El retrato de Dorian Gray (Dorian Gray)

Año: 2009
Origen: Gran Bretaña
Dirección: Oliver Parker
Guión: Toby Finley
Intérpretes: Ben Barnes, Clin Firth, Rebecca Hall
Fotografía: Roger Pratt
Edición: Guy Bensley
Música: Charlie Mole
Duración: 112 minutos

por Diego Maté

Si en los 50 Godard y Truffaut ponían en duda la existencia de un cine inglés, en la actualidad podemos decir que, si de verdad existe el cine inglés (tampoco me atrevo a asegurarlo), lo hace solamente a condición de borrarse a sí mismo participando de cuanta coproducción se le cruza por delante. Por lo menos así lo demuestran las últimas películas de origen (en parte) británico estrenadas en nuestro país, y que conforman un espectro tan disímil y falto de identidad que va desde productos de animación como El ilusionista o Planet 51 hasta films de género como Waz, Al filo de la oscuridad, Robin Hood o Kick Ass, pasando por cine de autor como El imaginario mundo del Doctor Parnassus o El escritor oculto. En el medio, hubo algunos pocos y extraños casos de producciones enteramente británicas, como La felicidad trae suerte o Eden Lake. Bueno, hete aquí que El retrato de Dorian Gray es uno de esos casos, con el agregado de que está realizada y actuada por un equipo totalmente inglés y de que adapta la única novela de uno de los escritores británicos más respetados y recordados (sino el más) del siglo diecinueve. A pesar de eso y por todos los motivos que explico a continuación, el cine inglés, por lo menos en nuestro país, sigue siendo apenas una leyenda de la que nos llegan rumores lejanos e inciertos.

Que el guión de Toby Finlay no sea fiel a la novela de Wilde es el menor de los problemas. Es más, ese no pegarse al texto original podría haber sido un campo de experimentación interesante, pero los tics típicos del peor cine norteamericano que exhibe El retrato… acaban con cualquier posible originalidad. El trauma infantil de Dorian (interpretado por Ben Barnes, el nuevo galancete de turno), además de no terminar nunca de cumplir una función clara dentro del relato, es uno de los puntos de contacto más fuertes entre el guión de Finlay y el psicologismo estadounidense más chato imaginable. Que para la película la lujuria esté asociada con imágenes exóticas que incluyen negros, gays, serpientes y vestuarios orientales, todo filmado en ralenti, también es una muestra de la adhesión a la pacatería sexual norteamericana tan de moda (esa escena se parece a una similar de 300, pero ahí por lo menos había criaturas mitológicas y personas deformes que parecían vivir felices en una orgía permanente). Colin Firth actúa de taquito, como si estuviera apurado por llegar al rodaje de otra película, y Rebecca Hall habla como una actriz norteamericana, ajena a cualquier vicio o impostación de corte inglés. Como si todo esto fuera poco, y bien a tono con la égida ecologista cada vez más rampante en Occidente, Parker hace que el símbolo demoníaco a través del cual Harry corrompe a Dorian y, a su vez, Emily se ligue voluntaria y peligrosamente a Dorian, sea… ¡un cigarrillo! Eso sí, siempre hablamos de tabaco, porque en la película de Parker las sustancias raras solamente se consumen en turbios fumaderos de opio ubicados en callejuelas de mala muerte, nunca en las mansiones de la alta sociedad.

El retrato… cuenta una historia de desenfreno y pasiones exacerbadas pero nunca se atreve a vivirlas a la par de su protagonista, y esa distancia es la mayor diferencia con la novela: Wilde se servía de los excesos relegados al off de su protagonista para poner en cuestión la corrección de la sociedad de la época; en cambio, Parker, pudiendo contar esos excesos de manera más o menos visceral, opta por observar al personaje desde lejos y casi con repulsión, sin llevar nunca su película por el mismo camino de búsqueda de placeres. Así, El retrato… se para en la vereda de enfrente de la novela, porque en lugar de acompañar a Dorian lo condena a partir de los preceptos de la sociedad de nuestra época. Ejercicio moralista tibio y bienpensante, El retrato de Dorian Gray podría haber sido la película inglesa que nos hablara de un universo nuevo, desconocido, pero solamente nos trae noticias de una cinematografía que toma lo peor de Hollywood y lo recicla torpemente, sin siquiera el nervio ni la capacidad para plasmar una identidad propia como lo hace el cine estadounidense.

