Entrevista a Gustavo Taretto

Entrevista a Gustavo Taretto - C I N E M A R A M A

por David Obarrio y Casandra Scaroni

Un realismo de las emociones. Vimos Medianeras y nos gustó. La descubrió Casandra el día de su estreno en Buenos Aires, en el año 2011, y después me arrastró al cine a mí. Entonces escribimos acá y acá. Más tarde la vimos varias veces más: nos convertimos en una secta de dos integrantes, aunque luego resultaran ser muchos más. La película nos gustó incluso en nuestros recuerdos, como esas vivencias que alcanzan una dimensión nueva cuando las observamos bajo diferentes luces y puntos de vista. Así que nos pareció que lo más natural era ir a buscar a su director y hablar con él, rastrear alguna pistas que nos parecían pertinentes, detenernos juntos en los trazos de la película, ver de qué está hecha, en lo posible, esta rareza engañosamente sencilla llamada Medianeras. Gustavo Taretto llegó puntual al lugar convenido, un coqueto bar del barrio de Palermo, y enseguida nos pusimos a hablar.

David Obarrio: Debemos decir que nos encantó Medianeras. Incluso escribimos sobre ella, muy favorablemente. Pero tenemos entendido que no leés críticas. ¿Es verdad?

Gustavo Taretto: Es verdad, pero ¿yo dónde lo dije a eso?

Casandra Scaroni: En una entrevista.

Gustavo Taretto: En realidad el titular no es del todo cierto. Leo críticas, pero no leo las críticas de las películas que hago yo…

DO: No, claro, a eso me refería…

GT: No las leo, pero por una sencilla razón: no siento que estén escritas para mí. Entiendo que un crítico escribe para sus lectores, para los ocasionales espectadores, pero nunca para el director de la película.

DO: Sentís que no podés obtener nada de una crítica.

GT: No, no tendría ningún problema en leerla si alguien me dijera “che, te mando mi crítica de tu película”. Si me la mandan la leo. No me molestan ni estoy para nada enemistado con los críticos, ni descalifico la crítica ni nada de eso.

CS: ¿No ves la crítica como una especie de devolución de tu película?

GT: En realidad no. Y por otro lado trato de mantenerme al margen de lo que opine la crítica de mi película. Veo en otras personas que hacen cine que se vuelven un poco dependientes.

DO: Claro, hay directores que leen ávidamente las críticas de sus películas.

GT: Pero no por el hecho de que algunos se enojan con los críticos, o dicen “cómo pueden decir esto o lo otro”, sino que empiezan a pensar su siguiente proyecto en relación al lugar que ocupan en el mundo del cine según los críticos.

DO: Tu película tuvo muy buenas críticas en general. Aunque no las leas te habrá llegado de alguna manera.

GT: Sí, porque siempre hay un amigo que te dice “tal te puso como director publicitario”. Y yo nunca en mi vida hice una publicidad… Pero se ve que se empeñan en poner que soy director publicitario. Pero la verdad es que, como yo empecé a hacer cine de grande, mi vida ya la tengo hecha. Me casé, tuve hijos, tengo mi casa, profesionalmente me fue bastante bien con mi trabajo, y me reconecté con el cine (que era lo que tenía ganas de hacer cuando salí del secundario) desde un lugar de placer total. No me importó nada. No tuve ningún tipo de condicionamiento para mi película. La hice por puro placer.

DO: Tu película es muy extraña en el contexto del cine argentino, es una cosa muy fuera de lo común, eso se nota a simple vista. ¿Vos te das cuenta de eso o es una idea mía?

