El rito (The Rite)

Año: 2011
Origen: Estados Unidos
Dirección: Mikael Hafström
Guión: Matt Baglio, Michael Petroni
Intérpretes: Colin O’Donahue, Anthony Hopkins, Rutger Hauer,
Alice Braga
Fotografía: Ben Davis
Edición: Peter Boyle
Música: Alex Heffes
Duración: 113 minutos

por Julián Tonelli

Al diablo con los exorcismos. Pasan las décadas y parece que la Warner Brothers no se resigna a dejar de lado una temática cuyos signos de desgaste son evidentes. En 1973, el éxito impresionante de El exorcista, esa obra maestra iniciática de William Friedkin, impulsó una secuela dirigida por John Boorman y estrenada cuatro años después:  El hereje, que pese a la elaborada estética de muchas de sus escenas fue un fracaso absoluto. Tuvieron que pasar más de treinta años para ver dos precuelas de escasa repercusión: la floja El comienzo de Renny Harlin y la subestimada Dominion de Paul Schrader. Ahora le toca el turno a El rito, film “basado en hechos reales” según proclaman su afiche promocional, su trailer y su introducción.

El joven Michael Novak (Colin O’Donahue) trabaja en el negocio familiar, una funeraria, ayudando a su padre (Rutger Hauer). Como este es muy estricto, Michael decide tomar los hábitos. El problema es que no cree en Dios. Cuatro años después, ya de sotana, decide renunciar a la Iglesia. Su superior (Toby Keith), creyéndolo el elegido, se opone a esa decisión y por eso lo envía a un curso de exorcismo en el Vaticano, algo así como un campamento para curas escépticos. Una vez allí queda bajo la tutela del veterano Padre Lucas (Anthony Hopkins), experto en posesiones demoníacas.

Es inobjetable que todo gran actor tiene sus muertos en el ropero. Así y todo, resulta curioso advertir la abultada cantidad de bodrios que se acumulan en el currículum del notable Anthony Hopkins. Al tipo parece no importarle,  con su oficio le alcanza para cumplir en cualquier ocasión. Y si la película resulta ser tan mala que con eso no es suficiente, siempre puede echar mano de su pequeño Hannibal Lecter ilustrado. El debutante Colin O’Donahue, por el contrario, es tan inexpresivo como una tabla de madera. El clímax del relato, que supuestamente debía ser un contrapunto entre él y Hopkins, termina por convertirse en un risible monólogo del segundo. Uno está muy verde. El otro está pasado de rosca.

En una escena, luego de asistir a su primera clase de exorcismo, Michael es interpelado por el Padre, quien, en obvia alusión a la iconografía de El exorcista, le pregunta: “¿Qué esperabas? ¿Sopa de arvejas?”, a lo que cabría responder: “Qué tupé”. El director Mikael Hafström reemplaza el famoso recurso de la sopa por un arsenal de efectos especiales cuya efectividad, en comparación, resulta insignificante, sin mencionar esa ampulosidad que tan mal le queda al cine de terror. La secuencia por medio de la cual nace la fe del protagonista (un puñado de alucinaciones obvias y aburridas, con largas panorámicas, voces en off y demás chiches) prepara la película para un final aun  más pobre del que se podía esperar en los primeros dos tercios de metraje.

Poco y nada se puede rescatar de El rito: el bellísimo paisaje romano, la lóbrega escena inicial en la funeraria y paremos de contar. Si hasta el más rabioso de los católicos podría considerarla indefendible. A fin de cuentas, es como si aquella famosa maldición de El exorcista se hubiera extendido también sobre el subgénero que esta inauguró.

Al diablo con los exorcismos

Pasan las décadas y parece que la Warner Brothers no se resigna a dejar de lado una temática cuyos signos de desgaste son evidentes. En 1973, el éxito impresionante de El exorcista, esa obra maestra iniciática de William Friedkin, impulsó una secuela dirigida por John Boorman y estrenada cuatro años después: El hereje, que pese a la elaborada estética de muchas de sus escenas fue un fracaso absoluto. Tuvieron que pasar más de treinta años para ver dos precuelas de escasa repercusión: la floja El comienzo de Renny Harlin y la subestimada Dominion de Paul Schrader. Ahora le toca el turno a El rito, filme “basado en hechos reales” según proclaman su afiche promocional, su trailer y su introducción.

