Lo que sé de Lola

Año: 2006
Origen: Francia, España
Dirección: Javier Rebollo
Guión: Javier Rebollo, Lola Mayo
Intérpretes: Michael Abitebul, Lola Dueñas, Carmen Machi, Lucienne Deschamps, Jacky Nercessian
Fotografía: Santiago Racaj
Edición: Angel Hernández Zoido
Duración: 112 minutos

por Aníbal Perotti

León es un joven solitario que vive con su madre postrada en un gran edificio en la periferia de París. Un buen día descubre la existencia de su hermosa vecina, la española Dolores (Lola para los íntimos), que se gana la vida gracias al porno amateur y arrastra una larga historia de desarraigo y carencias de todo tipo. León queda rápidamente cautivado por Lola pero no se atreve a actuar, prefiere primero observarla discretamente, y luego seguirla y espiarla como el más obsesivo de los mirones. Con la muerte de su madre todo se potencia; León se dedica por completo a Lola y decide intervenir en su pobre vida. La joven española le depara por fin la ocasión de ser alguien, le devuelve una razón para avanzar. León y Lola son personajes rotos y a la deriva, que funcionan como espejos que reflejan mutuamente su incomunicación. Película sobre el deseo, Lo que se de Lola propone a un héroe que parece haber trascendido las contingencias físicas para vivir por transferencia una bella historia de amor.

Filmada invariablemente en planos fijos y respondiendo siempre a un preciso punto de vista, la película retrata la rutina gris de estas dos almas solitarias prácticamente sin diálogos, ya que León funciona también como narrador a través  de las anotaciones que hace sobre Lola en su cuaderno. Tampoco hay música extradiegética, aunque la banda sonora posee una gran riqueza expresiva y está trabajada con mucha precisión para distinguir lo que está fuera y lo que está dentro, lo que podemos oír y no necesitamos ver. El riguroso encuadre apunta a cargar de sentido a las imágenes para representar el deseo.

Observar y no actuar es lo que mantiene vivo al protagonista, un personaje poco atrayente del que enseguida sentimos cierto rechazo por su vida insulsa y su carácter apático. En el comienzo, la omnipresencia de León en la vida de su vecina nos perturba, nos entrega las llaves de una intimidad que tal vez no deseamos conocer. El pathos sirve de trama continua, a medida que las páginas del cuaderno de León se ennegrecen, sin embargo, en medio de esa vida siniestra (reforzada por planos muy silenciosos) una pequeña luz emerge y revela a León como un ángel de la guarda solterón y voyeur. Finalmente terminamos contagiados por su pulsión, y a través de su mirada somos partícipes de esta pasión imposible de consumar.

Hay algo de cálculo en la cuidada composición, iluminación y puesta en escena, y de autoexigente ejercicio analítico en la sequedad y en la depurada ascesis narrativa del relato. A pesar de estos reparos, Lo que se de Lola resulta una película contemplativa y atrayente desde el momento en que, a través el personaje principal, descubrimos y nos enamoramos de Lola. Y si bien puede resultar un tanto obvio, no es menos cierto que en última instancia la película representa un elogio a la mirada cinematográfica, a la necesidad de vivir otras vidas. Finalmente los espectadores somos como León. El magnífico último plano descomprime las tensiones acumuladas y, con un claro homenaje al cine moderno y renovador de la Nouvelle Vague, cierra de la mejor forma posible esta obsesiva búsqueda.

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