Mis tardes con Margueritte (La tête en friche)

Año: 2010
Origen: Francia
Dirección: Jean Becker
Guión: Jean Becker, Jean-Loup Dabadie
Intérpretes: Gérard Depardieu, Gisèle Casadesus, Jean-François Stevenin
Fotografía: Arthur Cloquet
Música: Laurent Voulzy
Edición: Jacques Witta
Duración: 81 minutos

por Aníbal Perotti

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
Joaquín Sabina

Había una vez un pueblito rural habitado por gente buena, noble y auténtica que se ocupaba de las cosas verdaderas de la vida y conservaba los buenos sentimientos propios de otra época. Entre aquella buena gente estaba Germain, un grandote inocente, bonachón y un poco retardado, que vivía afligido por una madre malévola y por las burlas de su apreciado grupo de amigos. Hasta que un día, sentado en el banco de la plaza municipal, encuentra a Margueritte, una encantadora y culta abuelita que no tarda en reconocer su buen corazón e intenta inculcarle el gusto por la literatura. Los días transcurren apacibles en este islote perfecto y nostálgico poblado por gente modesta pero generosa. Los que vienen de afuera, como el sobrino de la adorable anciana, son egoístas y justifican todo por el dinero. No caben dudas de que el enemigo es la gran ciudad, la plutocracia parisina, los libros, la cultura, el reino de la elite. Afortunadamente, nuestro héroe demostrará que la verdadera gente piensa con el corazón antes que con las palabras.

Todos los acontecimientos y novedades que trasformaron al mundo (y al cine) desde los años cincuenta no forman parte de este universo. La película se auto abastece de manera simplista del fantasma colectivo de un lugar y un tiempo que nunca existieron. Mediocre en su observación, mediocre en su forma, Mis tardes con Margueritte se sustenta en los principios básicos del telefilm, donde el personaje que está en el centro de la intriga es el que está en el centro de la pantalla. Sabemos que el pobre Germain siempre fue rechazado por su madre, sin embargo el director machaca la idea una y otra vez con torpes flashbacks en los que también subraya la estupidez del sistema educativo con un profesor que no hace otra cosa que lanzar juegos de palabras cínicos e insultantes hacia el infeliz alumno. La presencia física de Depardieu y la elegancia y el sentido del ritmo de la veterana actriz no bastan para dar algo de sustancia a un relato que intenta, por sobre todas las cosas, no molestar a nadie.

El racismo sereno que exuda la película se acentúa con la aparición esporádica de algunos magrebíes. Uno de ellos es el marido de la dueña del bar que, por supuesto, engaña a su mujer con una joven enfermera venida de la gran ciudad, aunque gracias a la sabiduría de Germain volverá al camino correcto. Otros, que hablan un francés tosco, quedan fascinados por las pizcas de conocimiento que Germain reproduce de los libros leídos por su vieja amiga. La última es una bonita mujer que va al mercado a comprar las verduras que cultiva Germain (con buena tierra y buen corazón, según sus propias palabras), y ante la cual el blanco grandote da muestras de respeto ecuménico proclamando que posee un bonito cabello rizado. Jean Becker es un narrador de tarjeta postal que elige los caminos más previsibles para que el final genere una sonrisa en el espectador, aunque es más factible que provoque náuseas. Mis tardes con Margueritte es un himno a la mediocridad aceptada y al nacionalismo mezquino, un insulto permanente a la sensibilidad artística, intelectual y moral de su audiencia.

8 comentarios

  1. Rosa

    Otra vez se nota que no entendieron nada, tu critica esta plagada de contradicciones, si es un poco retardado como puede iluminar con su “sabiduría”. Las escenas con la madre y el colegio son recuerdos del personaje, ¿son todos? o hay otros que no puede recordar?
    Si la viejita intenta inculcarle el gusto por la literatura, ¿La cultura es patrimonio exclusivo de las grandes ciudades?
    Y empezas con una frase de Joaquin Sabina, tan contradictoria como tu nota. No se puede añorar lo que nunca sucedio, por la definicion misma del termino y la nostalgia en este punto es un sinonimo de añorar, ni que Joaquin fuese Borges, Neruda, Virgilio o algún poeta metifisico.

