Asghar Farhadi – Fireworks Wednesday

Nuestro especialista en cine europeo aprovecha el estreno de La separación para hablar de las películas anteriores del iraní Asghar Farhadi. En esta primera parte se refiere a Fireworks Wednesday.

Fireworks Wednesday (Chaharshanbe-soori – 2006)

por Aníbal Perotti

Las películas de Asghar Farhadi no encajan dentro de lo que en occidente entendemos por “cine iraní”, sino que transitan el territorio del cine moderno europeo con la crisis de pareja como tema central. En la primera secuencia de Fireworks Wednesday, Rouhi y su novio recorren en moto un camino de montaña sinuoso en los alrededores de Teherán. Lo que podría ser el comienzo de una película de Abbas Kiarostami se trastoca cuando el joven tiene que detener la moto porque el chador de la novia se enganchó en la rueda trasera. El cineasta interroga las tradiciones y desvía el relato rápidamente hacia los espacios cerrados. La acción trascurre durante los festejos del año nuevo iraní, una fiesta del fuego en la que multitudes de bengalas y petardos se encienden en las calles. Este contexto de alegría popular es el telón de fondo colectivo para un drama íntimo que se desarrolla esencialmente en interiores.

Un triángulo de cuatro. Rouhi trabaja como empleada doméstica de Modjeh y su marido Morteza. En una de las primeras escenas, la vemos cerrando todas las cortinas del departamento y retirando los plásticos que cubren los muebles. El desorden del domicilio conyugal corresponde al de la pareja en crisis. La esposa sospecha que su marido la engaña con una bella y radiante divorciada que vive en el departamento de al lado. La inteligencia del director consiste en hacer de esta sospecha el objeto de un suspenso creciente. El espectador busca la verdad junto con los personajes. Una verdad que, como los petardos, siempre está a punto de estallar. Las constantes explosiones son la materia sonora opresiva que viene del exterior y refuerza la confusión interna. Farhadi deja flotar la duda sobre la verdadera relación entre Morteza y la vecina, la cuestión moral queda fuera de campo, cruzando el palier. Rouhi es un elemento exterior enfrentado al clásico triángulo adúltero. Entre gritos, estrategias, malentendidos y puertas que se cierran, la joven se involucra de a poco como una suerte de cuarto lado del triángulo que representa también la mirada del espectador, una idea fuerte de puesta en escena que volveremos a encontrar en La separación en la figura de la niña y el anciano.

Asghar Farhadi encuentra el tono justo entre un guión bien construido y una puesta en escena elegante e irónica. Rouhi se transforma en el instrumento de los esposos que justifican su conducta perversa por la búsqueda de la verdad. Mojdeh espía a su marido por la rejilla de ventilación de un baño o escondida detrás de su velo. El temor se convierte en paranoia, mientras otros protagonistas amplían el voyeurismo ambiente desde un coche o a través de una ventana rota. La mentira se pone en evidencia mediante el comportamiento de los personajes y la duda termina por afectarlos a todos. Como una suerte de reverso del final de Te querré siempre, los personajes se disgregan inexorablemente y al unísono en medio una fiesta popular callejera con fuegos artificiales y explosiones erráticas que rasgan el velo de la noche iraní.

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