millionaire, Ciudad de Dios o de la reciente 7 cajas. Iñárritu hace una película que lleva como título el nombre de un superhéroe, pero Birdman desprecia el género e intenta una deconstrucción que no es más que un comentario bobo con ínfulas de intelectualismo acerca de la supuesta vacuidad del cine de espectáculo. La tontería de la pretendida crítica se aprecia enseguida en la escena en que Birdman le habla en el plano a Thomson y en el fondo se ven explosiones y enormes monstruos salidos directamente de la mente del protagonista: el director realmente cree que una película de superhéroes se reduce a eso, a un par de explosiones y a un gigante hecho en CGI, y en consecuencia la película imagina a un espectador ideal igualmente prejuicioso e ignorante. Iñárritu incluso se toma el trabajo de conseguir como protagonista a Michael Keaton, primer Batman en cine después de Adam West, como para sumar una capa extra de sentido que disimule en parte la chatura de todo el conjunto. De paso, el director recluta a Emma Stone y Zack Galifianakis y los pone en la piel de personajes grises y horribles, como si disfrutara del experimento de observar a dos grandes comediantes retorciéndose bajo sus órdenes.

La película es cruel y no conoce límites a la hora de someter a sus personajes a la humillación y el sufrimiento. Un foco de luz cae sobre la cabeza de un actor y lo lesiona severamente, un embarazo que termina de manera abrupta deja deshecha a la futura mamá, un personaje (por culpa de un accidente) debe salir a la calle en calzoncillos y someterse al escrutinio de cientos de transeúntes; el guion no escatima en situaciones degradantes y cada personaje carga con dosis suficientes de malicia como para justificar semejantes vejaciones. Birdman no entiende de calidez o de solidaridad, solo puede escenificar el resentimiento, como en el encuentro que tiene Thomson con la reconocida crítica de teatro: ella, fría y malvada, le anticipa que va a “destruir” su obra incluso sin haberla visto, argumentando que el protagonista ocupa un espacio que no merece. No es raro que una película que piensa y reflexiona tan mal como la de Iñárritu imagine tan pobremente a un posible interlocutor: algo similar pasaba con el crítico que hacía Bob Balaban en La dama en el agua, de M. Night Shyamalan, otro director demasiado pagado de sí mismo y de su lugar de auteur.

Finalmente, la obra basada en un cuento de Raymond Carver resulta un fracaso, pero la recepción y la difusión son excelentes. Así es como la película realiza su acto de cinismo mayúsculo, diciendo que estos personajes tan horrendos existen no en calidad de excepción sino como expresión acabada de toda la sociedad, la misma que premia y aplaude ese teatro mal hecho. Los diálogos finales, igual de groseros que los de toda la película, se encargan de explicar bien la moraleja: basta con poner en escena alguna clase de show truculento para que un público embrutecido lo festeje y para que el periodismo se haga eco del asunto. Así, la película cierra el círculo: Iñárritu crea un mundo con personajes ruines a los que el relato se encarga de punir oportunamente por sus bajezas, pero que terminan triunfando a pesar de todo porque los espectadores son igual de tontos y malos que ellos. La cosa con los misántropos de cuarta categoría como Iñárritu es que están tan seguros de qué cosa es el mundo y de cómo es la gente que lo habita que no queda lugar para la discusión o la duda. De todas formas, nada parece haber cambiado mucho: con los años, el cine de Iñárritu cosechó un buen número de seguidores siempre dispuestos a confirmar los prejuicios más obvios y a elogiar cualquier clase de artilugio cinematográfico que se evidenciara como tal. Antes era la manera de entrelazar las historias de sus relatos corales, ahora serán los planos secuencia, una misteriosa voz en off y el baterista ese que aparece a cada rato y en cualquier parte.

Birdman - c i n e m a r a m a

Anuncios

11 comentarios

  1. Seba

    COMENTARIO CON SPOILERS.

    No creo que Birdman desprecie el género de superhéroes. Por un lado, pareciera que sí, pero por otro, el propio Riggan tiene superpoderes y al final de la película consigue volar. La película es una comedia en toda regla, no se toma muy en serio a sí misma. Puede ser que critique, pero también se asume como parte de eso que critica (sin ir más lejos, la película tiene título de film de superhéroes).

    enero 27, 2015 en 8:45 pm

  2. Hola Seba,

    No se me ocurre mayor acto de desprecio por las películas de superhéroes que la escena esa en la que Birdman lo convence a Riggan de filmar una secuela de la serie: la manera en que Iñárritu describe lo que para él son esas películas es de una ignorancia y un desprecio notables. Por eso es que la película no realiza nada parecido a una autocrítica: el director mira con cinismo a sus personajes y a su universo mientras quiere hacer pasar por virtuosa y sofisticada la puesta en escena; Iñárritu trata de lucirse mientras postula que el mundo son una basura.

