Cinemarama

El primer día del resto de nuestras vidas (Un conte de Noël)

Publicado por Cinemarama en Julio 7, 2009

El primer día del resto de nuestras vidas - Un conte de Noël - CinemaramaAño: 2008
Origen: Francia
Dirección: Arnaud Desplechin
Guión: Arnaud Desplechin, Emmanuel Bourdieu
Intérpretes: Catherine Denueve, Mathieu Amalric, Chiara Mastroianni
Fotografía: Eric Gautier
Edición: Laurence Briaud
Música: Grégoire Hetzel
Duración: 150 minutos

por Aníbal Perotti

La familia Desplechin. Mi primer contacto con el cine de Arnaud Desplechin se produjo en un ciclo de Nuevo Cine Francés en la Sala Lugones a fines de 1997, donde pude ver Comment je me suis disputé (ma vie sexuelle), una película ambiciosa y visualmente fascinante, con una decena de personajes muy bien construidos entre los que se destacaba el protagonista principal, Mathieu Amalric (también era la primara vez que veía al actor). Recuerdo que salí de la sala con el deseo irrefrenable de volver a ver la película pero, como era la última función, decidí buscar en algún videoclub otra dirigida por Desplechin (o actuada por Amalric). Aquella tarde busqué en vano, aunque luego, gracias al festival de Mar del Plata y al BAFICI primero, y con la ayuda de Internet más tarde, pude completar la filmografía de Desplechin, un brillante narrador que ha creado una familia, con rostros, nombres y figuras que trazan una genealogía particular que reencontramos una y otra vez, generando sugerentes ecos en nuestra memoria. Una obra marcada por una estructura capitular mayor, en la cual un grupo de geniales intérpretes (entre los que sobresale Amalric) van intercambiando roles. Como sucedía en el cine de Bergman, esos cuerpos y rostros se vuelven cercanos a nuestros ojos. Por eso sentimos el placer del reencuentro ante el estreno de El primer día del resto de nuestras vidas, otra arrolladora máquina de emociones que resulta, en parte, una nueva variación sobre Fanny y Alexander, la emblemática película con la que el director mantiene una sensible y fina línea de contacto. Los lazos de la sangre, la estirpe, el lugar natal (Roubaix), las relaciones familiares, la enfermedad, el duelo, los secretos y la religión son temas que se acumulan para formar una película de gran complejidad semántica y vertiginoso ritmo narrativo, que descarta la presentación y evolución de personajes más convencional.

En los pocos minutos que funcionan como introducción, asistimos a los pormenores de una épica familiar de más de cuatro décadas signada por la muerte del primogénito Joseph a los siete años, y por el nacimiento de Henri, que fue engendrado como un intento frustrado de salvación para su hermano, ya que ningún miembro del clan poseía una médula ósea compatible. La indiferencia de su madre Junon (Catherine Deneuve, que compone un personaje de una frialdad escalofriante) y el odio irracional que le profesa su hermana Elizabeth fueron logrando que, con el tiempo, Henri sea desterrado de la familia. En el presente reaparece la enfermedad que acabó con el pequeño Joseph, cuando Junon se entera de que sufre de un tipo de leucemia que no responde a ninguna quimioterapia, y los exámenes médicos revelan que sólo dos miembros de la familia son compatibles y pueden salvarla: Paul, el joven hijo de Elizabeth que viene de ser hospitalizado por una grave crisis mental y el indeseable, esquizofrénico y alcohólico Henri. Por un expreso pedido de Paul, que nadie se atreve a contrariar, Henri es invitado a la fiesta de Navidad en la casa familiar de Roubaix. Éste es el punto de partida para un cuento de Navidad (titulo original de la película) dominado por la presencia incorpórea del hijo muerto y perturbado por el retorno de Henri (Mathieu Amalric) que, con su presencia, anuncia que entramos de lleno en el universo Desplechin. Henri surge en el hogar como un trueno en medio de la tormenta, es un espectro que se derrumba borracho y perdido para luego resurgir y provocar con insolencia. Henri acepta el desafío de sus parientes y, envalentonado por el desprecio del que es víctima, se convierte en el histrión inagotable de la mascarada familiar.

