Hellboy 2: el ejército dorado (Hellboy 2: the Golden Army)

Año: 2008
Origen: Estados Unidos, Alemania
Director: Guillermo Del Toro
Guión: Guillermo Del Toro
Intérpretes: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, James Dodd, Jeffrey Tambor, John Alexander
Fotografía: Guillermo Navarro
Música: Danny Elfman
Edición: Bernat Vilaplana
Duración: 118 minutos

por Diego Maté

Crecer de golpe. Unos comentarios sobre lo fantástico en las películas de Guillermo del Toro. Más allá de todas sus posibles virtudes, hay algo concreto que me interesa mucho en el cine de Guillermo del Toro, y es la mirada que tiene el mexicano de lo fantástico. Pocos realizadores tienen o tuvieron esa capacidad rara y personal que tiene del Toro para ofrecer un universo fantástico tan rico y apasionante, pero también tan oscuro y desolador. A grandes rasgos, el género fantástico (tanto en cine como en literatura) siempre tiende a la reivindicación de un mundo bucólico, benévolo, donde se puede vivir en paz y armonía con la naturaleza (la naturaleza suele ocupar un lugar central en estos relatos). Las películas del mexicano, en cambio, suelen instalarse decididamente en nuestro mundo, y la supervivencia se juega según las reglas de la época, ya sea durante la Guerra Civil Española o en la actualidad. Esto es evidente en El laberinto del Fauno, que como mucho cine fantástico plantea dos mundos posibles, el que podríamos llamar “real” y el mágico. Pero lo alarmante, lo que descoloca de El laberinto…, es que ese universo fantástico funciona mediante una lógica que está muy alejada del típico engranaje del género; al contrario, del Toro le imprime a ese mundo una pátina de crueldad, sadismo y violencia que está muy a tono con el clima de época de la España de la guerra civil. Así (y esto es lo verdaderamente desolador) si dentro del género lo mágico siempre se plantea como un escape del mundo real, en del Toro esto no pasa; lo mágico queda atrapado, irremediablemente, dentro de la lógica del mundo real. Sí, como en muchos exponentes del género, en el cine de del Toro hay dos universos bien diferenciados, pero nada dice que el fantástico tenga que ser mejor o incluso preferible al otro.

Las dos películas de Hellboy son la mejor muestra de esta dualidad que nunca termina de resolverse. Y en particular Hellboy es el personaje ideal para el cine de del Toro: un demonio bebé que es encontrado en una misión especial durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial (pareciera que en el cine del mexicano los dos mundos se tocan siempre en acontecimientos trágicos como las guerras) es criado como humano y enseñado en la moral y costumbres humanas (porque también las hay del mundo fantástico, como los códigos éticos de los elfos en Hellboy 2: el ejército dorado). En el personaje de Hellboy conviven los dos universos, y al igual que lo hacen estos dos mundos, también las morales de cada uno entran en conflicto (ver la escena del elemental y la duda del personaje). Acá habría que hacer una salvedad: que si bien Hellboy es una cruza entre los géneros fantástico, de superhéroes y cine negro (esto último puede verse mejor en el cómic de Mike Mignola), del Toro sigue moviéndose principalmente dentro del universo de lo fantástico, sólo que con una diferencia importante respecto de la media del género: el mundo mágico (o los restos de él, como son los elfos sobrevivientes en Hellboy 2) nunca es bienvenido si no que debe ser combatido, resistido a toda costa. Esta diferencia es central para empezar a entender mejor el cine de del Toro y su visión siempre oscura de lo fantástico. Quizás todo esto pueda resumirse en la escena del elemental (un árbol gigante, “dador de vida y destrucción”, el último de su especie, que amenaza con destruir la ciudad), donde pueden verse con claridad las dos caras de lo fantástico según del Toro: por un lado la amenaza y el peligro que implica el choque de ambos mundos, y por otro el asombro frente a lo mágico, a lo irrepetible. Y si esa escena condensa gran parte del cine del realizador es porque la muerte del elemental (aun sabiendo la amenaza que representa) es probablemente uno de los momentos cinematográficos más terribles del año, porque su muerte merced a los disparos de Hellboy es la de todo un universo, único e irrepetible, que se pierde para siempre.

Si hubiera que empezar a pensar el cine de Guillermo del Toro, creo que el rasgo fundamental a tener en cuenta sería esa visión tan rica y maravillada como amarga de lo mágico, una mirada del género siempre reflexiva y respetuosa, pero que lejos de parecerse a la media del género, y por su costado poco esperanzado y salvaje, se asemeja más a una suerte de madurez abrupta, a un crecer de golpe del género. Esta visión de lo mágico, que por momentos lo acerca y por otros lo aleja irremediablemente de la mayor parte de la producción fantástica, podría ser el elemento constitutivo del cine de del Toro, presente en muchas de sus películas más importantes (sobre todo en El espinazo del diablo, El laberinto del Fauno y las Hellboy), capaz de colocarlo a la altura de otros cineastas que trabajan géneros desde una perspectiva oscurecida como David Lynch, Tim Burton o David Cronenberg.

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