Antes de la medianoche (Before Midnight)

Antes de la medianoche (Before Midnight) - C I N E M A R A M AAño: 2013
Origen: Estados Unidos
Dirección: Richard Linklater
Guión: Richard Linklater, Julie Delpy, Ethan Hawke
Intérpretes: Ethan Hawke, Julie Delpy, Seamus Davey Fitzpatrick, Jennifer Prior
Edición: Sandra Adair
Fotografía: Christos Voudouris
Música: Graham Reynolds
Duración: 108 minutos

por Diego Maté

Esto no es una película. Con gemelas, un hijo adolescente de otro matrimonio y la familia de viaje por Grecia, Celine y Jesse parecen haber crecido mucho, pero cuando surgen las discusiones y afloran los conflictos, demuestran que siguen más o menos igual que siempre, solo que con más años encima. Puede llamar la atención pero a la vez sentirse refrescante verlos enfrascados en los mismos debates que en la segunda película ya resultaban gastados y sin resolución posible: que los hombres y las mujeres, que el amor, que el sexo, que la vida, que los hijos, que la familia, que las injusticias. En todo caso, los temas nunca fueron muy importantes, lo interesante era verlos a ellos reaccionar, batirse por una causa, en pleno acto de defender una posición o de abandonarla oportunamente. En ese reparto de creencias y gustos, Jesse siempre salió ganando y Celine continúa en desventaja: las dos décadas transcurridas desde que la conocimos solo le sirvieron para apenas robustecer su discurso políticamente correcto acerca de la ecología y la opresión masculina. De hecho, esa postura feminista de una chica francesa de clase media que fue a la universidad son los que, sobre el final, terminan desgarrando el tejido casi perfecto que había sabido elaborar Linklater hasta el momento. Acostados en la cama de un hotel, sin el peso de cuidar a sus hijos y a punto de tener una noche de sexo, ambos discuten por una pavada, Celine empieza con su discurso ensayado acerca de los males de la sociedad patriarcal y, contra cualquier pronóstico, arruina la velada. Jesse la soporta lo mejor que puede, pero no hay nada que pueda calmar la furia de ella o su perorata inacabable sobre la desigualdad de género. El conflicto crece pero la distribución de culpas que realiza la película nunca se balancea; Celine es la verdadera iniciadora de la discusión y la que la lleva hasta un pico de tensión insoportable. Jesse, salvo por una revelación poco feliz (equilibrada rápidamente por otra de Celine), es el que mejor sale parado sale de la contienda, y no se comprende del todo qué busca la película cuando genera la pelea. Los debates interminables en torno al sentido de la vida o a la posibilidad de encontrar el verdadero amor son muy divertidos y hasta interesantes cuando ninguno de los dos se cree demasiado lo que está diciendo, como ocurre al comienzo en la comida al aire libre: cualquier intento de seriedad se diluye en el clima festivo general y en las referencias permanentes al tamaño del pito. Pero en la escena final el humor desaparece, la amargura se instala enseguida y la película, que le había permitido a sus personajes existir en el espacio abierto por unos largos y exquisitos planos secuencia (verdadera firma de Linklater que le imprime una estética única a la trilogía), ahora tiene que recurrir a un montaje que traduce una cierta debilidad frente a la escena, y que recuerda más a un trabajo menor del director que también transcurría en un lugar cerrado como Tape, en oposición a los grandes espacios naturales de las dos películas anteriores.

Después de un comienzo prometedor y mientras dura el buen humor, la complicidad o las cargadas, Antes de la medianoche es capaz de sostener  el nivel de sus antecesoras. Pero el final exhibe una monumental falta de compromiso con la historia: todas las miserias de Celine y de Jesse surgen de golpe, como si la película estuviera obligada a producir un gran conflicto para justificar su visión realista de la pareja moderna. Es decir, hace falta mostrarlos peleando, con sueños frustrados y pasados tristes, porque así es como debería verse una pareja real que no pertenece al universo reglado de las comedias románticas. La discusión que desata el caos se siente forzada, y los protagonistas arruinan imprevistamente la noche que habían planeado para ellos sus nuevos amigos griegos justo cuando empezaban a pasarla bien. Un plano condensa la falta de pulso del director, es el de Julie Delpy atendiendo el teléfono en tetas: ella tiene el vestido bajo y tranquilamente podría subírselo, pero el tiempo que dura el momento (el llamado y la charla posterior) Celine permanece así, quizás porque, pareciera decirnos a los gritos la película, esa es la manera en que se comportan dos personas que están a punto de coger y que son interrumpidos. En Disparen sobre el pianista, Charles Aznavour, acostado al lado de una chica desnuda, explica: “en una película sería así”, mientras le sube la sábana hasta taparle el pecho. Truffaut, además de ser el inventor  de las películas que continuaban una misma historia en tiempo real con la saga de Antoine Doinel, se estaba riendo del pudor de las convenciones cinematográficas. Linklater, en cambio, en la escena de Antes de la medianoche está buscando que la suya no parezca una “película”; el director aspira al realismo, por eso deja medio desnuda a su actriz mientras habla por teléfono en un plano largo y distante, para que se note esa desnudez exageradamente casual, para que a nadie se le escape la imagen nada seductora de sus tetas en la posición poco agraciada de atender un llamado y que se comprenda el sentido de ese plano.

