Dossier Kaurismäki – La chica de la fábrica de fósforos

La chica de la fábrica de fósforos (Tulitikkutehtaan tyttö – Finlandia – 1990)

Dirección: Aki Kaurismäki
Guión: Aki Kaurismäki
Intérpretes: Kati Outinen, Elina Salo, Esko Nikkari, Vesa Vierikko

por Aníbal Perotti

Aki Kaurismäki radicaliza la política de los autores, sus películas no se parecen al cine industrial ni al que solemos ver en los festivales. El cine de Kaurismäki se parece a Aki. Ambos poseen un delicado equilibrio entre la desesperación lacónica, un humanismo ascético y un humor cáustico imperturbable. La chica de la fábrica de fósforos lleva el estilo autoral a la perfección con su economía de gestos y palabras, su brevedad, su negativa a la dramatización y su rigor bressoniano para el tratamiento del asombroso destino de una joven a quien todo el mundo explota.

El capítulo final de su trilogía del proletariado está ambientado en un espectral suburbio de Finlandia que cobra vida con el alcohol de los bares que abren sus puertas los domingos a la mañana mientras repican las campanas de la iglesia. La chica de la fábrica de fósforos es un melodrama, un relato realista, una tragedia subversiva y un cuento de hadas, una película prácticamente muda con un material sonoro extraordinario. Kaurismäki  posee el control absoluto de su obra: es director, productor, guionista y, a partir de esta película, editor. Por otro lado, una trouppe fija de actores y colaboradores empieza a ser reconocible. Kati Outinen compone la quintaescencia del resistente kaurismäkiano; una protagonista hierática que enarbola una resistencia concreta y a la vez abstracta, filtrada por el imaginario cinéfilo, pictórico y musical del cineasta.

Los personajes de las películas de Kaurismäki suelen tener profesiones muy mecánicas, repetitivas y tristes. En este sentido, el prólogo en la fábrica de fósforos ofrece un registro documental extraordinario. Pero la joven obrera también es maltratada e ignorada por su madre y su padrastro. Su familia compensa el mutismo con el televisor, un interlocutor imaginario en una dimensión absurda pero sin embargo real. El aparato ofrece un discurso ininterrumpido cuya permanencia dicta las condiciones de la (in)comunicación moderna. La joven se relaciona luego con un arquitecto que la maneja sutilmente, la deja embarazada y librada a su suerte. A pesar de las desdichas que le proporciona la historia, Kaurismäki cree en sus personajes y los filma con amor. La película posee una incuestionable elegancia minimalista que se potencia con la dinámica de las miradas. El cineasta y su criatura parecen capaces de observar en la penumbra. La chica de la fábrica de fósforos transmite una emoción verdadera cuando la heroína enciende por primera vez un cigarrillo y planea una venganza extravagante. La escapatoria toma la forma de un encierro paradójicamente liberador de su pesadilla laboral, amorosa y familiar; un punto de fuga que con su exceso de inverosimilitud trasluce lo frágil de nuestra realidad.

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