GT: Yo estoy acostumbrado a los procesos creativos, porque yo trabajo de eso (Taretto es creativo publicitario). Hay un punto en el que dejo que las cosas fluyan, sin pensar demasiado, para ver qué aparece. Después hay otro momento en el que me vuelvo extremadamente racional y me pongo a pensar en lo que se me va ocurriendo para organizarlo. A mí me parecía que el valor de Medianeras estaba justamente en que se trataba de una propuesta atípica. Y eso lo confirmamos inmediatamente. Cuando el guión quedó seleccionado en Rótterdam generó mucho interés. Pero mucha de la gente que se interesó en la película me decía que les encantaba el proyecto pero querían que los protagonistas se encontraran a los veinte minutos… (risas). Y eso ya hubiese sido la clásica comedia romántica. Pero no era la película que yo quería. Yo lo que pretendía era mostrar cómo una persona podía estar durante toda una película frente a otra y que solo el espectador supiera que estaban destinados el uno al otro.

DO: Al margen de la historia, de su costado anecdótico, la película formalmente es muy rara para el cine argentino reciente, es como una anomalía. Tiene un tono particular, tiene el uso de la música, que es extraordinaria y que está presente sin excepción en todas las escenas. ¿Cómo se te ocurrió específicamente trabajar los aspectos formales de la película?

GT: No te terminé de contestar la pregunta anterior. Yo quise hacer una comedia romántica que me divirtiera. A mí un montón de comedias románticas me interesaban en su planteo, pero a la media hora me aburría, me levantaba y me iba. En general lo que me pasa es que no puedo terminar de ver una comedia romántica. Por lo tanto traté de hacer mi propia versión. La que me hubiera gustado ver. De ahí quizá viene lo diferencial de Medianeras… ¿Qué me preguntaste después?

CS: Sobre la cuestión formal de la película.

GT: Ah, lo de la música.

DO: Claro, en el cine argentino, específicamente en el llamado Nuevo Cine Argentino, siempre se ha tendido a prescindir de la música, por ejemplo.

GT: Claro, eso ya lo sé. Yo, por supuesto, sé lo que hice, no es que filmé una película y después me di cuenta de cómo estaba hecha. Todas las decisiones que tomé fueron muy concientes y tenía presente qué clase de prejuicios hay sobre ciertas cosas. Como si la ausencia de música estuviera ligada a cierta idea de profundidad en una película. Lo que pasa es que como yo no intenté seducir ni a la crítica, ni a una determinada clase de público, ni masivo ni de ningún tipo, no me preocupé por esas cosas y pensé solo en lo que a mí me hubiera gustado ver. Y para mí la música en Medianeras es clave. Y tan es así eso que vos notás con respecto a la música, que la gente en el Festival de Berlín me dijo que si hubiera tenido menos música habría ido a la competencia oficial. Pero a mí eso no me importa. Por eso vuelvo a decir que hice la película en completa libertad. No me interesaba la competencia de un festival, ni que la crítica especializada pusiera a Medianeras como una de sus preferidas, ni tampoco que la denostara. Tampoco que por el aspecto visual de la película me emparentaran con la publicidad, por ejemplo.

DO: No intentabas encajar en una categoría.

GT: No, seguramente más adelante incursionaré en otros formatos, en otra tipo de película, con otro género y otra mirada. Medianeras es lo que quise hacer con el proyecto Medianeras digamos. Tampoco me preocupó que la actriz fuera española y el actor argentino y de ahí surgiera alguna especulación comercial respecto de la producción de la película para que funcionara en los dos países.

CS: Eso se nota mucho en el cariño que se ve que les tenés a los personajes, porque hay mucha gente que quizá encuentra reparos en la arbitrariedad del encuentro del final, esperan una resolución más “realista”.

GT: Claro, yo la película la construí como una fábula. El realismo me importaba solo en las emociones. Y en ese aspecto sí muchos espectadores se identificaron con una cierta angustia que la película destila, eso de vivir en una ciudad superpoblada, la angustia de no saber si uno es capaz de encontrar alguien con quien relacionarse. Eso en paralelo a un estado de alerta, de tensión social permanente con el que se vive. Lo mismo pasó con el tema de la virtualidad, que es otro cosa fundamental en la película. Ya está perfectamente asumido que nos comunicamos con mails, mensajes de texto, etc.

