Dos en uno (La personne aux deux personnes)
Año: 2008
Origen: Francia
Dirección: Nicolas Charlet, Bruno Lavaine
Guión: Nicolas Charlet, Bruno Lavaine
Intérpretes: Daniel Auteuil, Alain Chabat, Marina Fois
Fotografía: Laurent Dailland
Música: Nicolas Errèra
Edición: Reynald Bertrand
Duración: 87 minutos
por Aníbal Perotti
¿Quieres ser Daniel Auteuil? A pesar del título, el afiche, el tráiler y todos los cálculos previos, Dos en uno tiene una única estrella: Daniel Auteuil. Cuando ya nos estábamos acostumbrando a verlo en comedias televisivas o policiales pomposos y anodinos, Auteuil nos sorprende con una perfecta mezcla de destreza y frescura en una película arriesgada y por momentos muy divertida. Un oficinista se encuentra, de la noche a la mañana, habitado por un cantante pasado de moda. Como era de esperar, los temperamentos son opuestos y deben aprender a convivir en el mismo cuerpo. La anécdota es simple y remite a comedias americanas recientes como Irene, yo y mi otro yo, pero en comparación, Dos en uno se revela más extraña y delirante. El desconcierto se produce porque la seducción que ejercen el ritmo de los gags y la eficacia de las réplicas, contrasta con los descarnados diálogos de la voz en off, que representan un desafío permanente y exaltan la figura de Daniel Auteuil.
La cruda discusión con sí mismo, plasmada en una suerte de plano y contra plano invisible, puede resultar cansadora, pero la serena obstinación de Auteuil oculta las costuras de su actuación y genera un personaje cómico de una densidad poco habitual: burlesco, torpe, exasperante e irresistible a la vez. Las dos personalidades que ocupan su cuerpo están ancladas en la década del 80 pero, a diferencia de lo que ocurría en Disco (donde esta circunstancia se explotaba de manera demagógica), el sentido del humor retorcido y personal no deja lugar para el consenso. Dos en uno es una película incómoda, que ridiculiza como al pasar el mundo de la empresa, las oficinas funcionales y la arquitectura moderna. Cuando la comicidad flaquea, los directores apelan a lugares comunes escatológicos un tanto forzados que dispersan el relato y generan, sobre el final, la sensación de que la película quedó inconclusa. De todas maneras, la desenvoltura del epílogo logra disimular aquella impresión, y lo que permanece es la sorprendente visión de La Défense como una pesadilla climatizada por la que transita un héroe endemoniado que está en la vena de los personajes de culto.

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