El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives)
Año: 2010
Origen: Tailandia, Gran Bretaña, Alemania, Francia, España, Holanda
Dirección: Apichtpong Weerasethakul
Guión: Apichtpong Weerasethakul
Intérpretes: Sakda Kaewbuadee, Matthieu Ly, Vien Pimdee
Fotografía: Yukontorn Mingmongkon, Sayombhu Mukdeeprom
Edición: Lee Chatametikool
Duración: 114 minutos
por Aníbal Perotti
Hay algo profundamente infantil en el cine de Weerasethakul, un placer inmediato, sensual y lúdico. No tiene sentido buscar símbolos herméticos en El hombre que podía recordar sus vidas pasadas, basta con dejarse llevar por el simple placer del movimiento que origina un búfalo que huye, del erotismo que provoca el encuentro entre la princesa y el pez-gato bajo una cascada o de los mundos paralelos que se generan con el desdoblamiento del monje. Lejos de ser incomprensible, la película cuenta la historia del tío Boonmee, que está gravemente enfermo del riñón y siente que llegó su hora. Una noche recibe la visita del fantasma de su esposa muerta y de su hijo reencarnado en una especie de gran mono negro con ojos rojos. Lo primero que hay que hacer para adherir al universo de la película, es rendirse ante la evidencia: los fantasmas se sientan a la mesa de los vivos y son bien recibidos. Primero se percibe una vaga sorpresa, una pequeña duda y luego se acepta el fenómeno con naturalidad. El método utilizado para la aparición del fantasma es casi tan viejo como el cine: una sobreimpresión, simple y mágica. La otra criatura es uno de los hijos de la familia que se ha metamorfoseado en el bosque. Su figura recuerda a la bestia de Cocteau pero evita el grotesco por la fuerza del encantamiento poético. Los fantasmas no tienen nada de espantoso, por el contrario, se manejan con la suavidad característica de todos los personajes del director. Los trabajadores clandestinos empleados por el tío Boonmee producen más temor que la propia muerte. Los traumatismos históricos así como las cuestiones políticas contemporáneas son elaborados de manera subterránea. La evocación de la masacre de los comunistas está relacionada con una herida que el personaje principal intenta curar, un karma cósmico que vuelve a atormentarlo. La curación es un tema central en el que conviven el té amargo y la diálisis, remedios ancestrales y técnicas modernas, sin preferencia ni jerarquía.
La fascinante idea de que alguien pueda acordarse de tantos acontecimientos está representada con la imagen, el ícono y la fotografía como herramientas de preservación. El Tío Boonmee decide morir hundido en la gruta donde nació en una de sus vidas pasadas. En plena selva sobrevienen episodios de intensa poesía en los que confluyen la vida y la muerte, el mundo vivo y los otros mundos, lo prosaico, lo onírico, el pasado, el presente y la naturaleza como un rumor profundo. Hay un sentimiento de vida muy fuerte, una abundancia vital que se refleja sobre todo en el sonido. Las vidas vegetales, animales y humanas se conectan. La muerte también hace avanzar lo vivo. Cada una de las seis partes de la película experimenta con formas diferentes sin que se produzca una ruptura brutal con la anterior, como en un proceso permanente de muerte y regeneración o reencarnación. Todo se comunica sin sobresaltos en el maravilloso cine de Weerasethakul, su estilo unifica los universos, las bifurcaciones y los rodeos. Podemos intentar definir algunos contornos, la duración inspirada de los planos, la capacidad para hacer surgir lo inesperado y extraordinario como si fuera banal, el fino humor que atraviesa toda la película o la extrema delicadeza en el montaje, en los silencios y en los murmullos. Podemos analizar en detalle una obra singular y múltiple, experimental y accesible al mismo tiempo, aunque siempre permanecerá en el centro de su belleza un misterio irreductible.

De pequeño estaba obsesionado con el fantasma mono, una criatura cuya vida existe sólo por los recuerdos de los otros.
