BAFICI 2014 – Frágil como o mundo

BAFICI 2014 - Frágil como o mundo - c i n e m a r a m aFrágil como o mundo (Portugal – 2002)

Dirección: Rita Azevedo Gomes
Guión: Rita Azevedo Gomes
Intérpretes: María Goncalves, Bruno Terra, Sophie Balabanian, Manuela de Freitas

por David Obarrio

Hay películas que son como sueños. Como fragmentos que derivan, que se atraen y se distancian, que se concatenan de manera impensada: percepciones fugaces, evocaciones, parpadeos, fulgores repentinos. Frágil como o mundo es una película que parece soñada, aunque su tema (así lo ha dicho la directora) se haya extraído a partir de una noticia perdida en la sección policiales de un diario: dos jóvenes, una chica y un chico, aparecen muertos en medio del bosque; no tienen ropas ni signos de violencia, no dejaron ninguna carta, ni tenían una conducta que hiciera presumir que quisieran terminar con sus vidas. Pero esta película maravillosa no es en realidad sobre un episodio policial, sino sobre un caso de amor prohibido. Los enamorados viven en el campo, a unos pocos kilómetros de distancia uno del otro. Los puntos de encuentro son la plaza del pueblo, la iglesia, lugares públicos que prestan el marco para que el sentimiento amoroso surja como una emanación de carácter secreto, un humor misterioso que solo afecta directamente a los interesados. La adolescente asiste a clase y la lección de anatomía reverbera como un rumor sin sentido en su cerebro. El chico, que ya terminó el colegio, tiene marcado un destino para continuar sus estudios en una ciudad grande, lejos de su hogar, y solo le queda observar con melancolía las horas que pasan, padeciendo por adelantado y en silencio el momento de la partida. Nadie prohíbe expresamente ese amor, pero la película sugiere que las convenciones provincianas obligan a los enamorados a sentirse demasiado jóvenes como para expresar sentimientos de esa índole en voz alta. Mucho menos a dejarlos fluir libremente y actuar en consecuencia delante de sus familias. La directora Rita Azevedo Gomes puede jactarse de haber inventado una forma acorde al estado de ánimo de esos chicos. Las escenas de la película se suceden con un ritmo que parece surgir de la angustia discreta que aqueja a los protagonistas. Un blanco y negro poderosamente evocativo, casi desgarrador, tiñe cada plano. En cada línea de diálogo, por su parte, late la sensibilidad de un poema extraño, una disposición sentimental y psicológica que decididamente parece no pertenecer a este siglo, ni siquiera a este mundo. Para decirlo brevemente, esta historia tan “frágil como el mundo” es una anomalía, un pájaro exótico. La película se comporta con perfecta conciencia de esta condición de objeto desconocido, orgullosamente fuera de su tiempo. A su vez, la legibilidad de la narración y la belleza de los encuadres establecen una cercanía inesperada con la sensación de desasosiego que embarga a los personajes. Nuestros jóvenes amantes tienen palabras, del mismo modo que tienen amor: la chica recorre el paisaje de la campiña cada mañana cuando se dirige a la escuela y recoge las cartas que su enamorado le deja debajo de unas piedras junto a la alambrada. Un día cualquiera se decide que huirán al bosque, se prometen estar siempre juntos, sin medir las consecuencias. Solo con la delicadeza y el extrañamiento que son patrimonio de esta película singular se puede registrar el deseo imperioso de esa unión y hacer que suene así de verdadero. Ese amor es frágil como una hoja seca, y el mundo también. Azevedo Gomes filma a sus actores como si observara un fenómeno meteorológico que se da cada doscientos años, una rareza que parece a punto de desaparecer para siempre; o como si lo que está delante de cámara se limitara a respirar discretamente en las sombras, y hubiera que tener toda la atención y la paciencia del mundo para verlo iluminarse brevemente y poder captarlo en toda su grandeza. En los últimos tramos, los personajes se deslizan como dentro de un sueño. Las imágenes adquieren una gama de colores que parecen salidos de un bosque de leyenda, como la que el abuelo le cuenta a la chica al promediar la película. El aura  trágica de la historia consagra la pasión de los jóvenes y señala la naturaleza provisoria, dramáticamente inestable, de esas vidas que vibran bajo el peso de un sentimiento oceánico. Frágil como o mundo nos recuerda la capacidad del cine para exhibir la evidencia física de aquello para lo que nos faltan las palabras adecuadas.

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