    abril 30, 2011 a las 10:19 pm

  2. Hola Rosa,
    La frase del comienzo ilustra perfectamente a una película que se hace eco de la nostalgia de un pasado que nunca existió, como digo más adelante en la nota. No veo que haya ninguna contradicción. Al planteo reaccionario y simplificador que detallo en el primer párrafo, la película suma torpeza y subrayados en la puesta en escena con los insufribles fashbacks de la infancia del protagonista. Lo de la sabiduría de Germain es una ironía, al igual que todos los comentarios que hacen referencia al racismo hacia los magrebíes (que en realidad se extiende hacia cualquier persona que venga de afuera). Pongamos “sabiduría primitiva” para sea más comprensible.
    De todas maneras, admito que la crítica te puede resultar contradictoria comparada con la enseñanza evidente y manifiesta que pretende inculcar la película.
    Saludos.

    mayo 1, 2011 a las 12:02 am

  3. Car

    Hola!
    Lo que yo no entiendo es por qué sostenés que: “No caben dudas de que el enemigo es la gran ciudad, la plutocracia parisina, los libros, la cultura, el reino de la elite.” Lo que hace justamente es recuperar una parte de la cultura que a Germain le había sido negada. No me parece que fuera un poco retardado, sino que así le habían dicho que era y se lo creía. Entonces con Margueritte pone a funcionar una cabeza que sólo había vivido humillaciones. El caso del mercado es un claro ejemplo de cómo sabía vender! jajaja
    No me parece de ninguna manera un himno a la mediocridad aceptada – de su entorno era uno de los pocos dispuestos a cambiar! Y por otra parte, no me parece “un insulto permanente a la sensibilidad artística, intelectual y moral de su audiencia” – puesto que es una crítica a ese estilo de vida que lleva a las personas a reproducir sin más un estado de cosas establecido. No es una película ácida o de humor negro, tal vez no sea muy metafórica, pero no es tan superficial ni tan torpe como vos la describís.
    Saludos!

    septiembre 4, 2011 a las 6:02 pm

  4. Daniela

    Me asombra la pedanteria de tu critica con el comentario del final.
    No me considero ninguna estúpida por haberme gustado la historia y la sensibilidad que refleja el film.
    Cada uno disfruta como puede del cine y se ve que tus ojos y cabeza estan mas enfocados a ver defectos que virtudes.
    No creo en ningun momento que la cultura y los libros esten en contra del film como tu dices en una parte,se nota que entendiste muy poco.
    Yo me quedo con lo mas importante en una pelicula la historia que cuenta y el cómo lo hace,mas alla de alguna inverosimilitud deja la sensacion de lo importante y magico de los libros.

    enero 22, 2012 a las 8:06 pm

  5. Jolie Bouvier

    Si la película es “… un insulto permanente a la sensibilidad artística, intelectual y moral de su audiencia”, Aníbal Perotti es un insulto permanente al periodismo y a la sensibilidad intelectual y moral de los lectores.

    enero 26, 2012 a las 3:55 pm

  6. Ana

    Jolie Bouvier, coincido contigo, el tipo debe ver una vez más ésta película, nos debe la reivindicación. Que desastre de crítica, completamente distorsionado. No entendiste nada Anibal.

    mayo 23, 2012 a las 11:43 pm

  7. Ana

    La historia de un encuentro paradójico, inusual, que se construye desde la mas grande sutileza. Las actuaciones son sublimes, el ritmo, la escritura, el poema de cierre. Es una película delicada y profunda, como lo puede ser la experiencia de una relación que desde la médula nos sorprende y transforma.

    mayo 23, 2012 a las 11:52 pm

  8. Anibal

    Toda la elegancia y el sentido del ritmo Gisèle Casadesus no alcanzan para darle sustancia a un relato cuyo objetivo principal es no molestar a nadie. Y además, explicarlo todo con esos flashbacks horribles que subrayan una y otra vez el rechazo de la madre del protagonista. Jean Becker es un narrador de tarjeta postal que en esta película se hace eco de la nostalgia por un pasado simplista, por el fantasma de una Francia rural ligada a valores de otro tiempo, el de los verdaderos franceses. Una « metáfora » grosera del pueblo perfecto de gente modesta aislado del exterior que le daría vergüenza a un admirador de Pierre Poujarde.

    En lugar de seguir escribiendo sobre este bodrio calculado y reaccionario, les recomiendo una película que fue filmada el mismo año, en la misma región de Francia y que también está protagonizada por Gérard Depardieu: Mammuth. Una película singular y salvaje que está en las antípodas de los telefilms de Jean Becker, una emotiva meditación melancólica sobre el tiempo que pasa, sobre la tristeza del paisaje contemporáneo y sobre el cine como registro poético de la muerte en el trabajo.

    mayo 24, 2012 a las 10:11 am

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