Dossier Wong – Happy Together

Dossier Wong - Happy Together - C I N E M A R A M AHappy Together (Hong Kong, Japón, Corea del Sur -1997)

Dirección: Wong Kar-wai
Guión: Wong Kar-wai
Intérpretes: Leslie Cheung, Tony Leung Chi Wai, Cheng Chang

por David Obarrio

Un campeón de la belleza. Happy Together parte de un sueño inalcanzable: filmar a Manuel Puig. Más difícil todavía, filmar The Buenos Aires Affaire. Lo que resulta al final no es un libro de Puig ni tampoco es del todo Buenos Aires. Wong Kar-wai parece descubir una forma nueva para Happy Together: la forma del desarraigo. Buenos Aires, esta vez, no es una ciudad. Tampoco es una configuración mental, un conjunto de ideas implantadas en las cabezas de los personajes y a las que se puede acudir, como a una tabla salvadora, para ver en Happy Together el fresco de una ciudad redescubierta, traída de vuelta por eso que se llama magia, la magia del cine. Buenos Aires es un abismo y los dos muchachos protagonistas se precipitan en él. Primero, cansados de verse la cara el uno al otro, van a la aventura, a las rutas que atraviesan el país donde todo es confusión, desaliento, desencuentros. Cada detalle parece conspirar contra la estabilidad o la salvación de la pareja: el idioma, la falta de recursos, la indiferencia de los nativos. Pero Wong no carga las tintas nunca. En cambio diseña situaciones lunáticas, impregnadas de una comicidad gélida propia de Beckett. En un primer momento de gloria, la cámara flota sobre el agua de las Cataratas del Iguazú que cae musicalizada con la voz de Caetano Veloso cantando Cucurrucucú paloma. En Happy Together hay escenas que suenan ridículas en los papeles pero son siempre muy hermosas. Otra, por ejemplo, es cuando Tony Leung se deja arrastrar una madrugada dentro de un taxi que se mueve en cámara lenta, mientras de fondo se oye un fragmento del Chunga’s Revenge, de Frank Zappa. Buenos Aires es en la película un territorio de ensueños tristes y de resaca, de dolor, de saudade y de hastío recorrida por los ojos llenos de codicia de un dandy del cine, que se cuida bien de camuflar sus pulsiones gangsteriles con el filo de un humor dulzón. Como si se pusiera una flor en el ojal para parecer civilizado, u ofreciera un guiño sutil que horada las tinieblas y nos hace creer, contra toda esperanza, que existe un Wong preocupado por otra cosa que no sea restregarnos sus modales de maratonista –siempre resistente, siempre primero hasta el último aliento – y dejarnos apabullados ante el espectáculo que ofrecen su empuje, su imaginación y su inventiva.

Porque en definitiva,  ¿qué es lo que nos pasa con las películas de Wong? Vemos todo y vemos mal. Es decir, se nos instala el deseo de captarlo todo, esas filigranas absurdas y espléndidas que rondan la pantalla, que van de plano en plano, o directamente los constituyen, los enhebran, los salpican, bailan delante de nuestra vista, quieren colmarnos y a la vez nos dejan ciegos. En realidad, no podemos verlo todo: el cine de Wong parece destinado a dejarnos impresiones parciales en la retina. Golpes de luz, golpes de sombra, de velocidad, de ritmo. Es un cine demasiado lleno de sí mismo, demasiado explícito en su multiplicidad de disposiciones, de oscilación y de temperatura. Un cine obsceno en su autoridad y prepotencia. Si hay un problema verdadero en las películas de Wong es el de la voluntad de belleza: una fuerza correosa, inasible, que tiende al estallido, a atiborrar el plano y a diluirse como una banalidad, porque se manifiesta demasiado temprano y está en peligro constante de echarse a perder sin remedio. Uno se ve tentado a concluir que en Wong es todo o nada: los colorinches, la cursilería sentimental, la música popular, la mezcla de estilos, la discontinuidad, la guerra de los sexos, el amour fou, el barroquismo intertextual. O, por el contrario, en sus momentos menos afortunados, la seriedad, la belleza estéril, las piruetas baratas de circo con las que se pretende enmascarar el vacío de sus planteos, sus ínfulas de naturaleza trascendentalista. Pero bien mirado se advierte que hay a menudo en su cine una zona de compromiso: el género en manos del esteta, que no cree del todo en los géneros pero surfea sobre ellos, siempre con la atención puesta en su misión evangelizadora en la que el plano es un lienzo que se llena con colores, con manchas, con reflexiones abruptas, con epigramas que simulan ser los de un pensador del cine pero en cambio son el lamento ensimismado de un cineasta sentimental. Happy Together puede ser vista como una comedia romántica en versión Wong. Es decir, en versión descorazonadora. Una perversión de comedia donde el llanto suplanta la risa y el desencanto, al final, se apodera del mundo.

Dossier Wong - Happy Together - C I N E M A R A M A

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2 comentarios

  1. dvd

    Excelente comentario sobre una excelente película. Hermosa y brutal película; la que más me gusta de Wong Kar Wai desde luego, y en ningún modo soy un fanático de su cine, no lo he sido nunca, pero esta película me parece hermosísima…

    septiembre 30, 2013 en 1:43 pm

    • Me pasa lo mismo: no soy un fanático de Wong y Happy Together es su película que más me gusta.
      Gracias por lo que me toca.

      septiembre 30, 2013 en 2:20 pm

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