El secreto de sus ojos

El secreto de sus ojos - CinemaramaAño: 2009
Origen: Argentina
Dirección: Juan José Campanella
Guión: Juan José Campanella, Eduardo Sacheri
Intérpretes: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Pablo Rago, Guillermo Francella, Javier Godino, José Luis Gioia
Fotografía: Félix Monti
Edición: Juan José Campanella
Música: Federico Jusid, Emilio Kauderer
Duración: 127 minutos

por Diego Maté

Libertades de un autor. Incluso en sus peores momentos, el cine de Campanella se distinguía por su calidad técnica y cuidada puesta en escena. Fuera de Fabián Bielinsky y Damián Sziffrón, pocos cineastas argentinos recientes dieron muestras de un manejo tan elaborado del lenguaje cinematográfico. Pero si visualmente sus películas eran impecables, en los guiones asomaban problemas que empañaban todo el producto. El director, coautor de sus guiones junto a Fernando Castets, solía apelar a un sentimentalismo y una nostalgia muy groseros que acababan por desplegar una visión del mundo chata, sin matices y rayando en reaccionaria. Sus personajes principales muchas veces eran presentados como víctimas de las circunstancias a los que no se les exigía demasiada responsabilidad por sus actos, y los culpables del fracaso eran por lo general ventajeros e inmorales hombres de negocios. Así, uno de los grandes temas del cine de Campanella era, justamente, la imposibilidad de vivir en el presente, que empujaba a sus personajes a sumirse en la añoranza de una época donde todavía se podía ser feliz. Por eso a sus personajes (en especial a los de Darín) los aquejaba siempre un malestar, un estar fuera de su tiempo que los descolocaba y hacía que todos sus esfuerzos por alcanzar sus metas fracasaran. El fracaso era el otro gran tema: el destino obligado de sus protagonistas, la derrota moral y, muchas veces, también romántica. Y siempre fracasaban, por más que ellos o el guión intentara disfrazar su caída con algún argumento pomposo: Jorge perdía a Laura y después traicionaba todas sus creencias y aspiraciones; Rafael vendía el restaurante y no conseguía el casamiento por Iglesia para sus padres; Román no podía retener el club, salvar su matrimonio ni evitar que su hijo se fuera a Europa. Cualquier alegría o esperanza repentina que pudiera surgir al final (a Román se le ocurre fundar un nuevo club, así, de golpe) sonaba increíble o inocente, cuando no directamente una mentira consciente para calmar la desesperación. Al final, lo único que quedaba en las películas de Campanella eran recuerdos: fotos (viejas o nuevas), carnets, páginas escritas, todos restos avejentados de un pasado mejor que no volvería nunca, y que, por otra parte, desnudaban la existencia absurda y cargada de penas de la vida actual. Este era el panorama campanelliano hasta la llegada de El secreto de sus ojos: un canto a la nostalgia más descarnada que en sus momentos más lúcidos hacía acordar un poco a Frank Capra, pero que muchas veces solamente era un ejercicio dramático fácil, calculado y con tufillo a reaccionario.

Ahora, hablemos del El secreto… Lo cierto es que hay muchos lugares por los que entrarle a la película: la reconstrucción de época, precisa pero austera, nunca excesiva; la atmósfera opresiva que atenaza a los personajes, y que se respira especialmente en el departamento de Benjamín; la trama policial, que ofrece pistas y pareciera hacer partícipe al espectador de la resolución del crimen, pero que en más de una ocasión desvía el camino y pone trampas, etc. Pero pensando la película en relación a la obra de Campanella en su totalidad, no deja de llamarme la atención el volantazo que pega su cine: este es su primer film que no se dedica a glorificar acríticamente el pasado y rechazar cualquier tipo de cambio o novedad, a buscar culpables para justificar a los protagonistas, y quizás a partir de este cambio se pueda explicar que El secreto… sea su película más libre de convenciones y facilismos dramáticos.

Su película más libre, dije. Primero, Campanella se permite hablar de una época muy particular de la Argentina sin abundar en referencias políticas y sociales (que las hay, pero son justas), o sea, sin ponerse a discursear sobre las posibles bondades o miserias del gobierno peronista ni sobreexplotar dramáticamente el advenimiento de la dictadura militar. Este dirigir el relato hacia los personajes y no al contexto nacional ya es de por sí un acierto: se nota la concentración y el trabajo del guión alrededor del trío protagónico compuesto por Darín, Villamil y Francella, y de paso se esquiva otro posible acercamiento demagógico y cómodo a los males sufridos por el país durante la segunda mitad de la década del 70 (que en el cine argentino están a la orden del día, parece). Libertad para no hablar de ciertos temas, o para hacerlo de manera tangencial.

