Ponyo y el secreto de la sirenita (Gake no ue no Ponyo)

Ponyo y el secreto de la sirenita - CinemaramaAño: 2008
Origen: Japón
Dirección: Hayao Miyazaki
Guión: Hayao Miyazaki
Voces: Yuria Nara, Hiroki Doi, Jôji Tokoro, Tomoko Yamaguchi
Fotografía: Atsushi Okui
Edición: Hayao Miyazaki, Takeshi Seyama
Música: Joe Hisaishi
Duración: 100 minutos

por David Obarrio

Para Jime, que se encarga de la luz

Escenas en el mar. ¿Vivirán juntos Ponyo y Sosuke finalmente?¿Serán “novios” ? Así lo ha sugerido el atribulado padre de Ponyo, el mago a quien las cosas no le salen del todo bien y cuya magia, que también es poder, se muestra en verdad insuficiente para dar cuenta de la complejidad del mundo: “Encima parece que se consiguió un novio”, se queja a los vientos en un momento de máximo desasosiego en el que todo parece haberse salido de cauce. El tipo no las tiene todas consigo. Es que lejos de quedarse en una burbuja (la situación es cómicamente literal), su hija se ha aventurado por las aguas hacia la superficie, picada por la curiosidad, hasta quedar deslumbrada ante la visión de la casa en lo alto de una colina: el hogar de Sosuke, un niño de cinco o seis años que tiene un padre al que ve poco y nada, un barquito de juguete y un balde, y que debe comerse el desayuno en el auto rumbo al colegio porque si no su madre llega tarde al trabajo. Es en ese contexto en tierra firme, en ese mundo diurno aunque con borrascas (la película se inicia con unas nubes que se recortan sobre el mar) en el que lo maravilloso se realiza, pero no como discrepancia con fuerzas que se le oponen sino más bien blandamente, como si el mundo infantil (qué otra cosa podría ser el mundo según Sosuke) no fuera un escenario de contrastes irresolubles sino la posibilidad siempre abierta de la aparición del factor maravilloso en medio de lo cotidiano.

Se ha dicho hasta el cansancio, pero se puede repetir: Hayao Miyazaki es el maestro de la animación de la vieja escuela. El hombre que hace films de dibujos animados que tienen su trazo, la marca de su autoría impresa. El que muy ocasionalmente ha accedido a trabajar con computación como técnica mixta en la confección de su cine. En un curioso gesto del guión, la magia encarnada en el padre de Ponyo se representa en la película como un proceso en el que se opera directamente en contacto con la materia. El mago debe disponer trabajosamente de recipientes, pócimas, extraños artilugios que en un descuido de la mente o temblor de las manos pueden trastocarlo todo, alimenta diestramente en la boca a toda clase de criaturas marinas, dirige el movimiento de las mareas. Todo un universo parece estar a su cargo. El mago está solo, ferozmente concentrado en su tarea, aislado en el mar profundo de su ciencia: quién puede brindarle amor a un mago, cuya obsesión es el control total, el motivo de todos sus desvelos (no hay sentido lúdico alguno en esa figura de espantajo cercada por su propio poder sino un empeño enardecido, una dedicación furiosa en la que la máxima responsabilidad hace las veces del sentido de la vida. Si es que a eso se le puede llamar vida). Su hija Brunilda (luego rebautizada Ponyo por el niño), ajena al restrictivo protocolo doctoral en el que el mago se afana, espera la menor distracción de su progenitor para salir a la aventura. No sé cómo se llevará el director con su hijo Goro (que también dirigió una película para los Estudios Ghibli en los que reina su padre) pero la analogía biográfica es tentadora y podría hacer pensar en Ponyo como un leve ejercicio de expiación.

Aquella imagen mencionada más arriba se congela, al final: Ponyo, la niña que antes fue una especie de pez rojo con cara humana que huyó de su hogar, y Sosuke, el niño que supo encontrarla una vez en la orilla del mar y que ya no quiere separarse de ella. Ponyo flotando en el aire, con los brazos a los costados, Sosuke con los pies en la tierra (pero quién sabe), a punto de fundirse en un abrazo (quizás en un beso) los dos. Como ese momento eternizado lo hace explícito, en Ponyo lo extraordinario se integra en el mundo de todos los días igual que en muchas de las películas de Miyazaki. Ambos planos de la realidad no se repelen mutuamente sino que consiguen sostener sus diferencias, mirarse incluso con un asombrado regocijo a la cara en una convivencia casi sagrada en la que cada parte guarda para sí sus razones y sus porqués. Que Ponyo deba resignar sus poderes si quiere adoptar una fisonomía completamente humana y quedarse a vivir en tierra no disminuye un ápice su condición de enigma viviente salido del mar, y la lección del japonés Miyazaki tal vez consista en celebrar la vida como un mosaico de elementos heterogéneos que pueden volverse maravillosos de un momento a otro en un infinito vaivén. Ponyo es un portento surgido de un mundo ancestral de magia pero es capaz de contemplar extasiada los modestos prodigios del Japón moderno, como el agua que sale sin esfuerzo con solo accionar una canilla, la llama que brota en la hornalla o los fideos instantáneos que se materializan cocidos en el plato.