DO: Pero eso vos lo llevás a un extremo muy perturbador, porque el personaje de Javier Drolas padece el estado en el que vive, ¿no? Es como si lo negara, está hundido en sus taras pero es perfectamente capaz de reconocerlas.

GT: Totalmente. Por eso, salvo en ese terreno de lo emocional y psicológico, en el que la angustia se incorpora naturalmente a la vida cotidiana de los personajes, yo concebí la película como una fábula completamente artificial. Es decir, no me molestaba que el protagonista abriera una ventana y que coincidiera justo con la bragueta de un calzoncillo de un afiche publicitario… Me pasó algo gracioso con respecto a eso. ¿Vieron que siempre están esos espectadores que buscan los defectos en las películas? Alguien me dice, “vos mostrás el cartel con la altura de Santa Fe al mil cien, y después cuando se encuentran es en Santa Fe y Rodríguez Peña, que es al mil setecientos… “. Y a mí me parece raro que me digan eso pero que no se les ocurra objetar que la ventana del departamento del protagonista masculino le emboque justo a la bragueta del afiche.

DO: Para mí lo que ocurre es que vos creás una ciudad exclusivamente para la película, con su catastro, su lógica y sus leyes propias.

GT: Sí, sí, claro, yo trabajé sobre eso en forma deliberada. Por  ejemplo, en una escena en la que sacan a pasear al perro, pasan por el Teatro Colón y terminan en Plaza Catalunya… es un recorrido muy caprichoso. Pero a mí no me importaba eso, porque la película intenta precisamente sostener ese tono de fábula con la realidad de los escenarios que aparecen en pantalla –porque no se inventó nada que no estuviera en los lugares en los que filmamos, no hay nada en la película que no existiera previamente, aunque esté usado caprichosamente –y que le da, probablemente, ese carácter tan especial que mucha gente menciona.

DO: Digamos que no se parece a las comedias argentinas de los últimos años. Que en general transitan por el costumbrismo y aledaños. Vos eso lo evitás de manera contundente, en parte con el uso de ese carácter artificioso del que hablamos.

Antes mencionaste a los actores, en especial a Pilar López de Ayala, que es una actriz española que hace de porteña en la película ¿Cómo fue la elección de los actores, y de ella en particular?

GT: Lo de Pilar fue una cosa muy curiosa. Yo tenía que buscar una nueva actriz para el personaje femenino del largometraje (Medianeras fue en su origen un corto con Moro Anghileri en el papel de Mariana), porque además quería hacer un personaje diferente del que había hecho en el corto. Allí la chica y el chico eran bastante más parecidos entre sí. Ahora yo quería hacer que la chica cargara con una cuota mayor de dramatismo. Quería usar más el humor con el chico y con ella el silencio, la parte más dramática.

CS: La introspección.

GT: Exacto, la introspección. En Medianeras los dos personajes tienen pocas partes habladas, a pesar de que se los ve mucho en pantalla, él en la computadora, ella preparándose tés; son escenas en cierto modo aburridas, a priori con pocos elementos con los que un actor se pueda lucir. Yo lo que sabía es que se tenían que dejar filmar, sin texto. La película lo que hace es hablar con el espectador acerca de la vida de los personajes. A mi me gusta pensar que si la película se presentara en una sala sin espectadores, el final nunca llegaría. Es decir que para que el final se produzca yo necesito de la complicidad del espectador. Por eso tiendo a ver la película como un triángulo, una relación de a tres. El espectador sabe al minuto de empezar la película que ahí hay una pareja. Los que no lo saben son los personajes.

