Inside Llewyn Davis: Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis)

Inside Llewyn Davis: Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis)

Año: 2013
Origen: Estados Unidos, Francia
Dirección: Joel Coen, Ethan Coen
Guión: Joel Coen, Ethan Coen
Intérpretes:  Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips, Justin Timberlake
Edición: Joel Coen, Ethan Coen
Fotografía: Bruno Delbonnel
Duración: 105 minutos

por Diego Maté

Cuento de invierno. Como en todas las buenas películas de los Coen (no son tantas), en Inside Llewyn Davis: Balada de un hombre común hay una tensión, una resistencia por parte de sus protagonistas que luchan para no ser arrastrados por la corriente de miserabilidad y cinismo que los rodea desde el guión. Llewyn Davis, cantante de folk que actúa por monedas y duerme en sillones de amigos, debe pelear menos contra los rigores que le impone Nueva York que contra las notas exageradas de maldad que los directores colocan aquí y allá: no es casual que la película comience con el protagonista siendo golpeado sorpresivamente en un callejón por un desconocido; la escena, que sigue inmediatamente a un número impecable de Davis, es brutal y viene a certificar en qué se cifra el estilo de los directores de Fargo: en la crueldad pura y dura con la que castigan a sus criaturas, a veces mediante una violencia explícita, como en el callejón, a veces a través del montaje, como al final de Temple de acero en el que se le depara un destino funesto a una protagonista que en su juventud desbordaba una energía que los directores, probablemente incómodos con tanta vitalidad, tenían que apagar de alguna forma.

Acá, los Coen parecen un poco más contenidos que de costumbre: los toques malignos propios de su cine se dosifican y atemperan hasta el punto de que la historia fluye por sí sola y no necesitan llamar la atención con alguna irrupción desmedida. En esos largos tramos de relativa calma narrativa, los directores demuestran un talento notable para la iluminación y el encuadre: la fotografía gris y azulada acompasada por un cielo siempre nublado le brindan el marco perfecto al relato de Davis y sus derivas urbanas en busca de trabajo o simplemente de un lugar para dormir. Los Coen también aprovechan al máximo a Oscar Isaac: sus gestos breves, casi imperceptibles, que transmiten un hondo desencanto y una desesperación apenas asordinada, colman la imagen y le imprimen a la historia una carga emotiva en negativo, que detrás de cada sentimiento ocultado deja adivinar una vida emocional intensa.

Sin embargo, como para no perder la costumbre, Inside Llewyn Davis no escatima en golpes desleales y retratos patéticos. La información arrojada al pasar de un aborto nunca concretado es otro de esos latigazos con los que los directores laceran a sus personajes desde la seguridad y la arbitrariedad del off, y la manera en que se describe a la pareja Gorfein, como si los dos fueran tontos, casi estúpidos pero con la astucia suficiente como para invitar a Davis a comer y de paso exhibirlo ante sus amistades como una rareza del Village (“nuestro amigo cantante de folk”, así lo presentan), demuestra una vez más que la tan mentada misantropía de los Coen la mayoría de las veces es solo una maldad simplona que intenta arrogarse el ánimo corrosivo de la sátira, pero que no deja de ser simple y pura vileza dirigida contra sus protagonistas.

Por otra parte, la aparición del personaje de John Goodman no funciona: como si el guión quisiera apropiarse por un momento del tono de Barton Fink, la narración se enrarece forzadamente y el viaje no tiene nada que ver con el resto de la historia. Pero más allá de los errores y de la crueldad característica de los directores (que por alguna extraña razón todavía les granjea adeptos y elogios), tanto la interpretación extraordinaria de Isaac como los espacios en los que Davis se mueve resultan fascinantes, desbordan energía y movimiento y ambición suficientes como para no ser subsumidos bajo los tics malignos de los Coen. La historia respira la angustia de los personajes y entre ellos se tejen unos inesperados lazos de solidaridad completamente ajenos al universo de los realizadores: desde la rutina aparentemente común de dormir en el sillón de otros hasta la amabilidad de los conductores que llevan sin dudar a los que hacen dedo en la ruta. Esa solidaridad es uno de los pilares del universo que levanta la película: la precariedad total que signa la vida de los personajes, incluso la de aquellos que parecen acompañados por el éxito, es acentuada y señalada por esa economía de favores sobre la cual habrá de desplazarse el protagonista, siempre a punto de caer al vacío de un mundo gris y frío, donde el invierno parece ser la única estación posible.

