Que “la cosa” funcione (Whatever Works) (2)

Año: 2009
Origen: Estados Unidos, Francia
Dirección: Woody Allen
Guión: Woody Allen
Intérpretes: Larry David, Evan Rachel Wood, Patricia Clarkson, Conleth Hill
Fotografía: Harris Savides
Edición: Alisa Lepselter
Duración: 92 minutos

por Diego Maté

1. Viajes. Acá se estrenó después de Conocerás al hombre de tus sueños, pero Que “la cosa” funcione en realidad le sigue a Vicky Cristina Barcelona, esa especie de frutilla de postre colorida de la feísima trilogía anterior de Woody Allen. Después de hacer un viaje de tres películas por Inglaterra y una pasada rápida por Barcelona, Allen vuelve a New York. El problema es que, como toda la gente sabe, los viajes cambian a las personas, uno nunca es igual después de haberse movido de un lugar a otro del planeta, sin importar la distancia que haya recorrido. La clave es un poco esa. El cine de Rossellini mutó de la urgencia neorrealista al didactismo televisivo seguramente por muchos motivos, pero detrás de ese cambio hubo viajes, que muchas veces se aprecian hasta en los títulos de sus películas: de Roma a toda Italia (Paisá, Viaje en Italia), de Italia a Alemania (Alemania año cero), después a todo un continente (Europa 51) hasta arribar en la India, esa tierra extraña que el director mira desde el asombro más respetuoso. La pasión por el cine y los viajes lo llevó incluso a convertirse en una especie de Doc Brown adelantado a su época: cuando el mundo le quedó chico, Rossellini empezó a viajar en el tiempo con películas como La toma del poder de Luis XIV o Sócrates. Como decía Godard, Rossellini saltó de lo particular a lo más general, ese es el eterno movimiento que alimentó secretamente su cine. Woody Allen filmó más películas que el italiano, pero igual, a grandes rasgos y dejando de lado excepciones, el viajar también lo arrancó de una cierta comodidad y seguridad del mundo neoyorquino y lo llevó a explorar otros, ya fueran ciudades, países, continentes o, como Rossellini, otras líneas de tiempo. Y, como Rossellini, Allen también realizó una especie de pasaje de lo particular a lo general: la trilogía británica habla desde la tragedia griega y de problemas existenciales bastante más amplios que el abanico de neurosis que el director observaba en sus películas en New York.

2. Colores. Moverse es bueno, desentumece el cuerpo, fuerza los músculos y obliga a mirar el paisaje, a estar atento a lo que pasa alrededor. Mientras viajaba, Rossellini descubrió, entre tantísimas cosas, el color. Al revés, Allen, que ya había trabajado con una enorme variedad de gamas de colores y con el blanco y negro, en su paso por Inglaterra terminó reduciendo la paleta de su cine, que se reconcentró más en el azul y el gris, condimentados ocasionalmente por alguna luz amarilla que horadaba la bruma apagada de Londres. A golpe de vista, lo primero que se siente en el comienzo de Match Point es una pérdida cromática, como si al pasar a la generalidad de la tragedia y los “grandes temas” el cine de Allen no pudiera mantener el trabajo con el color de otras de sus películas más locales, más particulares. El color era lo primero que, de nuevo, golpeaba al ojo en Vicky Cristina Barcelona, pero se trataba de un color pintoresco, pretendidamente típico, como esa escena en un restaurante con aire muy andaluz y un guitarrista de flamenco en la que se habla de la “magia” de las noches españolas. Entonces, color local y variado pero filtrado por el prisma de lo pintoresco, de estética de postal. En Que “la cosa” funcione el color, una vez más, es una de las primeras cosas que atacan la vista. Pero esta vez la fotografía pareciera estar en consonancia con el clima y el lugar de la historia: Allen vuelve a New York, y esa gama de rojos y ocres salpicados por verdes y azules ya no opera como pintoresquismo sino como color propio de una ciudad que el director demuestra conocer como nadie a lo largo y ancho de su cine. No importa acá su historia personal; Allen conoce New York y eso se nota en un nivel puramente cinematográfico, por ejemplo, en la falta de imágenes de lugares típicos o representativos de la ciudad: la única visita a uno de esos lugares (el mausoleo de Grant) es fugaz, el lugar prácticamente ni se ve, y el personaje de Boris lamenta haber ido y explica que nunca había estado allí a pesar de haber vivido toda su vida en New York.