La pelea final, que hasta amenaza con convertirse en la última de la pareja, parece tratar de abrir una fisura para que salgan a la luz los conflictos, los reproches callados, los anhelos a los que renunciaron por el otro. Después de una primera parte vital y en constante movimiento, rica en comidas, debates juguetones y largos paseos por lugares subyugantes, la pareja se recluye en una pequeña habitación de hotel y da rienda suelta a sus peores vicios. Linklater podría haber consumado una de las mejores películas románticas de todos los tiempos si no hubiera cedido ante la tentación de la sordidez, de la exhibición de las miserias íntimas; si solo se hubiera atrevido a conservar el ritmo y el tono luminoso anteriores de principio a fin.

Antes de la medianoche (Before Midnight) - C I N E M A R A M A

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6 comentarios

  1. Anibal

    Gran texto, Diego! Está muy buena la separación que haces entre las dos partes de la película y cómo va cayendo junto con la puesta en escena (mucho plano y contraplano perezoso). Creo que se puede hacer un recorrido parecido con las referencias cinéfilas. En la primera parte podrían ser El rayo verde de Rohmer o Te querré por siempre. Me parece que justamente cuando mencionan de manera un tanto grosera a la película de Rossellini, todo se empieza a derrumbar. La última parte remite a Escenas de la vida conyugal de Bergman pero con diálogos demasiado explícitos de pareja en crisis (sumado al desnudo forzado de Delpy – gran observación!) . En todos los casos, la película de Linklater queda muy lejos de sus modelos. A mí me resultó una gran decepción, sin la inspiración ni la gracia de las dos anteriores.

    junio 28, 2013 en 11:08 am

  2. roberto

    Felicitaciones por tu comentario, por la valentía de no seguir la corriente de aplaudir inexorable, ineludible e inexplicablemente una película que no es tal, que es teatro leído, buenas actuaciones y más literatura que Cine. Enseguida aburre escucharlos como si dijeran las grandes verdades de la vida y hubieran descubierto el agujero del queso. Lo curioso es el inquietante aplauso de una masa de críticos que siempre aplaude la idea de que los diálogos en Cine deben quedar relegados a cuando las cosas no se pueden “decir” de otra forma. No hay aquí lenguaje audiovisual, nada se sugiere, todo se dice, y a nadie le importa la suerte o desgracia de esa pareja. Salute!.

    junio 28, 2013 en 12:09 pm

  3. Gracias a ambos.

    Aníbal: comparto lo que decís de las referencias, en particular lo del uso poco interesante que se hace de la escena de Te querré siempre, donde lo que impresiona es justamente lo misterioso de la imagen que arma Rosellini, la imposibilidad de leer un sentido unívoco. No había pensado en la de Bergman, pero como Escenas de la vida conyugal no me gusta mucho, en todo caso, ahora pienso que la referencia cinéfila ahí estaría en sintonía con el declive final.

    saludos.

    junio 28, 2013 en 9:57 pm

  4. Johanna

    A mi me gusto mucho más que las otras dos.
    El amor en su forma mas real.

    julio 1, 2013 en 12:42 am

  5. Coincido con Johana en que esta tercera parte es la mejor de la serie.

    julio 1, 2013 en 10:59 am

  6. ¿Qué es el “amor en su forma más real”? Me cuesta creer el consenso que tuvo este parloteo interminable (y cuento solo a esta tercera parte).

    julio 9, 2013 en 8:55 pm

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