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Boogie, el aceitoso

Publicado por Cinemarama en Noviembre 6, 2009

Boogie, el aceitoso - CinemaramaAño: 2009
Origen: Argentina
Dirección: Gustavo Cova
Guión: Marcelo Paez-Cubells
Voces: Pablo Echarri, Nancy Dupláa
Edición: Andrés Fernández
Música: Diego Monk
Duración: 85 minutos

por Ezequiel Villarino

“Todo lo humano me es ajeno”
Boogie

Boogie, Boogie… ¡Bang, Bang! Hay que tener agallas para atreverse a contemplar, en todo su esplendor, a este mastodonte apodado “el aceitoso”: racista, misógino, fumador obsesivo, gorila rubio y alto, y especie de híbrido fascista entre The Thing (La cosa) de Marvel Comics y Marv de Sin City. Realmente, todo un personaje “de aquellos”: listo para ser odiado con mucha razón o querido con extrema culpa. Es que así es Boogie, un hombre de guerra y natural born killer que fue parido desde la inteligencia del siempre recordado Roberto “Negro” Fontanarrosa en el año 1972, dentro de las páginas de la revista Hortensia. Bajo aquella mirada paródica y satírica del rosarino (de verdadero posicionamiento antimilitarista y antiimperialista) no sólo centrada sobre la figura de este antihéroe que recordaba con insistencia al Harry Callahan interpretado por Eastwood sino también sobre la sociedad, cultura y política de los Estados Unidos, la belicosa criatura yanqui de muy, pero muy pocas pulgas equilibraba sus excesos de violencia física con la agresividad desproporcionada de sus palabras. Boggie amenazaba a través de lo dicho, pero actuaba, decidido, por medio de un único lenguaje posible: ése que optaba por liberar su pesado cuerpo sobre la humanidad de aquellos que lo provocaban. Y allí, en esas situaciones de pura gresca, “el aceitoso” dejaba de discriminar: no existía otredad posible o diferencia alguna en esos instantes de fanatismo y goce por propinarle una paliza o la muerte a sus provocadores, convirtiéndose en iguales frente a sus ojos (claros). En palabras más pertinentes al personaje: cualquiera que jodiese con este mamut mercenario la “ligaba” seguro. Así, el exceso se manifestaba como su naturaleza específica.

Y al hablar de excesos, el film de animación dirigido por Gustavo Cova, que adapta decentemente al cine los personajes de la obra de Fontanarrosa, no anda con pequeñeces (después de todo, en este universo un gigante es rey): violencia física a diestra y siniestra, groserías verbales en su máximo esplendor y situaciones políticamente incorrectas de lo más variadas se mezclan con la animación digital que logra recortar las figuras del fondo para dar la profundidad de campo necesaria y disfrutar del 3D, aunque sin provocar una falta de correspondencia absoluta entre los cuerpos y objetos de ese mundo representado en relación a los espacios por donde se mueven o se ubican. Quiero decir: todo está integrado, posicionándose de manera lejana a aquello que puede ser pensado como una especie de motion comic similar al recientemente lanzado DVD de Watchmen, y en donde lo que se lleva a cabo es transponer con suma fidelidad al lenguaje audivisual lo ya existente en viñetas, provocando que el movimiento aparezca reducido de forma considerable (en este tipo de adaptaciones lo que menos se busca es la profundidad del campo visual). Por el contrario, en Boogie, el aceitoso, la animación digital mezcla permanentemente esa especie de sensación de cuerpos estáticos recortados desde el papel de la historieta con una rabiosa dinámica heredada, en este caso, de varios géneros y subgéneros del cine.

En relación a esto último, el film potencia hasta el éxtasis las citas y las referencias (siendo esos guiños hacia el espectador bastante numerosos). Curiosamente, cuando uno podría pensar que tanta exacerbación presente en imágenes que evocan instancias paradigmáticas del cine provocarían un agotamiento instantáneo, Boggie, el aceitoso hace de esos pasajes de autoconciencia toda una celebración visual: en varios fragmentos animados, se observa el noir y a sus “vagabundos nocturnos”; el film de gángsters; la pérdida de la humanidad dentro del apocalipsis made in Coppola de la guerra de Vietnam (también se escucha un tempo que evoca a ese único “amigo” de Jim Morrison: the end); la marcha por la paz del submarino amarillo de los cuatro de Liverpool convertida en una alabanza a la fiebre imperialista por el dinero, y cuya estética visual es emulada aunque resignificada en el instante en que vemos cómo crecen estallidos de bombas (en lugar de flores) a medida que Boogie se desplaza dentro de lo onírico de la situación; las referencias al ya mencionado Harry “el sucio” y, particularmente, una vuelta más que festiva al duelo de aquellos spaghetti western de Leone (con clara referencia musical a Morricone).

Durante esa escena al mejor estilo El bueno, el malo y el feo, se produce uno de los momentos de mayor autoconciencia del film: la imagen adquiere la dimensión del scope, y los planos detalle de los ojos de los duelistas se suceden unos a otros al ritmo del montaje acelerado. En un instante determinado, se inserta brevemente un primer plano del rostro de Mendieta (perro de Inodoro Pereyra), quien efectúa un guiño a cámara (y, por ende, a los espectadores). Es allí donde el film de Cova, consciente de sus objetivos, nos habla del cine y de Boogie, pero también de su creador (Fontanarrosa) y de sus (otras) creaciones. En el caso de Mendieta, haciendo su aparición a partir de una especie de irrupción extradiegética, excediendo al cine e invadiendo, con un mínimo gesto visual dentro de esa sucesión acelerada de imágenes, la memoria de aquellos que tienen bien presente al “Negro”.

Y es dentro de esos recuerdos que hacen referencia a un pasado, tanto del cine como de la historieta de Fontanarrosa, donde el universo por el cual se desplazan Boogie y compañía no defrauda: sosteniéndose con firmeza desde la técnica visual empleada, la animación digital pensada a partir de la utilización de la estereoscopía (la toma de una imagen desde un punto determinado que luego es tomada nuevamente con un leve desplazamiento de posición para así combinar ambas, generando una sensación de profundidad tridimensional) y estructurándose con fuerza bajo la provocación de lo políticamente incorrecto. Si Boogie es inhumano por completo, esta película potencia su brutalidad con apasionado movimiento y digna agitación visual.

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