Dossier Godard – La chinoise

Dossier Godard - La chinoise - c i n e m a r a m aLa chinoise (Francia – 1967)

Dirección: Jean-Luc Godard
Guión: Jean-Luc Godard
Intérpretes: Anne Wiazemsky, Jean-Pierre Léaud, Juliet Berto

por Diego Maté

Todavía no sabemos bien qué cosa es o debería ser el cine político. Sabemos, sí, que La hora de los hornos, durante mucho tiempo ejemplo destacado del cine político latinoamericano, resulta imposible de ver hoy; incluso para panfleto es tosca. Cuando se estrenó La chinoise, en el 67, a Godard lo acusaron de no comprender el fenómeno revolucionario de la época y de burlarse, pero poco después la película fue leída como premonitoria del mayo francés y como un lúcido manifiesto político. Más allá de las repercusiones, La chinoise no parece haber perdido ni un poco de su gracia original. Quizás se deba al hecho de que lo político en cine es algo bien distinto de la vociferación de consignas, un compromiso estético que requiere de una inteligencia cinematográfica que solo pocos directores (como Godard) fueron capaces de lograr.  En La chinoise el humor sirve a la política como lo haría el más aguerrido de los argumentos: si el programa del comunismo dice que el Libro Rojo de Mao es la trinchera del revolucionario, entonces Godard muestra a sus militantes maoístas parapetados literalmente sobre una pila de ejemplares del libro. La metáfora es asumida como tal por el cine y el efecto apela tanto a la risa como a un reacomodamiento de la percepción. Lo mismo pasa cuando se relatan las torturas padecidas por un joven con la cara vendada: a medida que le sacan los vendajes el rostro se revela sin heridas y en perfecta condición. Como dice Rancière, La chinoise parece a su vez otro capítulo del programa godardiano sobre el reaprendizaje de las cosas de todos los días, que la película trabaja especialmente cuando muestra a sus protagonistas militantes realizando actos cotidianos como tomar un café con leche: ese hacer ver todo con nuevos ojos, ese reeducar la percepción a través de un enrarecimiento de las formas del cine, puede ser visto hoy como un verdadero instrumento de lucha en el contexto de efervescencia social de la segunda mitad de los 60. Lo político en Godard no procede por consignas o contrastes burdos sino por una deconstrucción del cine y del acto de ver que no aspira a la lección revolucionaria que debe ser aprendida de memoria; lejos de eso, la película trata de poner en manos de los espectadores las herramientas para la propia emancipación; una emancipación que, a juzgar por el resto de la filmografía godardiana, debe empezar siempre por la mirada.  Quizás la prueba del cine verdaderamente político consista en sobrevivir a su momento de producción: que hoy, a casi cincuenta años de distancia, La chinoise nos resulte tan fresca y ágil, bien alejada de la pesadez del adoctrinamiento, es testimonio de su valor.

Dossier Godard - La chinoise - c i n e m a r a m a

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