Una noche entré en la selva, traté de comunicarme, intenté atraparlo mientras saltaba de rama en rama. Los árboles se cerraban cada vez más, seguí avanzando, las vidas pasadas como animal aparecieron frente a mí. Mi pelo crecía y mis pupilas se dilataban lentamente. Vi a los hombres buscándome. Vi que el cielo cambiaba de color. Vi las luces.
Migramos hacia el norte cruzando el río. Me dormí bajo la colina. Ahora el fantasma mono trata de entrar en mi sueño, puede olerme, me sigue la pista como una sombra. Su espíritu está triste, solo y hambriento. Soy su presa y su compañero.
Mis ojos están abiertos pero no puedo ver nada, tal vez necesiten adaptarse a la oscuridad de esta gruta. Te echo de menos. Te doy mi alma, mi carne y mis recuerdos. Cada gota de mi sangre canta nuestra canción. ¿Podés oírla?
abril 25, 2011 a las 4:22 pm
(Lineas, imágenes y sensaciones de la película)
abril 25, 2011 a las 4:39 pm
Anibal.
Leyendo tu nota encuentro que hay cosas que se me pasaron por alto. Me costó “adherir” al universo de la película, como vos mencionás. Reconozco el excelente trabajo formal con cámara en mano, fotografías y sobre todo en las tomas fijas o los pasajes en la selva que son subyugantes. Pero sentí como una distancia, no se, tal vez le de una segunda oportunidad. Si no hay nada nuevo que me atraiga, el fin de semana la vuelvo a ver. El cine de Belgrano estaba casi lleno.
Saludos,
Tere
abril 26, 2011 a las 5:03 pm
Hola Tere,
Leí que la copia del cine de Belgrano tuvo más espectadores en el primer fin de semana que el promedio de Rio. Admiro a los que, como vos, resisten estoicos en los Arteplex. Más allá de que la película finalmente les guste, es indudable que son un público que todavía se arriesga. Me comentaron que la calidad de proyección en el Centro no es muy buena, no sé qué tal será la de Belgrano. Yo la volví a ver anoche en Vicente López. No éramos muchos en la sala, así que no creo que siga ahí la semana que viene.
Saludos
mayo 1, 2011 a las 5:51 pm
La vi dos veces en el Arteplex centro y me tocó una proyección respetable en fílmico y otra bastante mala en dvd, en la que las escenas nocturnas se ven tremendamente oscuras. Así y todo, me volvió a parecer una película extraordinaria, firme candidata a la mejor del año.
mayo 12, 2011 a las 2:20 pm
Increíble, David. Que en el mismo cine pasen un día una copia en fílmico y otro día un DVD supera todo lo (malo) conocido. Esta semana la estrenaron en el Showcase de Rosario. En una de esas se llevaron la copia en fílmico a Rosario y dejaron un DVD. Cosa de locos.
Mas allá de los azares de la exhibición coincido en que la película es lo mejor de este año. Mientras escribo vuelven una cantidad de imágenes y sensaciones que me quedaron grabadas, como la del mono negro con ojos rojos perdido en el medio de la selva. Es muy difícil dejar de lado la emoción e intentar escribir algo preciso sobre una película que apuesta a la libertad y logra que el misterio y lo tangible convivan felizmente en un mismo plano. Me dieron ganas de ir a verla otra vez.
Abrazo.
mayo 13, 2011 a las 4:10 pm
Sí, la cosa fue de una semana a la otra. Pero igual. El cambio de sala, de una grande a una más chica, trajo también aparejado el paso del fílmico al dvd. Yo cuando veía esa copia tan oscura me preguntaba cómo no quieren que la gente salga corriendo de esta clase de cine más arriesgado si estrenan las películas en semejantes condiciones. De todas formas, nadie abandonó la sala. Un triunfo a pequeña escala.
Abrazo.
mayo 14, 2011 a las 12:46 am