Deshora

Deshora - C I N E M A R A M AAño: 2013
Origen: Colombia, Argentina, Noruega
Dirección: Bárbara Sarasola-Day
Guión: Bárbara Sarasola-Day
Intérpretes: Luis Ziembrowski, Alejandro Buitrago, María Ucedo
Edición: Catalina Rincón
Fotografía: Lucio Bonelli
Duración: 102 minutos

por David Obarrio

La ley del deseo. Hay algo que se dice fácil y además se dice rápido: Deshora es una rareza. Por un lado pertenece de pleno derecho a una franja del cine que podríamos llamar contemporáneo, con sus imágenes depuradas, su misterio un poco trabajoso –de esa clase de misterios que se cuecen en el guión–, sus dosis bien calculadas de color local, de sordidez; su actitud de rechazo ante todo lo que huela a costumbrismo, su perfección técnica y su esmerada dirección de actores. Pero por otro lado está la auténtica fluidez de la película, la sensación de que Deshora se sobrepone, con un movimiento de nobleza nada desdeñable, a la clase de protocolo que precisamente se impone en los festivales y garantiza la circulación global del cine. Deshora va a toda velocidad hacia ese lugar elusivo del cine argentino que es la farsa del campo como territorio obligado del mal. ¿En qué consiste esa farsa? En principio, en hacer del campo un lugar plagado de imágenes que parecen destinadas a registrar acciones enigmáticas, brumosas, huidizas, difíciles de identificar. Lo primero que se ve en Deshora es un plano secuencia de alguien que avanza llevando al hombro una hojas de tabaco. El siguiente plano sitúa al espectador en el escenario, más explicable, de un matrimonio en crisis (los dueños de la finca donde se cosecha el tabaco) que recibe el encargo de ocuparse de un joven pariente que, aparentemente, acaba de recibir el alta de un tratamiento psiquiátrico y no tiene con quién quedarse. La directora argentina ofrece entonces una combinatoria que no siempre anda como es debido, que por momentos se enreda y amenaza con trabar la marcha de la película: el recién llegado obra como objeto de deseo para la mujer (a la sazón, su prima, mayor que él pero tremendamente apetecible) y se constituye, al mismo tiempo, como sujeto deseante, ¿solo en relación a su prima o también hacia el marido? La película pronto se dedica a esquivar las trampas de esa idea del campo como sitio donde crece el horror para ingresar en el terreno de la fábula con tintes freudianos. El adolescente mira coger a la mujer con su marido; ella lo ve a su vez a él, reflejado en el espejo del armario, y exagera el goce (para beneficio de los tres). Ella sabe que él sabe que ella sabe. El marido, en tanto, le marca los puntos al chico en lo que concierne a los trabajos de la finca, lo obliga a disparar con una escopeta y lo lleva al prostíbulo del pueblo, donde se encarga de elegirle una chica. “Todavía no sos nada”, le dice cuando el chico le informa que recién está en el primer año de sus estudios de sociología ¿El marido es el único que de verdad no capta lo que parece crecer a su espaldas? No nos apresuremos. En realidad, el hombre también se da cuenta de lo que pasa. En Deshoras todos saben, y eso es justo lo que determina el tono de tragedia que la directora explora visualmente con una paleta de cielos grises, verdes desleídos, colores que parecen desvanecerse delante de nuestros ojos. Deshora representa en realidad una especie de ir y venir del deseo de posesión, donde parece no importar tanto la calidad del movimiento de la emoción de los personajes sino su peso específico, el punto ciego donde sienten que empiezan a ser “captados” por el otro a partir de la necesidad imperiosa de apropiarse de su voluntad. Bárbara Sarasola-Day expone con una calidez extraña el modo en el que la intimidad se vuelve casi inexorablemente un asunto político, que involucra la demarcación de un territorio y la manera en la que nuestro semejante se convierte en una fuerza extraterrestre, que hay que saber definir con dotes de estratega para evitar que nos aniquile. Deshora es una suerte de crónica acerca del malestar del deseo.

Deshora - C I N E M A R A M A

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