Mar del Plata 2014 – Tejen

Mar del Plata 2015 - Tejen - c i n e m a r a m aTejen (Argentina – 2014)

Dirección: Pablo Rabe
Guión: Pablo Rabe
Intérpretes: Oscar Molinari, Victoria Parada, Catalina Viviano

por Diego Maté

Existe el miedo del género, un miedo institucionalizado, hecho a golpes de convenciones y contratos, y el que viene a descerrajar una película solitaria como Tejen; un miedo del cine, de la imagen. El director parece haber comprendido algo que muy pocos cineastas vislumbraron: que el cine tiene un ojo privilegiado, como de brujo o de médium, que le permite atisbar el horror allí donde nadie más podría verlo (Gustavo Fontán, por ejemplo, encuentra fantasmas con su cámara en rincones donde la mirada humana nunca los detectaría). En el contexto de una casa de campo, Tejen describe, o más bien descubre, un reino de criaturas que reptan, de seres que viven en un perpetuo retorcimiento, donde hasta el más inocente y cotidiano de los actos como jugar alrededor de un árbol se transforma en material para el terror. Pablo Rabe asemeja un orfebre que arma con paciencia y dedicación cada escena hasta dar con el lente, la angulación, la luz y el sonido justos para hacer irrumpir el horror en lugares impensados. Casi no hay trama: en una casa en el campo, lejos de todo, vive una familia. La nena pasa sus días jugando sola afuera y el padre estudia toscamente libros de biología y trata de aliviar como puede la agonía inextinguible que azota a su mujer; la enfermedad no se nombra y parece haberla carcomido hasta volverla un animalito indefenso que solo gime y clama por ayuda. A la noche, el padre sueña con infiernos repletos de cuerpos rotos y atrofiados que, como el de su esposa, solo conocen el dolor. La cámara los encuadra siempre de maneras insospechadas, los deforma hasta el punto de volverlos un espectáculo horrendo: una espalda agitada, con sus omóplatos y su columna en constante movimiento, adopta para sí los contornos de un monstruo que respira y se arrastra. Los momentos en los que se filman insectos son antológicos: la cámara de Rabe, aliada con una fotografía sofisticadísima, toma de cerca imágenes de gusanos, bichos y otras alimañas y revela mundos enteros donde la vida parece regirse por una economía básica de fluidos, muertes y nacimientos viscosos.

Después de la segunda mitad, Tejen pierde la potencia inicial, quizás debido a que el dispositivo que produce el director es difícil de sostener durante el tiempo de un largometraje. La aparición final de la maestra de la nena se justifica porque representa el afuera, el signo tranquilizador de que el resto del mundo todavía existe, pero su inclusión suma una línea narrativa innecesaria en una película que había conseguido el raro prodigio de producir espanto sin apelar a ninguna clase de relato.

Mar del Plata 2015 - Tejen - c i n e m a r a m a

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