Segundo, El secreto… cuenta en sus filas a un cómico cien por ciento televisivo cuyas incursiones en cine varían de torpes a directamente imbéciles: Guillermo Francella. Lo curioso (un milagro, casi) es que Francella no solo está a tono con el clima de la película sino que su personaje es el que marca como un relojito el ritmo cómico sin por eso perder densidad dramática, sacándole de encima una tarea que históricamente en el cine de Campanella (en el cine argentino, bah) siempre le correspondió a Ricardo Darín. El Sandoval de Francella es mucho más que un comic relief, cosa que puede apreciarse en muchas de sus líneas, notablemente elaboradas y de un alcance increíble dentro del universo de la película: su personaje pareciera expandirse cada vez más a medida que avanza el relato y adueñarse en parte de la historia. Libertad para romper con los estereotipos y arriesgarse: la apuesta de Francella como intérprete misterioso y abarcativo y no como el cómico pavote de la tele; Francella a cargo de un personaje centrípeto que reverbera como ninguno otro. (También hay otro cómico que hace un papel muy breve, José Luis Gioia, y como Francella, también resulta estar a la altura de las circunstancias).

Y tercero, uno de los momentos más impactantes del cine argentino reciente: el plano de la cancha. No me importa si el plano-secuencia (o plano largo, en criollo) es en realidad varios planos en uno (me comentan que el mismo Campanella lo contó por radio): los cortes casi no se notan, así que hay que evaluar al plano como se lo ve, sin empezar a buscar fallas técnicas. Tampoco me importa que haya algo de CGI: la escena, por su complejidad y desmesura, requiere sin dudas de alguna clase de retocado artificial. Y, como sucede con los cortes, el uso del CGI no salta a la vista con facilidad, así que no debería ser un argumento a la hora de juzgar el trabajo del director. Y por último, mucho menos me importa que el plano no sea funcional a la trama: de todas formas, habría que discutir en qué grado no lo es, ya que el plano está compuesto por varios segmentos claramente distintos; por ejemplo, el vuelo aéreo evidentemente no era necesario para el desarrollo de la escena, pero sí el temblor de la cancha cuando se produce el gol. En cualquier caso, es justamente por esa sensación de exceso, de “inutilidad” narrativa, que el plano se me hace tan atractivo. Pareciera que Campanella quiere filmar el plano de su vida, y el tipo va y lo filma, así, de una, casi sin preocuparse demasiado por las necesidades del guión (es intragable la sencillez con que Sandoval identifica al sospechoso en medio de una popular llena de gente -es que después hacía falta una larga persecución sin cortes, ¿vio?). Libertad para filmar sin ataduras, para hacer cine a secas, trabajando incluso dentro de una producción de corte industrial y mainstream; libertad para hacer un plano que no se ajuste a las necesidades de la historia ni de la escena, un plano caprichoso, porque sí.

Estas son tres cosas por las que El secreto… se me hace tan interesante y defendible. Hay otras, quizás más evidentes pero no por eso menos importantes, como el buen ritmo que mantiene la película incluso cuando se aleja de la trama criminal, o la velocidad y la precisión de muchos diálogos que a veces remiten al trabajo de directores del Holywood de los 40 y 50 como Howard Hawks o Preston Sturges (a los que Campanella, cineasta de oficio y fanático del cine clásico, seguro estudió en más de una ocasión). Pero lo que más me gusta es que el director pareciera estar perdiendo rigidez y probando ideas nuevas. Es fundamental, como ya dije antes, la ausencia del típico personaje campanelliano, el villano de traje y corbata que viene a borrar de un plumazo los logros conseguidos en el pasado; en El secreto… hay un par de personajes absolutamente villanescos pero estos ya no condicionan a los protagonistas y la película no los coloca como chivos expiatorios. Así, los personajes se vuelven más ricos porque asumen responsabilidades, se hacen cargo de lo que les pasa. Esto, sumado a la decisión de no meterse demasiado con los tópicos más frecuentes de la época de la historia, la inclusión un cómico televisivo como Francella y la presencia de un plano gigantesco y por momentos para nada servil a los fines de la narración, son los síntomas más evidentes del cambio de un realizador que pareciera estar haciéndose preguntas: por su cine, sus temas y su estética. Bienvenido este último Campanella.