3. Cinismo. Entonces, al cine Allen parece haberle hecho mejor el regreso a casa que todo el recorrido por Inglaterra y Barcelona (peligros de viajar: las cosas no siempre salen como uno espera y el retorno puede ser la mejor parte de la travesía). El problema es que, exitosos o no, decíamos, los viajes cambian a las personas. Y Allen, aunque aceitado, de nuevo en su ambiente y pertrechado con restos de su humor de antaño, cambió, y no hay fotografía, ciudad o historia que pueda disimular eso. Su cine se volvió cínico porque toma distancia de sus personajes y los mira sufrir desde la lejanía, porque desnuda los mecanismos del cine de ficción de manera muchas veces gratuita, porque no respeta la coherencia interna de su historia y obliga a los personajes a hacer cosas que jamás harían (no por nada en Que “la cosa” funcione abundan los vacíos temporales: los momentos más incoherentes son relegados al off mediante elipsis que a veces duran hasta un año entero). Pero, principalmente, se volvió cínico porque su cine es cada vez más un vehículo para un mensaje: Que “la cosa” funcione es una película bien “discursiva”, que todo el tiempo interpela al espectador (los apartes de Boris son apenas un recurso dentro de su aparataje comunicativo) recordándole siempre que está frente a un relato y que, en última instancia, lo que importa no es tanto la humanidad de los personajes sino los temas que se tocan y su posible confirmación, como ocurre con el pesimismo de Boris (que tiene razón y se equivoca alternativamente). Por eso es que el espesor narrativo de los personajes es tan delgado, tan poroso; muchas veces pareciera que lo que le interesa al director no es tanto contar una historia con seres creíbles sino hablar (o seguir hablando, en todo caso) de “grandes temas”: la muerte, la soledad, la genialidad, el amor, la sociedad, etc. Los personajes no son más que depósitos de opiniones y creencias que el director cruza, pone en tensión, con los que juega. A fin de cuentas, de qué otra manera puede entenderse el casamiento de Boris con Melody sino como una unión imposible hecha con el propósito de reírse un poco de los dos y de ver qué sale de la colisión de credos tan distintos.

4. La vida. Sí, es cierto que, casi como por ósmosis, el cine de Allen recupera algo de su vitalidad anterior. La rutina de Boris, las salidas al cine, los paseos, los parques, el cocinar, la forma de vestirse, ir a bares; detrás de la batería de temas “importantes” hay un resto nada despreciable de energía vital que parecía haberse perdido para siempre en los paisajes londinenses y andaluces más pintorescos y que resurgen en la primera escena de Que “la cosa” funcione con un grupo de amigos tomando algo en un café de barrio sentados en una mesa de la vereda. El descenso de las alturas de la tragedia más universal a los hábitos y manías urbanos le hace bien al cine de Allen, lo oxigena. Obvio, en esto cumple un papel fundamental Larry David: es difícil imaginarse la película sin él, casi como si el cómico (otro que hizo stand-up y fue guionista, como Allen) trajera la enorme carga de su universo personal (denso, inquisitivo, neurótico, obsesivo, lúcido) y le inyectara a Que “la cosa” funcione la dosis de urbanidad y observación cotidiana necesaria para que la fórmula no fracase. Woody Allen vuelve a New York pero lo hace cambiado: cínico, algo pretencioso, no cree en sus personajes y decide utilizarlos como piezas en el tablero de los grandes temas. Sin embargo, algo de la vitalidad que rebozaban sus mejores películas se vislumbra de nuevo en Que “la cosa” funcione.