Respecto de Pilar, yo había visto en el Bafici La ciudad de Sylvia, la película de José Luis Guerín, en la que un personaje la persigue durante cuarenta minutos. Al margen de la habilidad como cineasta de Guerín, que hace encantador un relato tan austero, entendí que Pilar tenía un magnetismo muy fuerte. Y a la vez muy indescifrable. Uno quiere pensar muchas cosas sobre ella, pero es como que no te dejara. Esa me pareció una cualidad muy importante para el personaje de Mariana que yo quería conseguir. Sin conocerla, sin saber incluso que era un actriz reconocida en España, ganadora del Goya, etc, conseguí su dirección de mail y le escribí. Después, sin pasar por su representante ni nada, le mandé directamente el guión de la película. Ella lo leyó y me dijo enseguida que sí, sin poner ninguna condición, y que una de las cosas que más le interesaron era hacer de porteña.

DO: Nos hacía gracia que junto a tu película, hizo también la de Oliveira (El extraño caso de Angélica), donde hace de muerta toda la película…

CS: Muerta portuguesa, aparte (risas).

DO: Después la vimos en la de Raya Martín…

GT: Buenas noches, España.

DO: Claro, donde tampoco habla, porque la película es muda. O sea que estaba dispuesta a ese tipo de desafíos que vos le proponías.

GT: La verdad es que vino a la Argentina muy comprometida con el proyecto, cobrando mucho menos de lo que cobra regularmente. Más motivada por la experiencia que por otra cosa.

DO: Su acento está muy bien logrado.

GT: Sí, una cosa que me di cuenta enseguida es que tenía un oído muy musical, muy atento. Tiene un gran mérito. Javier Drolas, por otro lado, me encanta como actor. Maneja una expresividad mínima con la que es capaz de decir muchas cosas. Es masculino pero sensible, es atractivo pero no es un galán. Además tiene mucha gracia.

DO: Es muy interesante que un personaje con tantas taras le caiga tan bien al espectador, ¿no? Es muy amable la relación que establece con el espectador. Podría ser insoportable. Pero no lo es.

GT: Sí, podría ser insoportable pero resulta querible. Pilar, cuando vio la película armada, me dijo que le llamaba la atención cuánto amor que había por los personajes. Por todos.

CS: Sí, no hay ni uno del que se pueda decir que es malo, son todos amables. Incluso el personaje de Carla Peterson.

GT: Sí, porque cada uno de ellos, con sus defectos, son queribles. Yo medio pensé la película como un zoológico de seres disfuncionales (risas). En eso también fui al extremo. En el papel todos llamaban la atención de algún modo. Como el psicólogo que nada para cansarse y tiene problemas de impotencia. Están todos muy humanizados.

DO: Hay un costado conmovedor en la película que es ese carácter prácticamente adorable de los personajes.

GT: Yo a los personajes los planteé desde dos lugares distintos. Él es el que acomoda los muebles para no llevárselos por delante. En términos psicológicos sería un negador, que se inventa todo un sistema de razonamiento para no enfrentar sus problemas. Y ella es lo opuesto. Ella está en crisis, sus problemas la llenan de angustia, se reconoce torpe y miedosa en las relaciones pero aun así va al frente, con todas sus dificultades.

CS: A mí me impresiona mucho la escena de ella con el maniquí. Porque no se trata de una escena de masturbación sino que se pone en evidencia la necesidad de contacto terrible que padece.

GT: Claro, es exactamente eso. Se trata del contacto con el otro que a ella le falta.

DO: Incluso después, cuando se decide a tirar las cosas a la calle, tiene un gesto en el que medio que lo abraza al maniquí. Es sorprendente eso porque uno no podía preverlo un segundo antes, pero cuando ocurre parece perfectamente natural y lógico.

GT: Eso no estaba escrito. Se le ocurrió a Pilar en el momento. Así como a Javier se le ocurrió sacar al Astroboy de la cajita. Eso no estaba ensayado ni nada y ocurrió el último día de rodaje. Lo que pasa es que, la margen de los actores, yo trabajo siempre con el mismo equipo de gente. Y ellos tienen libertad total para aportar y sugerir cosas. De modo que todos toman decisiones en su respectiva área. Hay una infinidad de detalles en cada escena, y a veces en cada plano, que demandaron un trabajo en equipo tremendo en el que hay aportes de la vestuarista, del iluminador, del editor, de los actores. Mi equipo, creativamente, es espectacular. Yo por ejemplo no estuve presente en la edición de la película. Eso es bastante atípico. Pero le tengo tanta confianza y admiración, que sentí que no hacía falta. En ese sentido, creo que el protagonismo del director está sobredimensionado, para lo bueno y para lo malo.

