Dossier Godard – El desprecio

Dossier Godard - El desprecio - c i n e m a r a m aEl desprecio (Le mépris – Francia, Italia – 1963)

Dirección: Jean-Luc Godard
Guión: Jean-Luc Godard
Intérpretes: Brigitte Bardot, Michel Piccoli, Fritz Lang, Jack Palance, Giorgia Moll

por Aníbal Perotti

El crepúsculo de los dioses. El desprecio combina de un modo sorprendente el espectáculo majestuoso con el cine experimental. Godard dispone de un presupuesto importante y elige a actores famosos. Un elenco de divinidades: el gran cineasta alemán y el productor norteamericano. A nivel humano, la genial pareja entre Brigitte Bardot y su partenaire ideal: Michel Piccoli. Godard adapta una novela de Alberto Moravia, pero en lugar del argumento extrae los sentimientos. El cineasta hace visibles el desprecio, los celos, el sufrimiento y la duda. Su cámara captura un pasaje imperceptible entre dos planos. Godard construye la película en torno a esa mínima fracción de tiempo. Un instante ampliado a una hora y media. El pequeño espacio entre un hombre y una mujer ensanchado a través del cinemascope. Contra el cine de los guionistas que explica por qué una mujer deja de amar a un hombre, Godard filma el misterio y revela aquello que escapa a nuestra escala de percepción ordinaria.

La película muestra a una Bardot desconocida, Godard no la hace bailar ni moverse como era habitual desde Y Dios creó a la mujer. El cineasta usa su rostro, hierático y erótico, como una superficie opaca: Camille no transmite certezas. Y esto es lo que vuelve loco a Paul, el personaje de Piccoli, que se irrita y no sabe cómo reaccionar. Cuando el desprecio se manifiesta por primera vez, las velocidades dejan de estar en sincronía. Paul no tiene la paciencia ni la sabiduría para buscar la verdad y comienza a moverse de un modo violento en distintas direcciones. Su precipitación por comprender se opone a la inercia de Camille. Paul quiere fijar los sentimientos con palabras pero se queda en las apariencias, en la superficie.

Godard juega con elementos de distinta naturaleza sin perder la unidad del conjunto. Su paleta de colores es la del nuevo realismo, la del pop art: el azul eterno del mar Mediterráneo, el rojo sangre del coche, el amarillo solar de los albornoces, el blanco inmaculado de las estatuas y de los modernos departamentos. La aparición de un color es tan significativa como un diálogo o un silencio. En el momento en que un travelling comienza dentro del departamento romano, una frase de Camille posee la misma importancia que el color del sofá o la ubicación de una estatua en el piso.

El mundo moderno y el antiguo se entrecruzan. Las estatuas son dioses que dominan a los personajes como en Te querré por siempre de Rossellini, la película emblema de los Cahiers. El clima es crepuscular. Fritz Lang representa un cine que no va a volver a existir. Los motivos musicales de Delerue se repiten de un modo obsesivo. La pareja se disuelve. Piccoli usa el sombrero de Godard y Bardot una peluca a lo Anna Karina. Un instante fatal sobreviene, inevitable. Pero la mirada se aferra a la melancolía de un tiempo y un territorio abandonados, la cámara sigue filmando, el cine continúa.

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