Dossier Hong – Tale of Cinema

Dossier Hong - Tale of Cinema - C I N E M A R A M A

Tale of Cinema (Geuk jang jeon – Corea del Sur – 2005)

Dirección: Hong Sang-soo
Guión: Hong Sang-soo
Intérpretes: Kim Sang-kyung, Lee Ki-woo, Uhm Ji-won

por Diego Maté

Esta vez es el cine el que conecta los fragmentos disímiles que suelen conformar las películas de Hong Sang-soo. El reencuentro de Sangwoon con Yongsil y su posterior intento fallido de suicidio habrá de revelarse como un film del director Yi Hyoungsu, inspirado a su vez en un hecho de la vida de Tongsu, su amigo. La primera parte propone un leve tono de comedia adolescente que es capaz de procesar en clave de humor hasta una dura escena de drama familiar; incluso el pobre resultado del suicidio funciona, por obra del montaje, como un chiste que descontractura cualquier posible remisión a una tragedia adolescente. Como en otras ocasiones, Hong no trata de explicar a sus personajes ni de analizar sus motivos: los dos jóvenes acuerdan morir juntos sin una causa a la vista; no hay causas pero, eso sí, el azar de la ciudad conspira para empujarlos hacia su objetivo: tras dudar del plan de Yongsil, Sangwoon escapa raudo en un taxi pero los dos se dirigen, sin saberlo, al mismo lugar, lo que producirá una suerte de confirmación misteriosa, casi divina y ridícula al mismo tiempo, de la fatalidad del destino.

La segunda parte trabaja como un vidrio esmerilado por el que pasan reflejos e imágenes de la primera mitad. Hong filma escenas de manera similar, incluso en los mismos lugares (la óptica en la que se cruzan los protagonistas), y las peripecias anteriores aparecen resignificadas sin un patrón o motivo claro: el reencuentro ahora es una presentación forzada, el sexo se consuma con éxito, la propuesta suicida no es aceptada. En realidad, Hong ensaya otro recorrido por el que parece ser su tema preferido: las variaciones. Como un músico del período clásico, el director coreano sabe que los temas ya fueron todos contados y que el cine actual (quizás todo el cine, quizás todo el arte) no es otra cosa que un eterno ejercicio de copia y reformulación. Esta vez, es la máquina cinematográfica la que media entre las dos mitades, y la figura de un cineasta moribundo que agoniza solo en una cama de hospital podría constituir una suerte de manifiesto artístico: para Hong, un director de cine es un creador condenado, un operador menos parecido a un genio inspirado que a un esforzado y habilidoso artesano.

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