Ne change rien

Ne change rien  - C I N E M A R A M AAño: 2009
Origen: Portugal, Francia
Dirección: Pedro Costa
Protagonistas: Jeanne Balibar, Rodolphe Burger, Hervé Loos, Arnaud Dieterlen
Edición: Patricia Saramago
Fotografía: Pedro Costa
Música: Pierre Alferi, Rodolphe Burger, Jacques Offenbach
Duración: 100 minutos

Ne change rien se proyecta en el Malba los sábados de septiembre a las 18:00

por Aníbal Perotti

Fuera de campo, fuera de tiempo.  Ne change rien comienza con un recital de la actriz y cantante Jeanne Balibar acompañada por su cómplice musical Rodolphe Burger. La imagen es oscura, nebulosa, irreal. La intérprete y sus músicos forman un bloque de luces y sonidos extraños, una constelación artificial, de otro mundo. El rostro de Jeanne está al borde de ser devorado por las tinieblas, desafiando la necesidad de tener un mínimo de luz para que algo exista en la pantalla. El cineasta extrae de las sombras, los brillos y los reflejos todo el esplendor del mundo que retrata. El cine de Pedro Costa propone un retorno a los orígenes de la mirada.

El director se aventura en un territorio distinto al de la Lisboa pobre de sus películas precedentes pero continúa siendo visceralmente fiel a su estética de la precariedad. Esta exploración sobre el trabajo artístico remite a la que les dedicara a los cineastas Straub y Huillet en la sala de montaje y lo acerca al mejor Garrel de los años setenta filmando a Nico. Ne change rien es una película de acordes que se ensayan, se buscan, se entremezclan y finalmente se ofrecen en el escenario. Pedro Costa capta la presencia pura de la cantante que permanece inmutable en el blanco y negro sublime de la imagen y es a su vez una caja de resonancia de las palabras que reverberan en torno a ella.

Cada plano es una lucha formal que deja entrever las conquistas de territorio. En el combate permanente entre la luz y la oscuridad, los rayos difusos de los proyectores se mezclan con una nube de humo de cigarrillos en torno a la cantante. El luminoso plano final resuena como un eco de la vertiginosa zambullida en el negro absoluto del comienzo. El cineasta le otorga a los objetos la misma importancia que a las personas: una botella de agua en primer plano se contagia de la cadencia que produce la guitarra con su balanceo; el micrófono de registro, firme en la cumbre de su soporte, tiene un lugar privilegiado en el encuadre como la voz de Balibar que parece provenir del centro de la imagen y estallar hacia los extremos.

La protagonista está en el centro de la escena en pleno ejercicio de canto lírico con la profesora fuera de campo. La exigencia se mide por el sello de su voz y el vocabulario riguroso. Las reacciones de la cantante generan una especie de fuerza cómica mientras que los signos de irritación repetidos dan prueba del increíble esfuerzo físico que requiere el canto. El rostro se crispa, luego se afloja y un aire circula por la garganta. La iluminación es frágil, la voz vacilante. La película trasciende al documento, cada plano tiene su apogeo y sus variaciones. Jeanne Balibar se convierte en un personaje de ficción, un espectro, la mujer deseada y la dama temida. El cineasta crea un espacio fuera de tiempo, un reino del crepúsculo, un paréntesis encantado.

Ne change rien  - C I N E M A R A M A

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