    saludos.

    enero 28, 2015 en 4:00 pm

    • fernando

      Hola Diego. La matriz narrativa de Birdman chirría tanto (como crítica de arte vs entrtenimineto pero mucho más como la representación de “lo auténtico” dentro del arte vs lo trucho) por ese final (finales) ridículo. A ver, coincido que la puesta en escena llama la atención por si misma (si te referís el largo -con trampitas- plano secuencia) pero por otro lado me parece lo único destacable de la misma, ya que efectivamente te pone como en estado de trance dentro de la realidad de ese laberinto teatral de bambalinas que, en realidad, es una burbuja. Otros lo verán como parte del laberinto de paranoias de Riggan pero viene a ser más o menos lo mismo. Me parece que a los efectos narrativos es útil y, además, Lubezki es un genio indiscutido (el uso de los espejos me pareció particularmente notable, aunque un poco repetitivo)
      Lo que falla, horriblemente (como en TODAS las películas de Iñárritu), es el guión pleno de catchphrases de mal gusto (“compartimos una vagina”, que cool!) y la incapacidad del propio director para la modulación o las sutilezas. El sólo conoce tres: ALTO. MÁS ALTO y ¡BANG! Literalmente. En definitiva, es un pobre remedo de THe Player, del gran Robert Altman, con algunas referencias, francamente berretas, a esa obra maestra que es Mulholland Dr. (en una escena del beso de Naomi Watts y el ataque paranoico que lo lleva a ese final) Yo creo que Iñárritu debería despojarse de una vez por todas de su ego insoportable y hacer una autoparodia de cabo a rabo. Se lo agradeceríamos mucho, ya que no creo ser el único gil que se dio cuenta que utiliza a Keaton no sólo como un remedo se si mismo, sino como su propio alter ego. Es él al que le encantaría hacer una peli de superhéroes o con grandes efectos y no le da el piné ni lo acompañana la crítica (hello, Guillermo del Toro). Es él que quiere batir el record de toma sin cortes que puso a la crítica y al el oscar en manos de una director nada pretencioso y mucho más capaz (hello, Alfonso Cuarón). ¿Envidia de sus amigos? Cuando se relaje en serio y no quiera tirarnos por la cara y a los gritos sus DESEOS, puede que haga una gran película. Técnicamente tiene idea y no me parece un mal director de actores (sacando 21 gramos, eso sí). Bueno, demasiado por hoy. Me dieron ganas de ver All That Jazz y Sunset Boulevard. Gracias Alejandro.

      febrero 5, 2015 en 1:19 am

  3. mauro

    Genial lectura diego. Brillante. A mí particularmente me indignó Birdman porque después de toda esa puesta es escena efectista, porno-intelectual y solemne de los prejuicios, muestra lo que verdaderamente tiene para dar: un sentimentalismo infantil y caprichoso. Abrazo, mauro.

    marzo 4, 2015 en 11:09 am

  4. Gracias, Mauro. Creo que si hubiera una palabra que defina entera a Birdman, una sola, sería, justamente, efectista, como decís vos.

    saludos.

    marzo 4, 2015 en 3:14 pm

  5. Muy solemne para comedia.Largos parlamentos engrupidos.Nunca decide terminar.
    A lo mejor si hubiera escuchado a su pájaro negro y hubiera hecho una pelicula adolescente de superhéroes….
    Me pareció una pelicula hecha por un adolescente muy grave y talentoso con su amigo fotógrafo brillante.
    Tenía Tantas ganas de que me gustara.

    marzo 21, 2015 en 12:24 pm

  6. Hola Diplomadoyn,

    Yo no tenía ganas de que me guste, pero comparto todo lo otro que decís.

    saludos.

    marzo 21, 2015 en 10:49 pm

  7. Es porque hace mucho que no salgo contenta del cine.Y por lo menos para mi, ver las películas en el computador no es lo mismo.
    En Argentina dieron Under the skin,la de Jonathan Glazer con Scarlett johanson?¿te gustó?

    marzo 28, 2015 en 9:32 pm

  8. Soledad

    Totalmente decepcionada! pelicula pretenciosa, malas actuaciones. Poco creíbles!

    marzo 29, 2015 en 2:17 am

  9. La vi en el computador,y como tiene un ritmo deliberadamente muy lento,a ratos me distraia.Pero me pareció hermosa y perturbadora,con algunas escenas visualmente muy potentes.Ella está bellisima.Hace de reclamo sexual.

    marzo 30, 2015 en 9:56 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s