Fase 7
Año: 2010
Origen: Argentina
Dirección: Nicolás Goldbart
Guión: Nicolás Goldbart
Intérpretes: Daniel Hendler, Jazmín Stuart, Yayo, Federico Luppi
Fotografía: Lucio Bonelli, Enrique Chediak, Anthony Dod Mantle
Música: Guillermo Guareschi, A.R. Rahman
Edición: Nicolás Goldbart, Pablo Barbieri
Duración: 94 minutos
por Aníbal Perotti
El cine popular no existe. Todos los comentarios previos al estreno de Fase 7 anunciaban la llegada de una película argentina de género. Cine popular. ¡Por fin! Lo que la gente quiere ver. Sin embargo, la película comienza con una maravillosa escena heredera del corazón del Nuevo Cine Argentino y protagonizada por su actor fetiche, Daniel Hendler. Lo primero que vemos es una pareja enroscada en una discusión absurda, ligera y muy divertida, mientras empujan el changuito en el supermercado. Bien podría ser alguna de las parejas de Sábado de Juan Villegas, construyendo otra espléndida sucesión de gags diez años más tarde. Sus discusiones triviales sobre las compras, sin prestar atención a la gente que pasa corriendo de manera extravagante entre las góndolas, poseen el tono característico de comedia con sordina del Nuevo Cine Argentino. Este registro prevalece como núcleo de una primera media hora extraordinaria, que lamentablemente se diluye a medida que se hacen presentes la acción, el suspenso y la ciencia ficción.
Los protagonistas regresan a su departamento cargando las bolsas con las compras y siguen absortos en sus deliciosas discusiones. La trama de ciencia ficción comienza cuando encienden el televisor, demostrando de manera oblicua que el género es ajeno a la película. El componente fantástico tiene un punto de partida realista, local y específico que remite a aquel invento mediático de la gripe A, el gran negocio farmacéutico apuntalado por los medios de comunicación que generó una paranoia colectiva y devino en una epidemia de ignorancia, miedo y desconfianza. Y eso es precisamente lo que ocurre en el edificio en cuarentena, en el que transcurre casi toda la película, habitado por dieciséis personas y una doméstica, según le informa un vecino al equipo de emergencias. Esta frase es el mejor ejemplo del humor ácido de la primera parte de la película, que luego se hará difuso y quedará relegado a las escenas que se suceden dentro del departamento.
El género es como el virus: a medida que avanza, la película se debilita. Fase 7 tiene un comienzo brillante que se agota cuando el humor absurdo queda eclipsado por el confuso devenir heroico del protagonista, el subrayado musical y las escenas de acción demasiado estiradas. Sobre el final, la película sólo se sostiene con la sorprendente actuación de Hendler, que cambia de tono de manera abrupta y convincente entre las discusiones de alcoba y la guerra que se desata puertas afuera. Decía al comienzo que algunos presentaban a Fase 7 como una convocante película de género. Luego de haberla visto y disfrutado con sus altibajos, vislumbro que la película se estrena con una cantidad de copias excesiva, que guarda relación con la idea errónea de que hay un gran público consumidor de cine popular. El cine popular como se lo entendía en la época de gloria de los estudios dejó de existir con la muerte del cine clásico. A pesar de toda la promoción que le puedan hacer, Fase 7 no deja de ser una película de festival.

No estoy de acuerdo con la distinción “cine popular” vs “cine para festivales”. Me consta que la misma “Historias extraordinarias” que vos nombrás, tuvo y tiene mucha aceptación popular entre quienes la descubren. “El abrazo partido” fue una película graciosa y popular (en el sentido de accesible a un público no cinéfilo) y allí estaban dos representantes del nuevo cine como Burman y Hendler.
Creo que el problema con “Fase 7″ es que no está lograda, el guión es malo y su director no tiene muchas ideas en cuanto a puesta en escena, pero como el público la ha festejado bastante en Mar del Plata y otros festivales, la han querido vender como La Gran Comedia Argentina Que Estábamos Esperando.
marzo 5, 2011 a las 3:28 pm
Hola Fernando,
No mencioné Historias Extraordinarias, pero es un muy buen ejemplo porque fue estrenada fuera del circuito comercial y así y todo fue la película argentina más comentada de aquel año, y todavía seguimos escribiendo sobre ella. De todas maneras, la comparación con Fase 7 es oportuna porque en aquel momento, como cada vez que apareció una película argentina considerada cine de género, la crítica más reaccionaria la defendió como una película clásica que sabe cómo narrar, para defenestrar al mismo tiempo al resto del Nuevo Cine Argentino. Aunque el mismo Llinás dijera más de una vez que la consideraba una película moderna (el rasgo más evidente de modernidad es el uso de la voz en off como contrapunto de la imagen).
Yo no estoy en contra del cine popular y los géneros. Me gusta mucho el cine clásico americano, pero es evidente que ya no existe más. En su lugar están los tanques, que copan los complejos multisalas y son eventos en sí mismos que exceden al cine. También podemos ver un grupo, mucho menor, de películas adultas que incluyen en general a las del Oscar y al cine europeo menos arriesgado. El resto es casi invisible, incluso el buen cine popular de Corea del Sur o Hong Kong. Por eso en los festivales, que deberían ser espacios para descubrir algo distinto, vanguardias, nuevas formas, un hallazgo o un autor a seguir, se llenan las salas para ver el cine más convencional que no tiene estreno comercial. El deseo (en muchos casos genuino) de volver a ver buen cine de género hace que se sobrevalore cualquier intento mediocre, como la última película de los Coen.
marzo 5, 2011 a las 4:49 pm
No sé por qué nombré “Historias extraordinarias”, se ve que leí otro comentario antes del tuyo donde la mencionaban.
No me pareció mediocre “Temple de acero”, pero es cierto que ha sido sobrevalorada.
Y a propósito de buen cine clásico o de género ¿qué será de la vida de Adolfo Aristarain?
Saludos.
marzo 5, 2011 a las 8:53 pm
En la Argentina se sigue haciendo buen cine de género, aunque, obviamente, en dosis muy pero muy reducidas en relación al resto de la producción. Está bien ir a la caza de esas películas que parecen que se acercan a zonas del cine como la ciencia-ficción (en el caso de la floja Fase 7), no creo que eso sea reaccionario o que implique desacreditar a las películas en cierta medida herederas del NCA (igual, vos hablaste solamente de una parte de la crítica, Aníbal). Las dos cosas (a grandes rasgos, el cine contemporáneo y los géneros) son formas muy distintas de contar y mirar el mundo, y pueden coexistir e incluso tocarse, como pasa en Historias extraordinarias, y la búsqueda de uno (el cine de género, el que casi no se ve) no debería poner en cuestión al otro.
Me suena que leí algo sobre Aristarain en algún lado (probablemente Otros Cines) y decía algo sobre un proyecto en ciernes. Ojo, me suena.
saludos.
marzo 6, 2011 a las 11:16 am