El secreto de sus ojos - Cinemarama

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36 comentarios

  1. Muy buena reseña, Diego. Tengo muchas ganas de ver esta película por lo que señalás: cuando vi el trailer, me dije “Por fin Campanella se deshace de toda esa nostalgia barrial, de todo ese tono lacrimoso, sentimentaloide.” Cuando la vea, me paso de nuevo por acá y comento con más postura. Saludos!

    septiembre 2, 2009 en 2:06 pm

  2. Cuando vi el trailer del film de Campanella recordé, automáticamente, a Fabián Bielinsky…
    Saludos!
    EV

    septiembre 2, 2009 en 2:10 pm

  3. Cuando vi el trailer de la película de Campanella recordé, inmediatamente… a Campanella.

    septiembre 2, 2009 en 2:53 pm

    • Hmmm… a mi me faltó más llanto, más sentimentalismo desbordante, más efecto lacrimógeno, más musiquita a tono con la emoción propuesta por las imágenes. En fin, me faltaron muchas cosas como para recordar (o reconocer) a Campanella a partir del trailer de El Secreto de sus ojos.
      Pero claro, hablo del trailer y no de la película (que no vi, todavía).
      EV

      septiembre 2, 2009 en 4:16 pm

  4. Diego, una cosa que me llama la atención en tu texto es la insistencia en destacar la solvencia técnica de las películas de Campanella. Qué películas de cualquier director de renombre no están bien técnicamente desde el año 96 hasta acá, por poner una fecha? El cine de Campanella es mejor técnicamente que, por ejemplo, el de Alonso, Murga, Trapero, Caetano, Martel? (estoy nombrando a directores que me gustan y atros que no tanto).

    septiembre 3, 2009 en 10:56 am

  5. No es que el cine de Campanella sea mejor técnicamente, pero sí es cierto que sus películas se “ven” muy distintas a las de los directores que nombrás. No es una cuestión de valor sino de búsqueda personal: la referencia constante de Campanella a un cine clásico se nota mucho desde lo visual, en el armado de los planos, por ejemplo. Y el cuidado con que el tipo construye sus escenas (ver luz, encuadres, fueras de foco, paneos etc. etc.) demanda una pericia y un trabajo que no se encuentra muy seguido (casi nunca, te diría) en el cine argentino, salvo por los ya citados Sziffrón y Bielinsky, y algunas cosas de Burman (como Derecho de familia, por ahí).

    En cambio, los directores que nombraste (salvo por Caetano, quizás, y no estoy muy seguro) tienen una estética personal y mucho más ligada a la modernidad, o sea, que no se ciñen a un modo de representación en particular (como sí lo hace Campanella). Se trata, en todo caso, de diferencias, de búsquedas distintas. Hace tiempo que en el cine argentino se encuentra más “modernidad” (para decirlo de manera tosca y simplificando) que “clasicismo”, y por eso creo que, más allá de los gustos y con todos los reparos que pueda generar un cine como el de Campanella, sus películas le hacen bien al cine argentino en términos de diversidad.

    (Me parece que me fuí por las ramas).

    septiembre 3, 2009 en 11:48 am

  6. Está bien, pero entonces no me parece que esa “calidad técnica” sea algo que tenga que contabilizarse en el haber de Campanella, como si una cierta impecabilidad visual (el concepto es tuyo)hubiera contrarrestado en el pasado otros problemas de su cine.
    Por otro lado, no termino de entender por qué ese “verse distinto” respecto del cine de los directores que menciono, mejora el cine de Campanella. Creo que esta discusión la tuvimos hace ya un año, no sé si en este mismo sitio, acerca del sueño de un cine industrial argentino de calidad (no creo que sea casual tu inclusión del nombre de Zsifrón).

    septiembre 3, 2009 en 12:05 pm

  7. No sé si “contrarresta”, pero sí que siempre fue un punto fuerte de su cine y que sus películas eran muy atractivas visualmente (también narrativamente, aunque muchas veces aparecieran problemas infranqueables), y que eso le hacía bien a su cine.

    El “verse distinto” (lo dije en el comment anterior) en comparación con otros directores no es que mejore a Campanella, pero sí suma variedad, opciones y posibilidades a una cinematografía con escasas producciones industriales de valor. En ese sentido, hace falta un Campanella tanto como un Alonso.