Año: 2010
Origen: Estados Unidos
Dirección: Steve Antin
Guión: Steve Antin
Intérpretes: Cher, Christina Aguilera, Stanley Tucci, Peter Gallagher
Fotografía: Bojan Bazelli
Edición: Virginia Katz
Música: Christophe Beck
Duración: 119 minutos

9 comentarios

  1. Un problema importante que tiene El retrato… (además de ser aburridísima) es el verosímil, así como en La señal Julieta Díaz se chocaba contra el personaje de femme fatale, Barnes se estrola de frente contra el de Dorian.
    Si el personaje principal y absoluto que tiene que ser bellísimo y aterradoramente seductor, es interpretado por una lechuga mustia con patas, el verosímil se va al carajo. Ni Rebecca se salva.

    enero 20, 2011 a las 10:22 am

  2. Para mí Barnes da bien con el físico del personaje (aunque yo siempre lo imaginé rubio), el problema es que no le sale actuar de Dorian Gray. Y no sé cómo viene tu bellómetro masculino últimamente (medio alto, me parece) pero el flaco tiene mucha pinta, che.

    Y Rebecca está preciosa. Su personaje no corta ni pincha (ni nada), pero ella hace que el tramo final de la película por lo menos sea un placer para los ojos.

    enero 20, 2011 a las 10:45 am

  3. Sí, pinta de tortuga. La escena en la que regresa del exilio y se para de costadete y se supone que es una enorme sorpresa porque sigue siendo joven, es tremebunda! Intenta poner cara de banana y todo… un gil a cuerda

    enero 20, 2011 a las 11:24 am

  4. Chupetín de ballena, lechuga con patas, tortuga… Estás en tu etapa de insultos animales, se ve, jeje.

    Sí, de hecho, la única forma que encuentra la película para darle algo de impacto a la escena del retorno que contás es a través del montaje más craso posible: mismo salón, plano de él joven, plano de los demas viejos. Digo, bien básica la cosa.

    enero 20, 2011 a las 11:49 am

  5. Julián Tonelli

    Helmut Berger, ese sí que daba con la facha de Dorian. Esta no la vi pero hay una versión medio erótica de los 70 que por lo menos no es nada aburrida.

    enero 20, 2011 a las 12:10 pm

  6. Ahí tenés. Es que en los 70 no se hacía nada aburrido, nací yo, imaginate.
    La lechuga no es un animal. Y por otro lado, yo simplemente describo la más pura verdad

    enero 20, 2011 a las 1:40 pm

  7. No, pero la lechuga que decís vos tiene patas, como los animales. No se hable más.

    Helmut Berguer seguro fue un Dorian Gray mucho más canchero y perverso que Barnes. Bueno, otro que trabajó con Visconti fue el pibe que hizo de Tadzio en Muerte en venecia, ese también podría haber sido un Dorian Gray bastante decente.

    enero 20, 2011 a las 2:52 pm

  8. Julián Tonelli

    Totalmente. Bjorn Andersen. Convengamos en que Visconti, y Pasolini, no elegían a los pibes al azar, especialmente en lo que se refiere a la apariencia física.

    enero 20, 2011 a las 8:04 pm

  9. Bueno, hay un documental sobre el tema, Buscando a Tadzio, en el que se lo ve a Visconti eligiendo chicos para el papel y, cosa curiosa (o no tanto), en el casting les pide que se paseen sin remera por su oficina. Ese documental sería imposible de filmar ahora, en pleno auge del miedo a la pedofilia.

    enero 21, 2011 a las 3:14 pm

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 132 seguidores