El joven Michael Novak (Colin O’Donahue) trabaja en el negocio familiar, una funeraria, ayudando a su padre (Rutger Hauer). Como este es muy estricto, Michael decide tomar los hábitos. El problema es que no cree en Dios. Cuatro años después, ya de sotana, decide renunciar a la Iglesia. Su superior (Toby Keith), creyéndolo el elegido, se opone a esa decisión y por eso lo envía a un curso de exorcismo en el Vaticano, algo así como un campamento para curas escépticos. Una vez allí queda bajo la tutela del veterano Padre Lucas (Anthony Hopkins), experto en posesiones demoníacas.

Es inobjetable que todo gran actor tiene sus muertos en el ropero. Así y todo, resulta curioso advertir la abultada cantidad de bodrios que se acumulan en el currículum del notable Anthony Hopkins. Al tipo parece no importarle, con su oficio le alcanza para cumplir en cualquier ocasión. Y si la película resulta ser tan mala que con eso no es suficiente, siempre puede echar mano de su pequeño Hannibal Lecter ilustrado. El debutante Colin O’Donahue, por el contrario, es tan inexpresivo como una tabla de madera. El clímax del relato, que supuestamente debía ser un contrapunto entre él y Hopkins, termina por convertirse en un risible monólogo del segundo. Uno está muy verde. El otro está pasado de rosca.

En una escena, luego de asistir a su primera clase de exorcismo, Michael es interpelado por el Padre, quien, en obvia alusión a la iconografía de El exorcista, le pregunta: “¿Qué esperabas? ¿Sopa de arvejas?”, a lo que cabría responder: “Qué tupé. El director Mikael Hafström reemplaza el famoso recurso de la sopa por un arsenal de efectos especiales cuya efectividad, en comparación, resulta insignificante, sin mencionar esa ampulosidad que tan mal le queda al cine de terror. La secuencia por medio de la cual nace la fe del protagonista (un puñado de alucinaciones obvias y aburridas, con largas panorámicas, voces en off y demás chiches) prepara la película para un final aun más pobre del que se podía esperar en los primeros dos tercios de metraje.

Poco y nada se puede rescatar de El rito: el bellísimo paisaje romano, la lóbrega escena inicial en la funeraria y paremos de contar. Si hasta el más rabioso de los católicos podría considerarla indefendible. A fin de cuentas, es como si aquella famosa maldición de El exorcista se hubiera extendido también sobre el subgénero que esta inauguró.

6 comentarios

  1. Pingback: “#JuaydeRito, La Película…” Cinismo Ilustrado | Pateando Piedras 3.0

  2. antonio de nigris

    un bodrio

    febrero 19, 2011 a las 3:03 pm

  3. Anthony Hopkins un maestro en el arte del cine!!! Grande la pelicula!

    abril 8, 2011 a las 8:21 pm

  4. Lukas

    Es una película entretenida e igualmente opino que poco o nada se puede rescatar de su crítica señor Tonelli. A lo mejor usted podria producir una mejor pelicula.

    abril 24, 2011 a las 9:22 pm

  5. Julián Tonelli

    No creo, porque no soy director de cine. Pero probablemente cualquier cineasta con un buen guión y un buen protagonista (me refiero a O’Donahue, no a Hopkins) podría haber realizado algo mejor que esto.

    Comentario aparte: navegando por Internet me topé con una crítica de esta película, escrita por un miembro de la revista nazi Cabildo, donde se califica El rito como, por lo menos, una muy buena película:

    “En un mundo donde prácticamente los medios de comunicación y entretenimiento están en manos de los enemigos de Cristo, esta película viene a defender, con valentía y probidad, la Fe, la Iglesia Católica y el Sacerdocio, en una pelea contra el Príncipe de este mundo, que aunque quiera hacer que lo tomen en broma para infestar mejor el mundo a través de innumerables films, no puede evitar que se lo señale, se lo desenmascare y, por lo tanto, que se lo venza. De la única forma posible: con el Nombre de Jesucristo, ante el cual toda rodilla se dobla, aun las de los periodistas que no se han enterado de esa noticia del diario de mañana.”

    En esa nota el autor carga duramente contra los “críticos materialistas” -en especial los de Pagina 12, “el diario anticatólico por excelencia, que debe respetar su perfil extremista dentro de la gran cloaca”- que reprobaron el film como un producto fallido del subgénero de exorcismos. Claro, toda su alabanza se debe a cuestiones puramente religiosas, y todavía no leí una crítica positiva de esta película que la justifique por medios que no sean esos.

    abril 25, 2011 a las 8:39 am

  6. Cherif

    Qué buena respuesta Julián!! Además vos Lukas seguro que opinas de todo y de todo lo que opinas seguro que no sos ni político, ni futbolista, ni docente, etc. etc. asi que Julian, que al menos hizo una critica puede opinar.

    abril 25, 2011 a las 2:41 pm

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