    Y no, la inclusión de Sziffrón no tiene nada de casual.

    septiembre 3, 2009 en 1:15 pm

  8. Es que la discusión sobre la industria no tiene nada que ver con el cine. La industria del cine puede contener al cine, pero no necesariamente. Generalmente no. Así que no sé por qué, si hablamos de cine, debería imponerse ese balance (entra un Alonso, le aparece un Campanella para compensar por la otra punta). Te digo esto porque no puedo dejar de notar la felicidad que produce en la crítica el hallazgo de un “producto industrial de calidad” (como si fueran funcionarios del área. Es algo muy notable eso. El año pasado ocurrió lo mismo con Los paranoicos (que de todas maneras está a años luz por encima de El secreto), una película simpática a la que se celebraba como si se tratara de la piedra filosofal. Este año es de Campanella, parece. Que cuenta con el plus del regocijo de tono conciliatorio que implica para la crítica más exigente el hecho de reconsiderar a un director al que siempre había cuestionado.

    septiembre 4, 2009 en 12:51 pm

  9. Anibal

    Estoy de acuerdo con David.
    Creo que, aunque fueran funcionarios del área, el elogio desmedido del producto industrial de (supuesta) calidad y gran convocatoria, no es un comentario pertinente.
    La perniciosa ideología reinante nos hizo creer que la prosperidad económica del sector asegura la vitalidad cultural, cuando hay sobrados ejemplos en contrario con la participación activa de los canales de televisión en varios países de Europa.
    La acción pública debe servir prioritariamente a objetivos culturales. Si se tratase sólo de mejorar las condiciones económicas de fabricantes (productores), de los intermediarios (distribuidores) y de los comerciantes (exhibidores), el INCAA debería depender del ministerio de economía.
    Saludos,

    septiembre 4, 2009 en 1:34 pm

  10. David: El problema acá es pensar que el cine se hace en el aire. El contexto es fundamental, por eso el estado de la industria cinematográfica de un país es un factor central a tener en cuenta cuando se habla de cine. Todo lo que decís de la crítica más o menos lo comparto, pero eso no alcanza para no hablar de las condiciones en las que se filma en un país. Que la crítica le dé bola al tema industria o no es algo coyuntural y no hace al tema en sí. Por ejemplo, la industria argentina es también películas como Incorregibles y Bañeros 3, o Yo soy sola y Esperando la carroza 2, por nombrar algunas. Por eso hace falta trazar diferencias y valorar, lo mismo que en el universo del cine independiente: la última película de Javier Torre, por más “independiente” y austera que sea, no se puede poner en la misma bolsa con Lisandro Alonso.

    Por otra parte, el cine industrial trae un montón de posibilidades para filmar y contar que el cine que está por fuera de la industria muchas veces no tiene. Se trata de dos áreas bien distintas, y por eso hace falta señalar las buenas películas que surjan de cada zona. El secreto… es de lo mejor en términos de cine industrial que se pudo ver en varios meses, y por eso (si es que la película te parece buena, obvio), en tanto producto de calidad, merece ser defendida.

    Aníbal: no creo que mi elogio sea desmedido, y tampoco dudo de la calidad de El secreto… No entiendo por qué el hablar de las condiciones de producción de una película puede no ser pertinente, en eso noto el mismo problema que le comentaba a David. Y comparto lo de la acción pública, pero no veo de dónde inferís que El secreto.., o en todo caso, la producción de películas, no es un “objetivo cultural” (de qué manera se la apoyó y con qué medios, es algo que ignoro). Y ojo que yo nunca hablé de “prosperidad económica” ni nada que se el parezca, sino de una película industrial que vale la pena. Me parece que estamos mezclando un poco los tantos.

    saludos.

    septiembre 4, 2009 en 1:46 pm

  11. No estoy diciendo que no haya que hablar de las condiciones en que se filma. Eso qué tiene que ver con el insistente elogio a un “cine industrial de calidad”? Porque lo que con esa expresión se designa resulta ser un tipo de película en particular, más alla de sus condiciones de producción. Ahí está la cuestión, creo yo. Digo, si somos estrictos con los términos tendríamos que decir que las películas de Alonso también son parte de la industria del cine argentino. Y así con todas las que obtengan financiación del instituto. Esa clase de película particular a la que se alude como “producto industrial” está ligada a los géneros, a las formas más concesivas del cine (que no excluyen necesariamente repito, la calidad o el riesgo, pero generalmente sí lo hacen). Esa denominación incluye, de paso, una dosis grande de condescendencia, porque si El secreto fuera una película norteamericana nadie se estaría fijando en ella.

    septiembre 4, 2009 en 3:34 pm

  12. Sí, obvio que cuando se habla de “industrial” (en referencia al cine) se está pensando en la factura pero también en géneros, en gran público, estrellas, etc. Por eso me cuidé de separar a Campanella de Alonso; si los dos fueran “industriales”, la industria sería todo y la categoría no tendría una razón de ser. De todas formas, hay una cuestión de cantidad, de números, que no puedo precisar porque no tengo los medios, pero que tampoco es muy difícil de deducir: la cantidad de gente, de equipos, de actores conocidos, de especialistas, etc. etc, que mueve una película es muchísimo más elevada en una de Campanella que en una de Alonso, eso hace industrial a uno y no al otro ya sin importar el “contenido” de la película.