12 comentarios

  1. Bazman

    Esto va con la mejor onda, eh!!! Me cansa un poco el fascismo crítico, que me parece es una postura un poco cómoda. Cuál es el problema si Allen quiere hablar de temas importantes a través de sus personajes? Por qué no puede hacerlo? Y encima lo hace con humor….no como Godard u otros intocables…Cómo dice Laura, siempre le buscan el pelo en la sopa al pobre Woody…
    Saludos!!!

    mayo 26, 2011 a las 1:28 pm

  2. Pero amigo Bazman, tu pregunta se puede responder con mucha facilidad dándola vuelta: ¿cuál es el problema si el que escribe está cansado de los directores que hablan de grandes temas y que, encima, lo hacen de manera grave y con aspiraciones de universalidad? ¿Eso lo vuelve fascista? Eso es lo que hace Allen en su trilogía y parte de Vicky Cristina Barcelona. Es verdad que Que “la cosa” funcione es una comedia, pero el entramado de fondo es el mismo: comentarios grandilocuentes sobre la humanidad y sus defectos. Mechados esta vez, eso sí, con humor, y en especial con el humor de Larry David (habría que ver hasta qué punto la película no pertenece a Allen y David casi por igual).

    Igual, si leés bien el texto, vas a ver que hablo de más cosas negativas y no solamente de “grandes temas”.

    saludos.

    mayo 26, 2011 a las 1:35 pm

  3. Bazman

    Es que el crítico, me parece, tiene que tratar de no ser tan subjetivo cuando analiza algo. Obvio que siempre una crítica es subjetiva, pero el argumento de “critico esto porque me tiene cansado tal cosa”…no me convence. Igual, la crítica que hiciste si está bien fundada, no así la respuesta que me das en tu comment. De todas maneras, esto puede ser un ping pong eterno en el que nunca nos vamos a poner de acuerdo. Todo bien! Y cómo hace el guacho de piscitelli para vivir de gira viendo recitales en las principales ciudades del mundo? Es millonario??? Que envidia!!!!

    mayo 26, 2011 a las 1:51 pm

  4. Pero mi argumento no es “critico los ‘grandes temas’ porque me tienen cansado”. Te puse eso a modo de ejemplo de que la pregunta que vos hacías bien podía ponerse patas para arriba y usarse de otra forma. Los “grandes temas” están prácticamente en todas las películas o libros que hayamos visto y leído; no hay película que en algún momento no toque temas como la muerte, el amor, la sociedad, etc. La cuestión no es la presencia de esos temas (que, repito, están en cualquier película que se te pueda ocurrir) sino la forma en que esos temas son tratados: cuando una película los artícula de manera más o menos solemne o con pretensiones de gravedad, ahí es cuando aparece lo de “grandes temas”, dicho ahora despectivamente. Todas las películas de Woody Allen, que yo recuerde, hablan del amor o de la falta de confianza en la humanidad, pero la mayoría lo hace con inteligencia cinematográfica, humor y sin ánimos de seriedad. Eso es lo que le faltan a sus películas desde Match Point a esta parte. Que “la cosa” funcione vuelve a hacer comedia, pero sin dejar de referir constantemente a esos temas de manera más o menos trágica y pomposa.

    Piscitelli es un misterio envuelto en remeras negras de rock…

    mayo 26, 2011 a las 3:23 pm

  5. Cherif

    A mi me parece mucho dedicarle secciones y tanto desglose a un film muy discreto que suena más a un “grandes éxitos” de esos que un músico saca por obligación para terminar un contrato. No hay ni siquiera una lectura que resignifique sus motivos o temas de su cine, es más creo que tira todo por la borda en el final cuando Boris dice: “el amor que puedas dar o que te pueda llegar, zarzarasa (…) lo que sea que ‘te funcione’” es decir ese nihilismo cae por la borda y se choca torpemente con un cliché. El problema de Woody es que filma mucho sobre los mismo temas, si filmara menos o filmara sobre otras cosas como hacía en los 80 como sucedía con grandes gemas como “Zelig” o “Días de Radio”. Espero que “Midnight in Paris” cambie un poco, a priori por la sinopsis pareciera ser que si.

