Dossier Almodóvar – Entre tinieblas

Dossier Alomdóvar - Entre tinieblas - C I N E M A R A M AEntre tinieblas (España – 1983)

Dirección: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar
Intérpretes: Cristina Sánchez Pascual, Julieta Serrano, Marisa Paredes, Carmen Maura, Chus Lampreave

por Diego Maté

Abismos de pasión. Se equivocan los que ven en Entre tinieblas una crítica rabiosa a la Iglesia, porque el convento de las “Redentoras humilladas”, con todos sus excesos y nombres delirantes (están, por ejemplo, Sor Rata de Callejón y Sor Perdida), funciona menos como una denuncia que como un proyecto de utopía: después de todo, la vida allí es una especie de oasis institucional cuyo futuro se ve amenazado por la autoridad de una severa Madre Superiora que llega para instalar de nuevo el orden. A Almodóvar no le interesa usar a sus personajes como vehículos de una sátira previsible; sus monjas, con sus vicios e impulsos que van desde las drogas duras hasta la gula pasando por el masoquismo, respiran y se ganan nuestro cariño escena tras escenas, incluso a pesar de sus imperfecciones y de las pequeñas intrigas que tejen puertas adentro. Al director le importa verlas moverse y reaccionar en el espacio reducido de un convento que podría funcionar como símbolo de una España posfranquista, pero que nunca renuncia del todo a su carácter de lugar autónomo y puramente cinematográfico. Así, el tigre que cuida Sor Estiércol (y que también aparece en el afiche de la película) puede ser muchas metáforas y ninguna a la vez, como si el absurdo del mundo que produce el director se resistiera a la lectura en clave. Para desactivar esas desviaciones interpretativas, la película se sirve, entre otras cosas, de un kitch desatado que llena los planos y la trama hasta ahogar cualquier posible intento de seriedad. Así, el bolero, que puede escucharse en la radio o que se canta arriba de un escenario, es la cifra de un barroco universo popular que se ramifica hasta el folletín, la canción o las estrellas de cine. La película se apropia del sino trágico de la pasión del bolero y sella el destino de sus protagonistas, anunciado con evidencia en una traición que se consuma de manera involuntaria en un cuarto a medio iluminar y lleno de sombras. Por momentos, el convento se vuelve un pastiche que no oculta su condición, y así es que en una misma película pueden convivir un mesurado plano de la cena de las monjas (que rápidamente se rompe para poder abarcar el caos de la escena) con una escenografía que parece arrancada de un melodrama de Douglas Sirk (ver la improbable habitación en la que se queda la protagonista). Almodóvar no se burla de sus personajes sino que los inscribe en una lógica de redención distinta: cuando la policía se lleva a la rastra y descalza a la refugiada Merche (una jovencísima Cecilia Roth), la directora del convento le coloca suavemente los zapatos con tanta humildad que el gesto remeda el acto de lavar los pies. En esa ciudad enloquecida por una heroína adulterada, los hombres no son más que meros agentes de la autoridad o simples víctimas de ocasión con la sola misión de disparar la trama; en cambio, las grandes tareas como el sacrificio amoroso o la pasión más descarnada les son reservadas exclusivamente a las mujeres.

Dossier Alomdóvar - Entre tinieblas - C I N E M A R A M A

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Una respuesta

  1. Martín

    Reblogueó esto en La primavera de los pueblos.

    junio 21, 2013 en 12:21 pm

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