    Lo que decís sobre que generalmente estas producciones “excluyen la calidad y el riesgo” es un signo claro de por qué hay que aprovechar cuando se estrena una buena película que rompe con esa mediocridad.

    Y no sé lo de la condescendencia. Yo escribí a favor de El secreto… porque me gustó y la encontré muy buena; si hay gente que lo hace porque es una película nacional, allá ellos.

    septiembre 4, 2009 en 5:51 pm

  13. A ver, voy por partes: me gustó bastante El secreto… con algunos reparos, pero me gustó.
    Cine industrial: entiendo que se “celebre” que este tipo de cine ofrezca un producto digno, pero no me parece que se tenga que valorar por ello. No me parece que la película de Campanella tenga un plus por el hecho de ser industrial e interesante. A la industria le conviene que le vaya bien porque (se supone al menos) que si le va bien a la industria, además de las fuentes de trabajo, etc. (perdón por tanta cacofonía), eso permite que se pueda financiar otro tipo de cine, de mayor riesgo comercial. En ese sentido, poco importa que la película sea buena, de calidad o una soberana mierda, se sabe que el público en general apoya un cierto tipo de cine independientemente de la calidad que éste pueda tener, como por ejemplo “un novio para mi mujer”, película horripilante si la hay que el público apoyó masivamente, y la lista puede seguir.
    Hoy por hoy (en esto coincido con David), que una película industrial, que supone una cantidad de medios al alcance de la mano para que sea un producto digno, se “vea” bien, es una obligación (aunque concuerdo con que no siempre se da el caso)
    Entonces, ¿dónde radica el interés del Secreto…?
    Quizá me fui por las ramas

    septiembre 4, 2009 en 6:48 pm

  14. Laura: el interés radica en todo lo que menciono en el texto (que no es poco). Me parece interesante el tema de la industria, pero no deja de llamarme la atención que nadie haya dicho nada de la película en sí misma.

    septiembre 4, 2009 en 7:05 pm

  15. Bueno, se puede decir algo respecto de la película, entonces. Me pareció pésima. Pero más interesante que mi opinión puntual me parecía hacerme preguntas respecto de la bendición de la mayor parte de las críticas basada en esa idea de película industrial irreprochable que no deja de mencionarse una y otra vez.

    septiembre 4, 2009 en 10:28 pm

  16. Es que pareciera (quizá estoy interpretando mal tu texto) que el interés radica en que no se parece al resto de Campanella, que labura Francella (que tampoco se parece a Francella) y que el plano de la cancha es genial por lo libre (en lo que podemos coincidir, aunque para mí es funcional a la trama si bien no del todo verosímil -o casi nada-), entonces el tema de la industria, cine mainstream bien hecho y los etcéteras que mencionábamos antes parecieran sobrevolar toda la idea. Supongo que es por eso que la cosa derivó para este lado.

    septiembre 5, 2009 en 1:45 pm

  17. Eso que decís, sí, es cierto que está, pero también hablé de otras cosas, como la reconstrucción de época o el quiebre de la reivindicación melosa del pasado, que era algo así como la marca registrada de Campanella. O sea, el tipo rompe con algunas cosas pero también agrega otras, no se trata solamente de “no parecerse” (lo mismo va con Francella, del que hablo bastante). Y sí, lo industrial está presente, pero yo lo uso más como una referencia de contexto. Por otra parte, el tema es muy interesante, pero quería evitar la confusión que se estaba generando cuando se hablaba de la crítica en general y su posición frente a la industria, porque parecía que estaban asimilando mi texto a esa línea (con la que no comulgo para nada, salvo en un par de puntos muy superficiales).

    septiembre 5, 2009 en 2:17 pm

  18. Diego:
    No estoy de acuerdo con que las referencias someras o indirectas a la realidad política (Triple A y dictadura) sean un acierto, creo que es una forma (conciente o no, no lo sé) de desviar las culpas y culpables hacia “ellos” (el gobierno, los políticos y jueces corruptos) y dejar a salvo a los protagonistas (personas con defectos pero buenas intenciones). Es muy típico de Campanella eso: hacerle sentir al espectador (que obviamente se identifica siempre con Darín y sus amigos) que en el fondo es bueno, que no es responsable de nada y que todo puede tener un final feliz.
    Por otra parte, ¿es tan importante que Francella aparezca sin bigote y haciendo un personaje medianamente distinto? ¿y por qué tanta admiración por el plano secuencia en la cancha? Hablás de la libertad de Campanella para insertar ese plano, que vos mismo consideras “caprichoso”, pero la libertad no creo que consista en agregar algo extemporáneamente, más aún en un film de estructura clásica. Cuando Solanas hacía malabares vistosos en su cine de los ’80 le decían de todo.
    Saludos.

