Verdades verdaderas: La vida de Estela
Año: 2011
Origen: Argentina
Dirección: Nicolás Gil Lavedra
Guión: María Laura Gargarella, Jorge Maestro
Intérpretes: Susú Pecoraro, Alejandro Awada, Laura Novoa, Fernán Mirás, Inés Efron
Fotografía: Hugo Colace
Edición: Alberto Ponce
Música: Nicolás Sorín
Duración: 97 minutos
por Julián Tonelli
Una mujer común, una situación extraordinaria. Estrenar una biopic sobre Estela de Carlotto en este momento del país no era un hecho aislado. Más allá de su prestigio como luchadora por los derechos humanos, Carlotto es una activa militante del actual gobierno. Dada la cantidad de ficciones revisionistas que actualmente pululan por ahí, sólo quedaba preguntarse hasta qué punto Verdades verdaderas podía ir más allá de esa coyuntura.
Efectivamente, la película de Nicolás Gil Lavedra (hijo de Ricardo Gil Lavedra, excamarista del Juicio a las Juntas y actual diputado radical) sobresale por una corrección impoluta. A salvo del factor propagandístico, sólo quedaba determinar con qué perspectiva emocional sería abordado el tema. En este caso, también se logra evitar la solemnidad ochentosa a la que el cine nacional nos tiene acostumbrados en su retrato de los oscuros años setenta.
Estela (notable performance de Susú Pecoraro), ama de casa, vive con su marido (Alejandro Awada, también muy sólido) y sus hijos adolescentes en La Plata. La apacible vida que llevan comienza a cambiar a medida que Laura (Inés Efrón) se introduce en el mundo de la militancia política. El resto de la historia lo sabemos todos: la joven es secuestrada y acribillada por los militares. Tiempo después su madre se entera de que fue abuela. Nada se sabe del bebé, excepto que nació. Esa noticia marcará la transformación de Estela en Abuela de Plaza de Mayo y el inicio de una búsqueda incansable que aún continúa.
Más allá de una estructura narrativa que salta constantemente del presente al pasado y viceversa, se puede establecer una división del relato en dos partes. Lejos de cualquier intento de levantar un monumento a su figura, la Estela encarnada por Pecoraro es una mujer avasallada por el horror, dubitativa por el miedo. Su marido intenta ayudarla pero termina flaqueando ante sus propias limitaciones. Sólo aquellas que atraviesan su misma situación pueden unírsele en el dolor. A tal efecto, Lavedra acierta en el reflejo de la vida cotidiana de las Abuelas, con todas sus discusiones y sus mañas. No hay mucho más que rescatar en esa segunda mitad, algo tibia si se la compara con la primera.
El esperable final se asemeja a un spot publicitario, con las imágenes de los nietos recuperados reales. Este recurso quiebra, en cierta forma, el meritorio traspaso de la realidad a la ficción que lograba el film hasta entonces. Así y todo, no hay mucho que objetar en Verdades verdaderas, cuyo resultado final termina por superar con creces cualquier análisis a priori.

El final me hizo acordar a otro lastimoso final: el de “Whisky Romeo Zulú”, en el que aparecía el payaso de Enrique Piñeyro mostrándose en “Tiempo nuevo” y con imagenes captadas por los noticieros sobre el accidente de Lapa. No es igual, ya lo se, pero está dentro del mismo registro. Sin embargo creo que esta película sufre lo mismo que la serie “El pacto”, la necesidad imperiosa de transmitir todos los hechos verdaderos envueltos en una ficción casi oportunista. Oportunista por el hecho de “te cuento la posta pero con actores” y creo que se podría dar unas vueltas más a la manivela de la historia y conjugarla narrativamente.
Buen 2012, Julián, abrazo!
diciembre 29, 2011 a las 2:06 pm
Gracias José, feliz año para vos también
diciembre 30, 2011 a las 3:10 pm