Apuntes para una biografía imaginaria

Año: 2010
Origen: Argentina
Dirección: Edgardo Cozarinsky
Guión: Edgardo Cozarinsky
Fotografía: Facundo Pirés
Edición: Eduardo López López
Música: Ulises Conti
Duración: 60 minutos

por Diego Maté

Como varios de sus libros, la última película de Edgardo Cozarinsky abre puertas a los relatos más insospechados y personales. Apuntes… tiene la particular condición de ser una especie anómala de autobiografía que también permite, incluso motiva, la construcción de una propia: el material de archivo encontrado por Cozarinsky (remanente de películas anteriores), la filmación de escenas inconexas, los planos con actores quietos y solos cerca de la cámara (que trabajaron con el director anteriormente, como Gonzalo Heredia o Rafael Ferro), la voz en off que se le agrega al found footage (ya sea registrada de manera documental o ficcional), el fragmento de uno de los cuentos de La novia de Odessa, el segmento sobre Borges y Estela Canto en el que se cruzan las imágenes actuales de Constitución, etcétera; todo habilita a disparar las narraciones más libres, las historias más extraordinarias. Al igual que en la obra literaria de Cozarinsky, en Apuntes… también hace un necesario acto de presencia la Historia, ya sea en las manifestaciones y desfiles más multitudinarios como en hechos efímeros y poco visibles (como ocurre durante la presencia fugaz -apenas unos fotogramas- en un acto político de una actriz que, luego de un comienzo prometedor en Hollywood, habría de fracasar como estrella), y el mundo se convierte en un campo abierto para la aventura y el descubrimiento en el que es posible trazar conexiones entre los elementos más arbitrarios, donde se borronean las fronteras entre ficción y realidad. En la obra de Cozarinsky hay algo de rompecabezas inútil, compuesto por piezas múltiples que no encajan y que se niegan a reducir la complejidad del arte y la vida a una sola imagen unívoca, clausurada. Quizás sea por eso que Apuntes… soporta tantas lecturas como espectadores la vean; espectadores que se animen a participar del juego propuesto por la película, capaces de no quedarse anclados en el costado autobiográfico (uno de los tantos posibles que despliega el film) y que se atrevan a producir sus propios relatos: nuevos, personales, fantásticos. Una película generosa cuya biografía ajena nos invita a inscribir una propia en las imágenes: esa podría ser la definición justa para empezar a pensar (e imaginar) la última película de Edgardo Cozarinsky.

Publicado en Cinemarama el 11/04/10

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