    septiembre 5, 2009 en 7:30 pm

  19. Fernando: lo que pasa es que la dictadura es un tema demasiado frecuente en el cine argentino y que, por desgracia, suele ser abordado desde la corrección política más aburrida y bienpensante. Además, pareciera que es un tema obligado, como si directamente estuviera mal no hablar del asunto si el relato transcurre en Argentina en los años 70. Yo creo que la decisión de Campanella es muy respetable; que un director (un narrador, un artista) puede y debe elegir de qué quiere hablar, y si hay un cineasta que cree que no tiene por qué meterse con el tema dictudura, me parece bien que no lo haga: es una decisión a contramano de muchas películas nacionales que se acercan al período de manera liviana y echando mano a lecturas políticas simplonas (de paso, el no hablar del asunto nos ahorra otro de esos casos).

    El personaje de Francella no es solamente distinto, sino que es un gran personaje, con grandes momentos y algunas líneas memorables, que se convierte en uno de los puntos más fuertes de la historia. Y me parece que el caso del cine de Solanas en los 80 no se puede comparar con el plano de El secreto.., donde no hay pomposidad ni grandilocuencia sino un despliegue cinematográfico difícil de encontrar en el cine argentino de los últimos años. Y esto es personal, pero a mí me gusta mucho ver, de vez en cuando, que algo impensado y poco utilitario a los fines de un esquema sea violentado por algún elemento excesivo o fuera de lugar, como pasa con el plano de la cancha en el contexto de una película clásica como El secreto… Acá sí, creo que son gustos.

    saludos.

    septiembre 6, 2009 en 1:08 am

  20. Diego, fijate que la película no se ambienta en la dictadura sino antes, en el año 74. Lo cual es una decisión demasiado calculada y precisa como para no hacer prácticamente nada con ella, más allá de ajudicarle la suma del mal al personaje del asesino mediante su ubicación en un contexto histórico violento (con lo que, de paso, la película busca ganar un espesor del que carece a todas luces).

    septiembre 6, 2009 en 10:50 am

  21. David: sí, por eso es que en el texto me cuido de hablar de “década del 70” y no de “dictadura”. De todas formas, en un momento hay una elipsis y sí se pasa a la época de la dictadura, que es cuando hace su aparición el personaje del asesino. Y con respecto al personaje, creo que, a diferencia de las otras películas del director donde hay malos que son responsables de las penurias de los protagonistas, en El secreto… el personaje malvado está pero la película nunca pierde de vista al trío protagónico y nunca llega a victimizarlos. O sea, que no se los justifica a partir de la inclusión del asesino, como pasaba en las anteriores con los empresarios (Fabían Arenillas) y funcionarios públicos (Daniel Fanego).

    septiembre 6, 2009 en 11:14 am

  22. Diego, con la imagen del asesino se nos muestra el accionar de la Triple A, no de la dictadura, a cierto personaje lo matan en el 75, ahí termina el “pasado” en la película. Creo que es una decisión exclusiva de Campanella hacer eso, y por eso uno tiene la impesión de que las “cuentas no dan” en términos de años.

    septiembre 6, 2009 en 1:41 pm

  23. Entonces me equivoqué yo. De todas formas, el discurso que les espeta el funcionario a Darín y Villamil habilita a pensar que la película está intentando también hablar de lo que estaba por venir. O sea, que hay algo del orden de la persecución y violencia estatal que está refiriendo directamente a la dictudara.

    septiembre 6, 2009 en 2:09 pm

  24. Estoy en desacuerdo, la persecución y violencia estatal refiere a eso, al accionar estatal parapolicial, a la violencia de época, no me parece que haga referencia a la dictadura, (que es otra cosa), de lo que se cuida especialmente Campanella, quizá, como dice Fernando, para deliberadamente esquivar el bulto.

    septiembre 7, 2009 en 1:23 am

  25. Pero no veo por qué decidir no hablar de un tema (una época, un gobierno, por más conflictivo que haya sido para la historia argentina) tiene que ser leído como “esquivar el bulto”. Lo de no contar algo es una elección tan respetable como la de hacerlo. Y dos cosas: hay que ver cómo es que funciona eso que deliberadamente se elide (en El secreto… no es un problema porque es una película que se dirige mucho más a los personajes y al relato que al contexto político y social), y también habría que saber si la novela original se metía o no con el tema (cosa que ignoro).