Inside Llewyn Davis: Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis)

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10 comentarios

  1. Henry Maceta

    Creo que la violencia y la angustia que sufren los personajes de los Coen es en algunas situaciones hasta muchisimo mas leve que muchas de las cosas que nos pasan en la vida misma. Los Coen retratan la vida como un sinfin de situaciones absurdas y mas alla de las angustias que sufren sus personajes (que para mi gusto se exagera al respecto en esta y en otras notas) no dejan de ser eso, situaciones absurdas que al fin y al cabo hay que tomar con ese humor negro que tanto los caracteriza. Mi voto para esta nota no es positivo.

    marzo 14, 2014 en 2:46 am

    • No sé qué clase de vida llevará usted, Henry, pero a mí nunca me pasó que me disparen en la cara de un momento a otro (como le pasa a Brad Pitt en Quémese después de leerse) o de morirme inesperadamente de un ataque cardíaco (Steve Buscemi en El Gran Lebowski). Esas dos muertes, por nombrar solo dos, son totalmente gratuitas e innecesarias y muestran ejemplarmente el sadismo de los Coen, realizadores que sienten un desprecio incontenible por sus propios personajes. El humor negro es una cosa, pero el final de Temple de acero, por ejemplo, es miserabilísimo y no tiene ni una pizca de gracia. Igual no sé cómo serán las cosas por su barrio, quizás su realidad sea distinta a la mía, Maceta.

      saludos.

      marzo 14, 2014 en 9:56 am

      • Henry Maceta

        Mire, Maté, del disparo ya estoy mejorando y me pusieron doa stent por el tema del ataque cardíaco.
        Ahora, hablando un poc mas en serio, creo que no pasa por ser sádico, sino que en la vida real los buenos también mueren y los Coen no tienen problema en mostrarlo, ya sea con una muerte absurda como la de Brad o una dentro de todo común y posible como la de buscemi. Los tipos le escapan al cine cómodo, buscan generar sensaciones en el espectador que no sean salir de la sala con una sensación feliz de que la vida es una fiesta, como diría ricky montaner.
        Saludos y cuídese cuando sale del placard que pueden estar esperándolo para amasijarlo.

        marzo 14, 2014 en 10:57 am

      • Henry Maceta

        Para el final de temple de acero lo mismo, los finales felices hollywoodenses precisamente no los caracterizan, aunque aun no vi la original pero es muy probablr que ellos lo hayan cambiado.

        marzo 14, 2014 en 10:59 am

      • Pero es que nada en toda Temple de acero indicaba ese posible final; justamente, ese es el problema, la arbitrariedad de todo el asunto, que los tipos fuerzan un final amargo solo como otra forma más de la crueldad gratuita que tanto disfrutan. A mí me pasa justo lo contrario que a usted, Maceta: me parece que ese gesto de autoconciencia (“mirá, nosotros podemos matar a nuestros personajes cuando queramos porque no somos como Hollywood”) es infinitamente más cómodo que elaborar un buen final feliz. Se puede comparar el final pobrísimo de Temple de acero con el hermoso de Pacto de justicia, un western crepuscular de una oscuridad notable que no necesita de esa clase de resoluciones para aparentar inteligencia cinematográfica (en Pacto de justicia hay un final feliz que tiene toda la vida y la emoción que le falta a la filmografía entera de los Coen).

        Lo de la vida y el cine como su reflejo no me cierra por ningún lado, sepa disculpar.