De ese modo, todo fluye en un ida y vuelta en Miyazaki, todo dolor tiende a encontrar su equilibrio y los roles más o menos preestablecidos por la costumbre o la etiqueta (o la biología, incluso) encuentran en su película una provisoria aunque liberadora impugnación. Como cuando Lisa (la madre de Sosuke) yace hecha un ovillo sobre la cama después de una rabieta originada por la ausencia de su marido, y el niño, que apenas se recupera de su aflicción por la pérdida de Ponyo se arrima a consolarla, asumiendo con graciosa entereza su papel de adulto (la precisión del director para captar los destellos de lo cotidiano es inconmensurable). Más tarde, en medio de los destrozos ocasionados por un tsunami y con Ponyo recuperada aunque ya con la fisonomía de una niña de la edad de Sosuke, la madre del chico le da a ella una linterna y le dice: “Te encargarás de la luz”. En la película, las metáforas no anulan la belleza de su enunciado sino que la reafirman, a fuerza de nunca fijar su sentido sino de expandirlo a lo largo y a lo ancho del film. Así como la casa en la colina es punto de referencia para la comunidad entera (la idea de comunidad queda establecida en el hecho de que todos se conocen por el nombre, además de que todo espacio parece compartido, ser uno la continuación natural del otro, como la escuela y el asilo de ancianos, aparentemente dos opuestos en la línea de la vida), Ponyo parece erigirse en el centro del mundo luego de la catástrofe: la figura con la luz a partir de la cual se restaura el equilibrio siempre inestable entre piezas diversas. El arte de Miyazaki podría ser el testimonio incansable que da cuenta de las misteriosas intersecciones del mundo y de la persistencia de lo maravilloso que asoma cada tanto en él.

Ponyo y el secreto de la sirenita - Cinemarama

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12 comentarios

  1. me suena al estilo anime de aquella peli…..mmmmm…… como se llamaba……. la bruja de algo….? soulheroes.com

    agosto 1, 2009 en 3:08 pm

    • Hialek

      ¿kiki la aprendiz de bruja? Si te refieres a esa película es claro, pues es del mismo estudio y director :3

      diciembre 19, 2009 en 12:11 pm

  2. Princesa Mononoke

    Dave, qué linda nota!. Me gustó mucho Ponyo y también me gusta que compartamos el amor por el cine de Miyazaki. Realmente es una pelicula llena de luz (como suelen ser las de Miya).
    Gracias por la dedicatoria de la nota (me emocionó).

    Te quiero amigo

    Jime

    agosto 1, 2009 en 7:26 pm

  3. Celebro que te hayas detenido en ése último plano, momento superior de la película junto a la escena en la que Ponyo corre sobre montañas de agua.
    Esa imagen final, además de ser bellísima, rompe con la imposibilidad que parecía estigmatizar las parejas que protagonizan las películas de Miyazaki desde La princesa Mononoke hasta ésta última.
    Lo maravilloso y lo cotidiano ahora, por fin, pueden continuar juntos.
    Abrazo.

    agosto 10, 2009 en 4:04 am

  4. “Esa imagen final, además de ser bellísima, rompe con la imposibilidad que parecía estigmatizar las parejas que protagonizan las películas de Miyazaki desde La princesa Mononoke hasta ésta última”.

    Qué buena observación, Aldo. No lo había pensado así.
    Un abrazo.

    agosto 10, 2009 en 10:59 am

  5. De todas formas, convengamos que en el desenlace del film existe una pérdida de la naturaleza maravillosa para romper ese “estigma” en cuestión.
    Después de todo, Ponyo se vuelve humana para estar junto a Sosuke. Si es que a eso se refieren, claro.

    Saludos!
    EV

    agosto 10, 2009 en 1:17 pm

  6. Exacto, Ezequiel. Esa pertenencia a un mundo particular (el maravilloso, el terrenal) era lo que se resignaban a sacrificar los personajes de aquellas películas de Miyazaki.
    En todo caso, cada uno de ellos tiene una naturaleza inmanente que los define y la de Ponyo es indudablemente maravillosa.

    Saludos!

    agosto 10, 2009 en 4:55 pm

  7. Pero igual me parece que “lo maravilloso” se pierde sólo como poder (Ponyo no podrá ya hechizar el cerco de la casa, por ejemplo), no como cualidad intrínseca. Otras cosas pueden ser igualmente maravillosas, dependiendo de quien las mire. El mundo cotidiano (terrenal, en palabras de Aldo)es pródigo en maravillas a los ojos de Ponyo.

    Ya que estoy, quiero hacer una invitación que antes se me pasó. Todo el mundo a leer el blog de Aldo, que está buenísimo.

    agosto 10, 2009 en 9:26 pm

  8. ponyo es muy bonita y si tiene magia eya tampoco es para que la esfuercen a hacer magia sola que el niño este de aqui este burro david esta seloso porque no esta en la pelicula y este niño ezequiel villaniro todos podemos ver la pelicula no solo tu icnorante y cuidecen bebi

    marzo 23, 2014 en 4:55 pm

  9. No escribe gente que simula posser capacidades diferentes pero solo es rematadamente imbécil.

    marzo 23, 2014 en 7:02 pm

  10. Nos escribe gente que simula poseer, etc, etc.

    marzo 23, 2014 en 7:03 pm

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