    septiembre 7, 2009 en 11:04 am

  26. No, no, estamos hablando de cosas parecidas pero distintas. La época: está, Campanella decide mostrarla, aunque sea sutil o tangencial, se muestra puntualmente: ¡el asesino es guardaespaldas de Isabelita! Creo que ésa es una desición puntual, terminar el pasado en el 75 y no meterse en el berengenal de la dictadura, con la que la narración no tiene demasiado que ver (pero tampoco lo tiene demasiado la violencia política, y por eso creo que ése es un punto débil de El secreto…). Por eso digo en mi comentario anterior que “quizá” es una manera de esquivar el bulto, quizá simplemente a Campanella no le interesa, quizá… puede tener varias lecturas, todas atendibles.
    Tengo entendido que de la novela se cambiaron varias cosas, la leo, y te cuento.

    septiembre 7, 2009 en 11:22 am

    • El secreto de sus ojos: le doy 5 puntos de 10.

      Como dice Laura, la época está, ni hablar. El problema es que durante gran parte del film la contextualización se nos sugiere de manera sutil hasta que, lamentablemente, el director decide integrar, mediante uno de los tantos giros en el guión (que abundan por doquier y de manera grosera llegando al desenlace), las referencias a un tiempo nefasto. Quiero decir: ¿había necesidad de hacer del asesino un personaje participante del poder de turno? ¡Esa breve escena en la que se ve al muchacho en la televisión y aquella otra dentro del ascensor! ¡Por Dios!.

      Y esos discursos de clausura entre los personajes de Rago y Darín que van y vienen entre “el olvidar” y “la justicia por mano propia” hasta llegar a la verdad definitiva (que dicho sea de paso, es una de las múltiples volteretas sorpresivas dentro de la película) son agotadores. Uno ya no sabe qué esperar a continuación (y no veo esto como una virtud).

      Por otro lado, el personaje que interpreta Francella es lo mejor del film, lejos. Un gran momento: Francella: “¿Dónde está el saco? ¿Dónde está el saco?”. Darín: “Lo tenés puesto”. El hombre está impecable y elabora sus rasgos y actitudes de manera gloriosa, realmente.

      En cuanto a la escena en la cancha: es absolutamente funcional a la trama y no la considero para nada gratuita.

      Finalmente: no encuentro un uso y abuso de cierta estética televisiva. Y menos si es por los primeros planos, sinceramente.

      Saludos!
      EV

      septiembre 7, 2009 en 11:18 pm

  27. Ezequiel: La escena del ascensor que mencionás está más para trabajar un momento crucial en el vínculo entre Darín y Villamil (es la primera vez que ella se muestra débil, y también que se refugia en él); de ahí, creo, su notorio efectismo visual.

    La escena de la cancha es funcional, lo que no termina de cuajar del todo son algunas decisiones de la puesta en escena, como el vuelo inicial por encima del estadio: innecesario e injustificado, está ahí mucho más por razones estéticas que narrativas.

    Y no me queda claro lo de las “volteretas” del guión. El diálogo final sí, es algo grueso y está un poco sobrecargado, pero no alcanzo a ver que algunos giros del guión lleguen a perjudicar a la película.

    saludos.

    septiembre 7, 2009 en 11:41 pm

  28. No coincido en lo que decís sobre la escena del ascensor. Me parece que da cuenta, con énfasis, de la nueva “fachada” adquirida por el asesino. Ese momento sirve para describir al personaje nefasto en cuestión y, además, a cierta impunidad de época. Sobre todo si tenemos en cuenta la escena que antecede al momento que mencionamos.

    Con respecto a la escena de la cancha: entiendo a qué te referís. La verdad es que el plano secuencia me pareció muy bien llevado a cabo, más allá de toda “funcionalidad” posible en términos de puesta en escena.

    Y me refiero a “volteretas” por lo siguiente: una y otra vez se observan las posibles consecuencias de ciertos actos disparados desde los distintos puntos de vista de Rago y Darín. Creo que en esos últimos minutos la película se estructura, exclusivamente, a partir de un ir y venir obsesionado en delinear diversos resultados, hasta llegar a un final que impone la sorpresa.

    Saludos!
    EV

    septiembre 8, 2009 en 1:08 am

  29. Lo que decís del asesino obvio que está, pero creo que no es para nada el centro de la escena. De nuevo, ahí veo un comentario tenue sobre la época que está ayudando a desarrollar el conflicto de los protagonistas, que conforman el verdadero interés del relato.