CS: Sabés que tu equipo tiene tu misma visión, que harían las cosas como si las hicieras vos…

GT: O no, que tienen ideas diferentes. De hecho, la estructura de la película terminó siendo un poco distinta porque el editor con el que estuvimos trabajando durante ocho meses sugirió que entrara una nueva editora. Y la estructura que quedó al final es la de esta segunda editora que se sumó al proyecto. A la que ni siquiera le dimos el guión para que lo viera sino que trabajó sobre lo que ya teníamos. A mí me gusta mucho sorprenderme. La sorpresa es una herramienta muy motivadora. Me gusta estar alerta a ver qué pasa, qué se me ocurre o se les ocurre a los demás, y no ir a poner en fílmico lo que ya estaba escrito en el guión. De manera que los proyectos uno no termina de saber realmente cómo van a quedar. Pilar contó en una entrevista después la película que a muchas preguntas que me hacía durante el rodaje yo le contestaba “no sé”. Eso hace que la película tenga algo ambiguo, inesperado, que llama enseguida la atención. A pesar de ello, no deja de sorprenderme la intensidad de la conexión que consigue con espectadores muy diversos. Mucha gente sabe mejor que yo el orden de las escenas o algunos diálogos. Nunca esperé que tocara de esa manera la sensibilidad de la gente. Una mujer brasilera se convirtió en una fan de la película tan…

CS: Exacerbada.

GT: Sí, tan exacerbada de la película que sus hijas le regalaron ¡una ventana! Le hicieron una ventana en la cocina.

CS: Es que la película tiene un tono muy universal, a pesar de estar anclada en Buenos Aires, y que vos haya puesto el acento en la arquitectura de acá, etc, el contenido trasciende el contexto. En Francia estuvo como cuatro meses en cartel ¿no?

GT: Sí, sí. También en ese sentido se diferencia de ese tipo de películas del cine argentino, de comedia romántica con final feliz, en que se distribuyó mucho afuera. Se vio en mucho en Europa, se estrenó en Noruega, en Eslovenia. También en Vietnam… Ahora están tramitando los derechos para hacer dos remakes. Una en China y otra en Estados Unidos.

DO: ¿Qué te genera eso, la posibilidad de ver la remake de tu propia película?

GT: No, por ahora es un trámite, con lo cual no me genera ninguna expectativa.

DO: Pero después, ¿te imaginás cómo puede llegar a ser?

GT: No tengo ninguna imagen (risas).

DO: Pero a nosotros nos va a pasar, como espectadores, que busquemos defectos, que pensemos que tal cosa estaba mejor en la original. Qué cómo pusieron a ese actor. Es inevitable eso.

GT: Bueno, de las versiones americanas siempre hay que desconfiar un poco, porque por ahí hacen que los personajes se encuentren veinte minutos antes. No sé cómo lo plantearán. Por ahora eso está en veremos. Pero para mí lo interesante del detalle es que hubo gente que pensó que hay algo en la película que puede funcionar en otros lados, con otras audiencias y en su idioma propio. También estuvieron averiguando para hacerla en versión teatral. Eso también suena raro. Pero contaba todo esto como anécdota, nada más. La verdad es que no me moviliza nada (risas).

Lo que sí, a mí me gustaría volver a filmar Medianeras.

CS: ¿Ya tenés algún guión en mente?

GT: No, guión trabajado no. Sí tengo la intención de filmarla en otra ciudad y en otro formato. Más musical. No comedia musical, pero más musical que la actual. Probablemente en otro idioma, también. Veremos qué pasa.