Experto en cambio de registros y rupturas de tonos, Desplechin orquestra una fiesta en la que cada personaje entrega su resentimiento y enarbola su herida, porque ahí donde las películas navideñas más trilladas ponen ingenuidad y sentimentalismo, el director coloca rencor y celos. La puesta en escena incluye desde confesiones frente a cámara, hasta pantalla dividida, pasando por un sainete teatral, digresiones excéntricas a través de múltiples puntos de vista o el uso de técnicas visuales primitivas (como el cierre circular mediante el movimiento de iris). La música pasa del jazz a las gaitas irlandesas o a la música tecno en un aparente desorden, que no es más que otra muestra de la libertad formal de un director que se atreve, por ejemplo, a mostrar un plano abstracto con las células de la sangre vistas a través de un microscopio acompañado con música asociada a las películas de terror.

Dejamos para el final la historia de Sylvia y Simón. Sylvia (Chiara Mastroiani) está casada con Ivan, el benjamín de la familia, y tienen dos hijos. Simón siempre estuvo locamente enamorado de ella y en la Nochebuena le confiesa que hace más de quince años decidieron, de común acuerdo con Henri, que ella se casara con Ivan. Nuevamente afloran los fantasmas del pasado, y sobreviene una escena que resume otra de las características del cine de Desplechin (y un nuevo punto de contacto con Bergman): la puesta en tensión de los límites de la moral en la familia burguesa. Sylvia se acuesta con Simon y duerme en su habitación, ante la vista de sus hijos, que corretean por la casa donde la familia se ha reunido para celebrar la Navidad. Luego de pasar la noche juntos, Sylvia continuará viviendo con su marido. Simón es el resucitado que anuncia una de las leyendas (otro de los tantos recursos que utiliza el director), un alma en pena resignada a quedar en los limbos del olvido.

Luego de ver El primer día… vuelvo a sentir, como aquella tarde hace más diez años, el deseo de toparme otra vez con esta familia intensa, extravagante, excesiva, inagotable y adictiva. Lo dice el propio Herni/Amalric: “ la desmesura, la locura, la violencia de esta nueva estructura familiar ha alcanzado límites que no imaginaba. Estamos en medio de un mito, y no sé de qué mito se trata”. Esta vez no me quedo con las ganas.

El primer día del resto de nuestras vidas - Un conte de Noël - Cinemarama

2 comentarios para “El primer día del resto de nuestras vidas (Un conte de Noël)”

  1. Ale escribió

    Gran película. Aparte de todo lo que mencionás en la crítica, tiene un peso literario muy fuerte y, sin embargo, es ágil y amena. La ví el viernes en la “Sala Bergman” del Arteplex Belgrano; como la renovaron y le pusieron butacas nuevas, ahora la pueden llamar “Sala Desplechin” :)

  2. Anibal escribió

    ¡Qué coincidencia lo de la sala Bergman! (yo no tuve nada que ver, jeje). Me alegro que estén actualizando todas las salas. Hace algo más de un mes fui a ver “Belle toujours” en la sala 1 (creo que es la “Sala Fellini”, no recuerdo si hay una “Sala Buñuel”, je) y estaba habilitada sólo la mitad por refacciones. En buenas condiciones, los cines del Arteplex Belgrano son una excelente alternativa.
    Es cierto, la presencia de Shakespeare está explícita. Desplechin hace un cine intelectual e intensamente físico a la vez. A pesar del tema trágico, nunca cae en el sentimentalismo. El personaje que interpreta Deneuve es el ejemplo perfecto.
    Saludos,

Escribe un comentario

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>