        marzo 14, 2014 en 11:09 am

  2. Perdón que me sume pero aprecio mucho el cine de los Coen (no todo pero casi). No creo que sean sádicos para nada. Son directores que tienen un gusto particular por filmar el fracaso. En “Fargo”, que se la suele señalar como la película más sádica no lo es para nada, si recuerdan el final-final podrán darse cuenta que es un final más que esperanzador, la Sheriff que resolvió el caso se acurruca al lado de su marido y ambos tienen una conversación banal, ella lo anima, se dicen te amo y fin… la esperanza de un mundo mejor en la panza de ella, representado en el plano final de ellos mirando la tele. Las únicas películas que me parece que merecen la calificación de misántropos son “El hombre que nunca estuvo” y “A Serious Man”. Igual creo que un final feliz de un western no lo convierte automáticamente en mejor a otro que tiene un final amargo, los Coen tienen esa visión de la vida y prefieren filmar el fracaso y no el happy ending, así y todo los tienen: “El amor cuesta caro”, allí el personaje de G. Rush se redime y vuelve a trabajar como productor de TV luego de pasar un tiempo como linyera, además que Clooney y Zeta-Jones se casan, sin el lujo que se ostenta todo film. “The Hudsucker Proxy” termina con un final feliz, lo mismo “Educando a Arizona” y debe haber alguna por allí pérdida también.

    Les dejo una nota que escribí justamente hoy sobre si son misántropos o gustosos filmar los fracasos.

    http://cinematvcritik.blogspot.com.ar/2014/03/cine-debate.html#more

    Saludos

    marzo 14, 2014 en 4:08 pm

    • Henry Maceta

      Yo en ningun momento hable de ” la vida y el cine como su reflejo”, sino que dije que muchas de las situaciones de la vida son muchisimo mas crueles y terribles que lo que les hacen vivir los coen a sus personajes. Dije eso como modo de manifestar que me parece exagerada la vision que tenes acerca de la “crueldad con las que castigan a sus criaturas”. Y yo insisto en que es mas cómodo un final feliz, es mas hollywoodense y es lo que creo yo que el espectador comun espera, sin que sea algo negativo pero no tiene por que ser siempre asi.

      marzo 15, 2014 en 8:06 pm

  3. Julián

    Creo que los personajes de los Cohen siempre están condenados a sufrir el karma por algo que habrán hecho en sus vidas pasadas, jaja. A mí personalmente no me molesta que los hermanos sean tan hijos de puta (la noticia del análisis que salió mal en el final de Un Hombre Serio, y otros ejemplos que mencionaron uds.). Igualmente creo que ellos siempre intentan justificar los maltratos que sufren sus personajes con la introducción de ciertos simbolismos, señales de algo que trasciende el aquí y el ahora de la diégesis, y que no está del todo claro porque no se puede explicar. Me parece que No Country For Old Men, donde los padecimientos de los personajes son menos cínicos/absurdos que trágicos, es la mejor de su filmografía.

    marzo 16, 2014 en 11:16 am

  4. Henry: bueno, pero la crueldad a la que yo me refiero no tiene que ver con la de la vida por fuera del cine, sino que es una crueldad puramente cinematográfica, como ocurre en los ejemplos que ya nombré antes: se trata de muertes y sufrimientos arbitarios, injustificados narrativamente que, no es casualidad, muchas veces irrumpen desde el off o a través del montaje, porque en el relato no tienen razón de ser.

    José: sí, es cierto lo que decís acerca de que filman el fracaso y de que en su filmografía hay espacio para algunos momentos de calidez, pero eso no quita todo lo otro: una cosa es el fracaso como músico (y como persona, prácticamente, según lo propone la película) de Llewyn Davis, y otra cosa cuando, a la pila de problemas que tiene el tipo, se le suma de golpe y sin ninguna clase de aviso la noticia de un aborto no realizado. Ese dato no abre el conflicto principal de la película, no viene a romper un presente estable para echar a andar la narración, es solo una manera cómoda y arbitraria de golpear un poco más al protagonista. Con eso, y con los ejemplos que mencioné antes, es que digo que los tipos son crueles, no porque en sus películas haya situaciones dramáticas o violentas, sino por la manera en que los directores se acercan a sus personajes siempre para, de alguna u otra forma, torturarlos o agredirlos, como ocurre, ya que estamos, al comienzo de Inside Llewyn Davis, con una golpiza que aparece de golpe y a cuyo responsable nunca vemos, como si fuera en realidad la película la que golpea al personaje.

    Julián: es cierto que muchas veces la crueldad de los Coen trata de justificarse a sí misma. Pasa con la paliza que recibe Llewyn Davis, al final, cuando se expliquen los motivos y se haga al personaje merecedor de los golpes.

    saludos.

    marzo 16, 2014 en 1:16 pm

  5. Tino

    Los Coen son los más, el resto es toilet paper.

    marzo 18, 2014 en 4:55 pm

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