CS: ¿Ya sabés en qué ciudad, en qué idioma?

GT: En Nueva York. Y obviamente en inglés.

DO: Ahora nos gustaría ver esa versión…

GT: No lo dramatizo mucho igual. Cuando fue el traspaso del corto al largo, yo no pensé en el corto, es como que me olvidé. Había muchos fans del corto que se sintieron defraudados con el largo. Así que las comparaciones y eso es un problema de los espectadores del que no me hago mucho cargo.

CS: Claro, los espectadores es como si se adueñaran de las películas. Es como que te la llevás. A mí me pasó que me persiguió, que se me quedó pegada la canción de Marvin Gaye, eh…

GT: Ain´t no Mountain High Enough.

CS: Sí, la tuve en mi cabeza durante semanas (risas). Algo de eso puede haber pasado con los espectadores del corto, me imagino.

GT: Sí, los espectadores se apropian de las cosas, se enojan, Me dicen por qué no puse las flechas en el largo, por qué no puse la canción de Stevie Wonder… (risas), básicamente no lo puse porque en el largo había que pagarlo, en el corto no lo pagué, pero para pagarlo me salía una fortuna.

DO: Respecto de eso, Medianeras tiene dos canciones. Cómo se te ocurrieron esas dos en particular. Porque los personajes hablan en la película de canciones, por ejemplo hay una escena entre Javier Drolas e Inés Efrón. Son canciones que te gustaban… Por ejemplo la de Daniel Johnston, que está en una escena muy importante en la película.

GT: Esa me la recomendó una amiga que es editora para otro corto que yo estaba haciendo. La escuché y me gustó mucho, me llamó mucho la atención y después me la olvidé durante un tiempo. Más tarde tuve oportunidad de ver el documental sobre Johnston que ganó en Sundance (The Devil & Daniel Johnston) y me puse a investigar bien la letra y me di cuenta de que parecía escrita para mi película. Especialmente esa línea que dice “Cómo te van a encontrar si no te parás debajo de la luz…”. Es maravillosa y aparte salía mucho más barata que la de Stevie Wonder (risas).

DO: Es muy buena esa escena.

CS: Es muy gracioso que estén escuchando (el programa de radio) Basta de todo, le da un tono muy cotidiano, eso.

GT: A veces pienso que es como un milagro que la película se sostenga con escenas tan cotidianas y a la vez tan poco costumbristas, digamos.

DO: Y eso recorre toda la película. Es una especie de tensión entre las cosas reconocibles (calles, esquinas, etc) y el tono de la película, que se evade del realismo, ¿no?

CS: El final, con ellos haciendo playback en Youtube sobre la canción de Gaye es perfecto como epílogo.

DO: Además de original, funciona muy bien para esa relación que el espectador establece con los personajes de la que hablábamos.

CS: Aparte los dos personajes pueden definitivamente dar rienda suelta a un costado lúdico que se intuía pero que estaba opacado durante toda la película. Y ahí se los ve interactuar realmente entre ellos.

GT: Claro, ahí se los ve por primera vez realmente felices. Poner eso al final fue una idea que se le ocurrió al editor y con la que todos estuvimos inmediatamente de acuerdo. Si no lo dejaba mi hija me mataba (risas).

Entrevista a Gustavo Taretto - C I N E M A R A M A

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2 comentarios

  1. Linda charla. Muy interesante la posición de G.Taretto sobre la crítica. Lo imagino hablando con uds. con la misma informalidad y sencillez con las que habló conmigo cuando lo entrevisté, les paso el link: http://espaciocine.wordpress.com/2011/09/17/gustavo-taretto/
    Saludos.

    enero 21, 2013 en 3:40 pm

  2. Me gustó mucho la peli. Me pareció una genialidad esa analogía entre las estructuras emocionales y de pensamiento de los capitalinos y la arquitectura y el diseño de la ciudad. Excelente!

    enero 25, 2013 en 6:56 pm

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