Esto ya pasó (Kurz davor ist es passiert)
Publicado por Cinemarama en Octubre 15, 2009
Año: 2006
Origen: Austria
Dirección: Anja Salomonowitz
Guión: Anja Salomonowitz
Intérpretes: Rainer Halbauer, Otto Pikal, Anna Sparer, Leopold Sobotka y Gertrud Tauchhammer
Fotografía: Jo Molitoris
Edición: Anja Salomonowitz, Frédéric Fichefet, Gregor Wille
Música: Florian Richling, David Salomonowitz
Duración: 72 minutos
por David Obarrio
La película de Anja Salomonowitz está construida a partir de un procedimiento por demás inusual: la directora y guionista pasó años recabando testimonios de primera mano de mujeres sometidas a diferentes formas de maltrato en la Austria moderna, que van desde la diaria humillación a manos de un marido abusivo hasta la obligación de prostituirse bajo el peligro cierto de ser deportadas del país en caso de rehusarse, y armó con ellos un guión que es prácticamente recitado en su película por no actores, personas ordinarias que ejercen distintos oficios relacionados directamente con los lugares físicos en donde aquellas mujeres sufrieron alguna parte esencial de su drama. Mediante este curioso dispositivo, la directora es implacable en la postulación de la capacidad de ubicuidad y omnipresencia de ese obligado horror al que un distanciamiento impostergable (por esta vez Brecht no tiene nada que ver) no alcanza a mitigar: los improvisados actores pertenecen a distintas clases sociales y tienen trabajos diferentes, pero su relación con esas historias de pesadilla a las que prestan su voz y sus rostros parece extenderse un poco más allá de los límites de un simple nudo dramático impuesto por el guión. La idea de una correspondencia arbórea e infinita entre el padecimiento brutal de esas mujeres cuyo cuerpo está siempre ausente y el mundo circundante, con su fachada de inocencia y de distraída laboriosidad, excede a la maldad de los perpetradores y parece acechar como un fantasma a todos y cada uno de los imperturbables planos de la película.
En una escena, una mujer de mediana edad que trabaja para un laboratorio ofreciendo sus productos a domicilio, describe un breve momento cuyo significado se transforma en tristemente ejemplar. Va con su marido y su pequeña hija caminando por una calle del pueblo de provincia en el que viven. De a poco, se acrecienta en sus oídos el alboroto de lo que podría ser una inmensa reunión al aire libre: se trata quizás de alguna festividad local, casi seguro motivada por un aniversario o algo parecido. Ella no está al tanto porque es extranjera y no hace mucho que llegó con su niña a Austria para unir su suerte a la de un hombre al que ahora siente que desconoce aunque vaya en esa ocasión de su mano por la calle. Dice la mujer que vende vitaminas (en realidad la que habla es aquella otra martirizada a la que esta mujer consiente en evocar como si fuera un ventrílocuo o un medium): “Me puse contenta, tenía ganas de salir y divertirme, de reírme un poco. Quise unirme a la muchedumbre y festejar con los vecinos. Pero él no me dejó”. La negativa del hombre que detenta el poder se convierte en la negación del estatuto de persona libre de la mujer. Ignoro cómo será la traducción correcta del original alemán, pero el título con el que la película se distribuye en nuestro país no termina de hacerle justicia. Salomonowitz parece describir un estado de cosas en donde el abuso, la explotación y el dolor que de ellos se derivan no pertenecen a un tiempo pretérito ni son exclusividad de unas pocas personas a las que un nombre y un apellido podrían prestar un marco en cierto modo tranquilizador (quizá por ello no están los rostros de las víctimas ni de los victimarios en su película). Con una frialdad inquietante, merced a unos planos sobrios, de una elegancia acaso demasiado calculada, a los que acompañan a veces fragmentos de ópera, música compuesta especialmente para la película o fugaces ráfagas de música diegética, y a la alocución casi espectral, levemente desfallecida de sus protagonistas, la directora compone un paisaje de terminal desolación en el que la cultura no se muestra capaz de identificar cabalmente (y no digamos ya de neutralizar) la presencia monstruosa que late abrigada en sus entrañas.
Esta entrada fue publicada el Octubre 15, 2009 a 12:50 am y está archivada en David Obarrio. Etiquetado: Austria, Cine - Estrenos. Puedes seguir los comentarios a esta entrada a través de RSS 2.0 feed. Puedes deja un comentario, o trackback desde tu propio sitio.