    Con respecto a las “posibles consecuencias” que mencionás, no hay que olvidar que el personaje de Darín es el narrador de la película, y que su personaje está planificando una novela sobre esa historia.

    septiembre 8, 2009 en 1:19 am

  30. Sigo sin coincidir con respecto a la escena del ascensor. Igual, entiendo a qué apuntás.

    Claro, Darín es el narrador. Sin embargo, Rago, en el pasaje final del film, aporta también su “versión” de la historia, provocando que el personaje de Darín vuelva al pasado y se cuestione, una y otra vez, las diversas posibilidades que maneja para, digamos, solucionar el caso.

    Saludos!
    EV

    septiembre 8, 2009 en 10:18 am

  31. Muchos argentinos tienen la cómoda costumbre de desligar todas las responsabilidades en los políticos y funcionarios. Campanella creo que aprovecha esa circunstancia intencionadamente. Tranquilizar y complacer al espectador parece ser su máximo objetivo como realizador.
    Respecto al plano secuencia en la cancha, el mejor comentario que encontré es el que escribió Oscar Cuervo (http://tallerlaotra.blogspot.com): pareciera que “por cinco minutos hubiera tomado el mando de la película Brian de Palma para devovérsela al rato a Campanella.”
    Ezequiel: los primeros planos no son exclusivos de la TV, obviamente, pero son parte de la estética televisiva, junto a las escenas fragmentadas, la música efectista, los diálogos ágiles, en busca de que el espectador no se distraiga ni se aburra, que se sobresalte, se ría y se interese al mismo tiempo. Propongo comparar “El secreto de sus ojos” con “Historias extraordinarias” o “El último verano de la boyita”, con sus planos demorados, su iluminación cálida, fluidez, encanto, frescura.

    septiembre 8, 2009 en 1:53 pm

    • El último verano de la boyita es mucho, pero mucho peor que El secreto de sus ojos. Yo diría que es incomparable… Por supuesto que es una opinión personal mía, Fernando.
      Y los primeros planos, las escenas fragmentadas, la música efectista y demás etc., forman parte tanto de la TV como del cine. El problema, por supuesto, es su uso: el “cómo” y el “para qué” del “qué”.
      Un saludo, Fernando! Y se agradece el link!
      EV

      septiembre 8, 2009 en 10:06 pm

  32. Pancrazio

    ¡Ufff! Y yo que creí que el chaqueteo y la autoflagelación eran monopolio de este lado de la cordillera. Amigos argentinos, recién ayer ví la peli de marras y he querido comentar aunque ustedes lo han hecho hace ya bastante tiempo. Debo decir que logró emocionarme, más allá de la “industria” y los “caprichos” del director. Las actuaciones son notables. Para mí Francella es Pablo Sandoval, pues ni idea que era un cómico o algo por el estilo, y como tal me parece que es un personaje querible por todos lados. Claro, puede que ustedes conozcan mejor a los actores y les cueste separarlos de la obra. Sólo había visto a Darín y siempre lo he visto bien. Disculpen mi ignorancia, pero ¿por qué dicen que Campanella “le saca el bulto” al tema de la dictadura? ¿En Argentina está catalogado en el bando de los malos?
    El plano del estadio es notable, independiente de si sirve o no a la trama. Para el producto en su totalidad es un plus, sin duda, quizás hasta un gancho para ver la película. Visualmente es atractivo y, al final, de eso se trata un poco el cine: de ver en el telón imágenes bien hechas, atractivas cinematográficamente, más allá del tema que traten.
    Es probable que el guión deje vacíos en la historia o eventos inverosímiles. Pero creo que esa es la magia del cine. Yo se los perdono. No me interesa diseccionar la obra. Prefiero ver el todo, y como tal, es 100% recomendable. Saludos.

    enero 20, 2010 en 8:17 pm

  33. Hola Pancrazio. En realidad con lo de “esquivar el bulto” Laura se refería negativamente al hecho de que Campanella no se mete con el tema de la dictadura. Yo no comparto en absoluto, creo que contar algo es una decisión tan atendible como la de no hacerlo, pero bueno, a eso se refería la frase.

    Francella es un cómico muy popular en Argentina, que por lo menos a mí no me gusta mucho. Por eso me sorprendió el personaje de Sandoval: la actuación de Francella para mí es lejos uno de los pilares de la película, casi a la par de la de Darín.

    Comparto lo que decís del plano de la cancha.

    saludos.

    enero 20, 2010 en 9:56 pm

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