    mayo 26, 2011 a las 9:23 pm

  6. Julián Tonelli

    Creo que la cuestión de los temas no es tan importante. La variedad temática no se destaca, por ejemplo, en la obra de Ozu, o de Hitchcock, sin embargo no por eso dejan de ser genios del cine. Match point me parece la última buena película de Woody (ni ahí me parece que esté a la altura de sus clásicos, pero para qué insistir con eso). Lo que vino después para mí es “correcto”, exceptuando Scoop, que es una cagada. Pero bueno, es un director muy prolífico, tampoco se puede pretender que todo lo que haga sea brillante. Ningún director con esa cantidad de películas en su filmografía puede hacer sólo obras maestras.

    mayo 27, 2011 a las 12:10 pm

  7. Ojo que yo no le reclamo obras maestras, pero tampoco creo que la cantidad de películas sea un argumento para ponerse blando a la hora de hablar de su cine. Hubo una época en que Takashi Miike filmaba entre 3 y 4 películas por año (está bien, gran parte de esa producción era marginal y solamente se estrenaba en video) y es difícil encontrar películas lisa y llanamente “malas” en su filmografía. Si filmar 1 película por año implica hacer películas entre flojas y malas, bueno, filmá menos, che.

    mayo 27, 2011 a las 1:20 pm

  8. Julián Tonelli

    Ah sí, seguro, obviamente no es algo que deba influir a la crítica. Me refiero a aquellos que a veces parecen sentirse “traicionados” por Allen, que pretenden que todos los años haga algo como Annie Hall, Zelig o Interiors. Por el contrario, la mejor obra de Woody Allen ya está ahí, y cada nueva película vale por sí misma, la haya dirigido él o Mongo.

    mayo 27, 2011 a las 1:42 pm

  9. Diego, seguro que no fue esa tu intención, pero el sintagma “didactismo televisivo” evoca alguna clase de calamidad artística que no se condice ni de lejos con la increíble calidad de las películas que Rossellini hizo para televisión.

    mayo 27, 2011 a las 3:43 pm

  10. No David, tal cual. Estuve en duda si dejar o no “didactismo televisivo” por la carga negativa habitual que tienen las dos palabras por separado (ni que hablar si se las junta), pero lo cierto es que la propuesta de Rossellini puede resumirse en esos términos mucho mejor que con otros; el posible sentido negativo correrá por cuenta de quien lee y no conozca esas películas. Creo que la única que vi fue La toma del poder de Luis XIV, y me pareció genial (no tiene nada que ver, pero además esa fue la primera película que vi en un Bafici).

    mayo 27, 2011 a las 3:52 pm

  11. Cherif

    Creo que la cuestión de la cantidad es un tema para ponerse duro porque influye mucho en que sus obras últimas sean casi todas fallidas. Por supuesto Miike filma mucho (o filmaba mucho) pero cuando ha empezado a priorizar proyectos y ponerse más “pro” (de profesional digo, porque ahora está como resignificada para mal la palabra) es cuando Miike empieza a hacer un cine distinto ej. “13 Assasins” y sin deshacerse de su esencia. El problema de Allen es que ya, incluso a los fanáticos, es muy díficil defenderlo con el cliché reflexivo de “bueno, pero es un genero, es parte de una serie de películas de woody allen” y es un problema, porque algo pasa, evidentemente su cine está algo añejo y deslucido. Lo cual no quita que sea un gran guionista, que haya escrito los mejores gags dialogales del cine posmoderno y haya hecho cosas geniales como su Harry Block fuera de foco en “Descontructing Harry”. En fin, insisto espero que “Midnight in Paris” sea la mejor en 20 años…

    mayo 27, 2011 a las 8:13 pm

  12. Empezaste tan alto en un bafici que de ahí sólo te quedaba ir bajando!

    mayo 27, 2011 a las 11:31 pm

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