Bellamy
Publicado por Cinemarama en Junio 10, 2009
Año: 2008
Origen: Francia
Dirección: Claude Chabrol
Guión: Claude Chabrol, Odile Barski
Intérpretes: Gerard Depardieu, Clovis Cornillac, Jacques Gamblin
Fotografía: Eduardo Serra
Edición: Monique Fardoulis
Música: Matthieu Chabrol
Duración: 110 minutos
por Aníbal Perotti
Cada vez que se estrena una película francesa se ponen de manifiesto algunas taras que afectan a gran parte de la crítica local. Se trata de una falsa toma de posición, que a esta altura no es más que un lugar común de los más gastados. El juego consiste en hablar de manera despectiva del supuesto público al que están destinadas estas películas para denostar con ligereza un cine que denominan neo qualité (por no mencionar otros calificativos menos felices). Marcan el terreno para diferenciarse, como cinéfilos populares, de aquellas señoras que concurren a las salas de Patio Bullrich y luego se van a tomar un tecito por La Recoleta. De esta manera pretenden emular el gesto revolucionario de los primeros Cahiers, pero sólo consiguen (con suerte) establecer alguna tensión entre pochocleros y partidarios de las masas finas. Esta pereza crítica se potencia cuando estamos ante el estreno de una película de un autor francés. Sin pensarlo dos veces, señalan que el director se repite y que, con el tiempo, ha perdido la fuerza y originalidad de sus primeros trabajos. En este caso, como en tantos otros, lo único que se repite es la crítica. El último trabajo de Claude Chabrol se construye sólo a partir de las referencias que la misma película maneja. Bellamy es una película compleja y abstracta que excede la tan aludida crítica a burguesía francesa de provincias, y se aventura con cuestiones filosóficas como la suerte, la culpa y el destino.
Un hombre dormita sobre su sillón mientras, a través de la ventana, es observado por un desconocido que se introdujo en su jardín. Desde los primeros minutos, Bellamy sumerge al espectador en un mundo donde la conciencia del protagonista se pierde en el sueño. Luego de una rápida introducción que impone el decorado de Nimes para diseminar mejor las pistas, nos encontramos con el comisario Bellamy que, sin moverse del sofá, se incorpora y retoma una grilla de palabras cruzadas. El protagonista es Gérard Depardieu y está sentado en el sillón del director, copiando las actitudes y ocupaciones del viejo maestro, Claude Chabrol. La película está dedicada a Georges Simenon (a quien no le importaba tanto la intriga como los personajes) y a Georges Brassens (cuya música aparece interpretada de diversas formas pero siempre dentro de la trama), y es además un claro homenaje a la figura de Depardieu, que actúa con una intensidad luminosa un papel pensado a su medida. Las cartas está jugadas, la puesta en escena acorta las distancias con el protagonista. El director y su personaje avanzan de la mano, el movimiento de la película sigue el instinto de Bellamy que engaña el aburrimiento de sus vacaciones e intenta resolver el asesinato que confiesa haber cometido el intruso del jardín. Las vacaciones están presentes a través de los gruñidos golosos y cansados del comisario y las caricias con las que sus pesados dedos gratifican sin cesar la blusa de su esposa. El planteo inicial incluye una mezcla de jugueteo estival, autorretrato e investigación policial. A lo que habrá que agregar el drama familiar provocado por el reencuentro entre el comisario y su medio hermano, un personaje que está en las antípodas de la sabiduría y de la serenidad social afectadas por Bellamy.
En el curso de la investigación aparecen los detalles de la estafa y un proyecto de huida con una amante. Subterfugios, operaciones de cirugía estética y disfraces destinados a facilitar la desaparición del asesino y su sustitución por un duplicado. Pero la búsqueda de la verdad esconde otros misterios en la casa del comisario. La película presenta indicios que pertenecen al mismo tiempo a la intriga policial y al drama íntimo: la pistola en el cajón, el portón abierto, la bombacha faltante, las sábanas deshechas. Bellamy percibe las simetrías entre el caso que investiga y su propia historia familiar. El adulterio, la posibilidad de reemplazar su vida por otra y cambiar radicalmente la realidad, son ideas que resultan inquietantes para su paz mental y conyugal. El mismo hermano indeseable podría ser el trazado virtual de otra biografía. El misterio no se resuelve. La escena final continúa a la de la apertura, una historia protege a la otra. El primer plano policial y el fondo doméstico develar sutilmente otras realidades. El crucigrama no tiene solución, es pura incertidumbre.
