Dossier Almodóvar – La flor de mi secreto

Dossier Almodóvar - La flor de mi secreto - C I N E M A R A M ALa flor de mi secreto (España – 1995)

Dirección: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar
Intérpretes: Marisa Paredes, Imanol Arias, Chus Lampreave, Rossy de Palma, Juan Echanove

por Micaela Gorojovsky

Dolor y vida. En La flor de mi secreto, Almodóvar traza una metáfora entre el bloqueo creativo de una exitosa escritora y su vida sentimental. Leo escribe, bajo el pseudónimo de Amanda Gris, edulcoradas novelas románticas, hasta que un día siente que ya no puede apegarse a ese género tan idealista como irreal y, en su lugar, escribe una historia trágica que ella considera un reflejo fiel de las contradicciones de la vida. Esta situación sirve para contraponer lo que es verdadero frente a aquello que es falso, siendo ese el trayecto que recorre la protagonista durante todo el largometraje; que Leo reconozca que sus pasadas novelas son una mentira cuando escribe algo que ella vive como sincero funciona como un aviso de que deberá enfrentarse, ya no en la ficción sino en su vida personal, a una realidad que pretendió ignorar durante mucho tiempo: el fin de su matrimonio. Melodramático como de costumbre, Almodóvar abandonará a la protagonista sufriendo por un amor no correspondido y, por supuesto, vendrán las escenas que tratarán de transmitir la situación opresiva que atraviesa la pareja. Para esto, el director manchego presenta una infinidad de lugares comunes, como la secuencia con la que empieza la película, en la que ya se sugiere el sinuoso límite entre el amor desaforado y la locura, coronándola con esos botines que Leo no puede sacarse como un símbolo de la sumisión que le genera su relación con Paco. La insistencia de ubicar a los personajes contemplando el exterior a través de las ventanas es otro recurso del melodrama clásico que Almodóvar usa, y lo mismo sucede con los reflejos, como en la secuencia del breve encuentro entre Leo y su marido, cuando la cámara encuadra una pared repleta de pequeños espejos en los que se fragmenta el abrazo de los personajes quienes —ya a esta altura queda bastante claro— van a separarse.  Y como no podía ser de otra manera, el clímax del conflicto se resuelve en las escaleras de la casa que ambos solían compartir, cuando Paco finalmente decide abandonar a Leo.

Como vaca sin cencerro. Sin embargo, frente a tanta almodovariana obviedad, en esta película aparece algo casi inédito en su filmografía. La escena en la que la madre de Leo —una impagable Chus Lampreave— le dice: “cuando una mujer se queda sola, porque se le muere el marido, o porque se va con otra, que para el caso es lo mismo, se queda como vaca sin cencerro”, opera como el puntapié inicial para ingresar en uno de los últimos grandes temas de la poética de este director que es el de volver al pueblo natal, algo que sólo aparecía sugerido en la historia de dos personajes secundarios en ¿Qué hecho yo para merecer esto?, y que se explota plenamente con Volver. Gran parte de los personajes de sus películas suelen estar, por un motivo u otro, desorientados o sin rumbo, y, frente a ese vacío, el hecho de volver a las raíces se ofrece como un oasis o una tregua para la psicología de esos seres tan barrocos y perturbados que suele ofrecernos Almodóvar con su cine. Pero no es sólo un regreso al pueblo, sino un volver a comenzar desde cero, un punto de inflexión en sus vidas, como sucede con los amantes de ¡Átame!, que dejan de lado su encuentro forzoso para iniciar un romance, o con el personaje de Vicente en La piel que habito que vuelve, luego de todas las peripecias que soportó, al negocio de ropa de su madre, es decir, a su antigua vida. Así, el director parece entablar una conversación entre todas sus películas y, por momentos, da la sensación de que unas plantean preguntas que luego responderán otras. Lo mismo se percibe desde un aspecto de la producción relacionado con la selección del casting, ya que la decisión de trabajar siempre con los mismos actores permite jugar con el cambio de sus roles de una película a otra: Marisa Paredes es una madre egoísta en Tacones Lejanos, mientras que en su anteúltimo largometraje se convierte en una madre abnegada.

La danza de la realidad. A lo largo de su filmografía, Almodóvar va intercalando el segmento que convocaba el mundo de la música melódica con la danza. Generalmente, lo que se busca con el uso de la música es que la letra evoque el tema central de las escenas, y con las secuencias de baile se persigue el mismo efecto. La primera coreografía aparece, aunque con un peso argumental nulo, en Tacones Lejanos, cuando las presidiarias bailan en el patio de la cárcel al son de un frenético merengue. Pero ya en La flor de mi secreto el baile flamenco parecería resumir o ilustrar el clima general de la película por el uso de la luz, el vestuario y el tipo de marcaciones coreográficas. Algo similar sucede en Hable con ella, donde el director incorpora fragmentos de la obra Café Müller de Pina Bausch, recurso que subraya la importancia del universo femenino, uno de los temas centrales en esta película.

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