BAFICI 2014 – Boxing Gym

BAFICI 2014 - Boxing Gym - c i n e m a r a m aBoxing Gym (Estados Unidos – 2010)

Dirección: Frederick Wiseman

por Laura Gehl

Boxing Gym abre con un plano de establecimiento: un cielo diurno y un paneo del exterior del gimnasio donde vamos a recalar la próxima hora y media, una bocanada de aire para lo que se viene (la idea del enmarcado del día, con el plano de cierre, le corresponde al compañero David). Una vez dentro del gran galpón, el sonido ambiente se impone, majestuoso: el rebotar del puching ball contra la madera de la que cuelga, el aire que corta la pelota cielo-tierra (esa pequeña pelotita de cuero que se engancha del techo y del piso con un resorte), los golpes a la bolsa, la respiración, los pasos apurados en la batalla sin cuartel contra la sombra. No hay un ápice de sonido que no pertenezca a lo mostrado. Un gimnasio de boxeo es distinto a cualquier gimnasio, un gimnasio de boxeo es único. En ninguna otra disciplina confluyen tantos movimientos diferentes y tantos individuos. El boxeo es un deporte individual y los gimnasios lo ponen de manifiesto, veinte personas en un mismo lugar pueden hacer cada uno algo diferente. El que lo practica –ya sea por placer o profesionalmente– puede estar horas en el gimnasio, no hay horarios, muchas veces simplemente se permanece, mirando, se hacen largas pausas, se pasa el tiempo. Se calienta el cuerpo, se trabajan las manos, lo brazos, las piernas, se boxea, se charla. Boxing Gym retrata exactamente eso, el entrenamiento minucioso y disciplinado, las conversaciones que solapadamente, entre vendas que se enroscan y guantes, marcan una época y un estado de cosas en los Estados Unidos. Boxing Gym se conecta con un breve período de mi vida (un año en el que practiqué boxeo) que guardo con especial cariño; Wiseman logra que no pueda establecer alguna distancia entre lo mostrado y lo vivido, hasta ese punto manipula –en el mejor de los sentidos– mi memoria emotiva. Mientras veía la película pensaba en un cartel pegado debajo del puching ball en mi gimnasio que rezaba: “Primero se boxea con la cabeza, luego con las piernas, por último con los puños”. Pensaba en esa leyenda cada vez que Wiseman se detenía en los pies que danzaban por el ring, en la práctica hasta el cansancio del “uno-dos”, en cada charla, ahí estaban la cabeza, las piernas, los puños. Pensaba en la diversidad, cómo en un gimnasio se pueden reunir clases, sexos, saberes, tamaños, pesos, edades… ninguna de estas características se impone, en el gimnasio se convive. Contra todo preconcepto, es probable que un gimnasio de boxeo sea más pacífico que una clase de ballet y Boxing Gym también refleja esa particularidad, el deporte que hace un uso reglado de la violencia es amable y apacible en su entrenamiento, todos le enseñan a todos, todo se comparte, no importa que uno sea un aspirante a profesional y el otro una mujer que va con su hijo en un moisés, el gimnasio de boxeo es una gran comunidad. Se cuestionaba luego de la proyección dónde estaban las instituciones que el director suele retratar. Bueno, el boxeo es una institución; el gimnasio es su templo.

Este texto fue publicado en Cinemarama el 30/10/10

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