Asghar Farhadi – A propósito de Elly

A propósito de Elly (Darbareye Elly – 2009)

por Aníbal Perotti

Week-end. Una banda de amigos treintañeros deja Teherán para pasar tres días de fin de semana cerca del Mar Caspio. Podemos reconocer fácilmente a los homólogos accidentales de los protagonistas de A propósito de Elly, que bien podrían vivir en París, Nueva York o Buenos Aires. Son jóvenes  pertenecientes a una clase media educada, alimentada tanto de la tradición y como de la modernidad (se observan iPods, una 4 x 4, celulares y diversos accesorios). La identificación está acentuada porque el guion de Farhadi se basa en un mecanismo familiar: un grupo de amigos en vacaciones es afectado por un acontecimiento imprevisto. El director deja fluir el hilo narrativo para luego bloquearlo repentinamente o hacerlo volver atrás, conservando siempre nudos invisibles y amplias opciones de interpretación.

Vivir su vida. La primera parte de la película es festiva y un poco desordenada, con una extraña proximidad física que no permite identificar del todo los nombres y las caras. Luego de algunos percances, los veraneantes alquilan una casa que está deshabitada desde hace tiempo sobre la playa. Hay tres parejas, tres niños, un hombre, y una mujer sola. Es la misteriosa Elly, una joven muy bonita que fue invitada para que conozca a Ahmad, el único hombre que no vino en pareja porque acaba de divorciarse de una mujer alemana. Pero Elly no es exactamente como todos suponen y un accidente fuerza a cada uno de los siete amigos a revelarse intentando aclarar el misterio que la rodea. Gracias al comienzo alegre y relajado, el drama sobreviene con violencia y se juega casi por completo sobre la imaginación. La asombrosa sensación de libertad desaparece bruscamente e impulsa a cada uno de los amigos a mentir para salvar las apariencias. El drama se instala con una mezcla de misterio y angustia, cada nueva revelación sólo aclara una parte de los hechos y dinamiza el relato. A propósito de Elly se transforma en una película inquietante, con una puesta en escena clásica basada en la circulación de las miradas y en una flexible armonía entre los desplazamientos de cámara y los protagonistas.

Una mujer es una mujer. En las películas de Farhadi la mujer ocupa un lugar central. La primera imagen de Sepideh, y en una menor medida la de los otros personajes femeninos, dista mucho de la sumisión a la que estamos acostumbrados. Ella es la figura dominante, una mujer segura de sí misma y seductora. Nadie la cuestiona y su matrimonio no le impide ejercer un ascendente sobre los otros hombres. Pero Sepideh es también la víctima ideal cuando el grupo se siente amenazado. Su belleza y su imaginación se convierten de pronto en la manifestación de un desajuste moral que todos se apuran a rechazar. En las metamorfosis que sufren los personajes se encuentra el verdadero suspenso de la película. Sepideh y sus amigos intentan determinar la identidad y las motivaciones de la misteriosa huésped, pero la investigación fuerza a cada uno a enfrentarse a las leyes que regulan la vida en pareja y en familia. La cuestión pasa por saber si la compasión triunfa sobre el conformismo, o si el deseo de emancipación prevalece sobre las convenciones sociales. No hay ninguna denuncia edificante que cierre la película, más bien el sabor amargo de la responsabilidad en fuga, desplazada hacia el otro, la libertad que equivale a una traición.

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Una respuesta

  1. Laura

    Anoche vi El pasado, se repite un poco pero está muy bien. Darbareye Elly sigue siendo la mejor película de Farhadi,

    marzo 29, 2014 en 3:23 am

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