Mar del Plata recargado – 1

Como si las seis entregas de las crónicas marplatenses por cuenta de David Obarrio fueran poco, los agasajamos con dos notas más sobre la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, esta vez a cargo de Aníbal Perotti, el otro redactor de Cinemarama que nos trae noticias e impresiones sobre el cine proyectado recientemente en La Feliz.

por Aníbal Perotti

Ronda nocturna. Este año llegué a Mar del Plata con el festival en marcha y un puñado de entradas anticipadas en la mano. La combinación entre el buen tiempo y las funestas instalaciones de los Cines del Paseo hizo que no agregase más funciones al programa original. De todas maneras, y a pesar de algunos inconvenientes técnicos, pude disfrutar de grandes películas como Guilty of Romance de Sion Sono, Faust de Sokurov y Un été brulant de Garrel (de las dos últimas daremos cuenta en la próxima entrada). Esta primera parte está dedicada a la película que consolidó a Nuri Bilge Ceylan como uno de los grandes cineastas contemporáneos. David me cedió gentilmente la posibilidad de escribir sobre Once Upon a Time in Anatolia, la mejor película de mis cuatro días por el festival, para agregar unas líneas a su extraordinaria cobertura.

Fiel a la herencia del mejor cine moderno, Ceylan comienza el relato después del drama: un asesinato cuyas circunstancias se dejan conjeturar poco a poco. Durante una buena parte de la película acompañamos una suerte de caravana errante por la estepa de Anatolia, compuesta por un grupo de hombres amontonados en dos coches y escoltados por un jeep. La expedición avanza en la creciente oscuridad de un paisaje desolado en busca de un lugar vagamente definido donde el asesino enterró a su víctima. Ceylan filma toda la negrura de la noche, las escenas nocturnas en exteriores poseen algunos momentos de oscuridad total en los que las voces, las respiraciones y los claroscuros resultan inquietantes. El peregrinaje es por lo general infructuoso, la meseta se ondula sin fin, los coches se detienen en medio de ninguna parte y el viento sacude la hierba amarillenta del otoño tardío a la luz de los faros.

Entre la terrible quietud del paisaje y la multitud de observaciones sobre la vida actual en Turquía, Nuri Bilge Ceylán lleva a los cuatro personajes centrales hacia sus respectivas epifanías y deja que el espectador se haga su propia idea sobre las motivaciones y el destino del policía, el fiscal, el médico y el criminal. La intimidad de cada uno se dibuja con pequeñas notas y diálogos fragmentados que pueden ser insignificantes, como el referido al olor del yogur, o intensos cuando los protagonistas confían sus sueños desvanecidos. La búsqueda no es el nudo dramático de la película, el director se detiene sobre sus contornos: las conversaciones, el tiempo muerto, los trayectos de un lugar a otro. Once Upon a Time in Anatolia toma la forma de una deriva en la que el objeto de la investigación se diluye ante la intensidad visual y sonora de los planos, que poseen una potencia evocadora propia. La precisión del encuadre, el control de la fotografía y la disposición de los cuerpos en el espacio encuentran un notable punto de equilibrio. La película utiliza la duración de los planos con una audacia poco común. Es necesario atravesar un largo vagabundeo nocturno para descubrir el aire melancólico y algo anacrónico que genera la herida en el rostro del fiscal. O esperar que la caravana se detenga en un pueblo en medio de la noche para que surja, a la luz de una vela, un gran momento de belleza y armonía que da sentido al ascetismo de la primera parte de la película. A partir de ese instante el doctor, que al principio parecía un observador escéptico y crítico de las costumbres provincianas, se convierte en el centro. Es un personaje preso de pulsiones contradictorias, como los protagonistas de Nubes de mayo, Uzak o Climas que, poco a poco, comienza a mostrar compasión por el asesino y por la mujer de la víctima. Ceylan logra transformar un hecho horrible en una suntuosa errancia donde el espectador deambula junto a los personajes tratando de encontrar un camino entre lo verdadero y lo falso, entre lo significativo y lo que poco importa en la subyugante ronda nocturna en Anatolia.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s