Adventureland, un verano memorable (Adventureland)

Adventureland, un verano memorable - CinemaramaAño: 2009
Origen: Estados Unidos
Dirección: Greg Mottola
Guión: Greg Mottola
Intérpretes: Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Martin Starr, Bill Hader, Kristen Wiig, Ryan Reynolds
Fotografía: Terry Stacey
Edición: Anne McCabe
Música: Tracy McKnight
Duración: 106 minutos

por David Obarrio

Nadie encuentra su vida. Eso es la vida.
Philip Roth, I Married a Communist

.

La lista infinita de Clark & Greg. La película Levelland (2003, Clark Lee Walker) empezaba mostrando a unos chicos haciendo piruetas con sus tablas de skate. Se trataba de un breve pasaje que el director desplegaba en planos de una enorme austeridad y laconismo y cuya extrañada vitalidad podía hacer acordar a algunos momentos de Escenas frente el mar, el casi imperceptible haiku que Takeshi Kitano filmara en los noventas. Casi un ejemplo de poesía concreta, la escena de Levelland parecía querer establecer definitivamente el registro del movimiento y la luz como la verdadera vocación secreta de la película. Cobijado en el interior de una producción pequeña aunque más bien mainstream, Walker se mostraba, extrañamente, como un auténtico primitivo del cine dedicado a la deslumbrada captación de la realidad en derredor y certificando al mismo tiempo la vigencia inclaudicable de su misterio. En ese empeño, el director encontraba casi como al pasar el núcleo de su film, esos jóvenes en los que un spleen de pueblo chico se hace carne y pronta sabiduría, la marca de un hastío insoluble contra el que no resta otra cosa que la resignación y el vacío o la lucha que se libra sin pausa ni descanso. No se trata sin embargo de las vidas tempranamente eclipsadas del cine de Gus Van Sant, sino de cuerpos en marcha decidida contra el acecho de la muerte. Mientras suena una cantidad impresionante de grandes canciones, entregados a una danza radiante y feroz, los personajes atraviesan incesantes las noches de Levelland, se agotan, se gastan, se desintegran, se vuelven fantasmas de sí mismos, se convierten en rostros cuya imagen se ha tornado ajena frente al espejo pero que al final resisten, buscando incluso el último destello de la luz que huye, no se sabe si para siempre: como en el trémulo final, en el que los muchachos caminan recortados contra una puesta de sol con sus tablas en la mano mientras se empieza a oír Bastards of Young (de The Replacements), segundos antes de que el plano funda a negro. Walker fue camarógrafo en Slacker, asistente de cámara en Rebeldes y confundidos y guionista de La pandilla Newton, todas películas de Richard Linklater, y resulta evidente que mucho del espíritu libertario de este último alumbra definitivamente a Levelland y le confiere parte de su energía y su íntima aunque espléndida vehemencia política.

La palabra “land”: terra incognita. Adventureland, un verano memorable, de Greg Mottola, comparte no solo algunas letras de su título con el de la película de Walker (y que establecen de inmediato la idea de una tierra, o mejor, de un mundo, un espacio que parece engañosamente inabarcable pero cuyos límites se erigen al fin como la maldición última del navegante inquieto) sino también la mencionada canción de los olvidados e inolvidables Replacements y que aquí, al revés que en Levelland, suena al principio pero funciona igual, casi como un santo y seña con la que la década del ochenta presenta un rostro inesperadamente endurecido por el desencanto, recesión económica mediante (vaya si sabía de qué hablaba Bruce Springsteen, que en los albores de la década ya había dado a luz su disco Nebraska, esa obra maestra de la desesperanza). Al mismo tiempo, la canción Bastards of Young se las arregla aquí para afianzarse como himno de guerra y orgulloso talismán frente al desconcierto que produce el mundo circundante y el que emana de él. Es que James, el personaje principal, parecía tenerlo todo claro y decidido, una vida presente chata y un futuro inmediato cuyas incertidumbres intentan diferirse con el típico viaje que los chicos burgueses norteamericanos parecen tener asegurado por derecho ni bien terminan el secundario y en cuyo mítico poder de transformación se cifran toda clase de expectativas. La cosa se ve frustrada casi de inmediato, sin embargo, y James y su mejor amigo (que tuvo mejor suerte: sus padres son ricos) no pueden marchar juntos a Europa. En Supercool, filmada inmediatamente antes, Mottola arropaba con chistes bestiales, gags físicos de variada escatología y una velocidad de montaña rusa lo que era el núcleo central de su película: la angustia de la separación de dos amigos, llevada a un punto casi incandescente de velado amor homosexual. En Adventureland el desasosiego producido por el inminente ingreso al mundo de la adultez (como tierra desconocida, como suelo inhollado, como intimidante aventura) toma la posta y se transforma, como en Llevelland, en motivo capital del movimiento de los personajes, esa especie de fuga constante de sí mismos. Solo que la palabra Adventureland parece al fin replicar con una ironía desoladora aquello que promete. “Adventureland” es el nombre de un desvencijado, más bien melancólico parque de diversiones al que el desventurado James va a parar con el fin de juntar algo de dinero durante el verano y así poder ir a vivir a Nueva York como era su sueño.

Bastardos. La película de Mottola tiene en James a un personaje de estirpe reconocida en el cine norteamericano reciente. Un poco como Max en Rushmore o Juno en la película homónima, el chico parece constituido con una materia ajena al medio que lo rodea, no necesariamente superior aunque sí, de manera definitiva, de otro orden. Hay algo furiosamente aristocrático en la remera de Neil Young con la que se presenta buscando trabajo delante de cada palurdo que desdeña su pedido sistemáticamente, pero también en sus estudios que lo sobrecalifican para casi cualquier empleo. Los padres de James, a su vez, como todos los de la película, parecen extraños, como si pertenecieran a una galaxia diferente que sus hijos, y prácticamente los únicos adultos que se ven con simpatía son la pareja de empleadores, cuya conducta antisocial, entre aniñada y feroz, parece acercarlos al espíritu que anima a los protagonistas. Del mismo modo, el uso de la música que hace Mottola distingue mejor a los personajes y contribuye de manera decisiva a cartografiar su película. La música que suena en el parque a toda hora es una tortura (y no solo por su repetición): Falco, cosas horribles así. En cambio en la casa de Em, súbita musa de James (Em, como la Emma de Jane Austen es rica, bonita, inteligente y tiene problemas) se oyen las mejores canciones del mundo, con una mención especial para I’m In Love With a Girl, de Big Star (mientras se ve en un breve plano perfectamente funcional la portada del disco Radio City del cual se extrae el tema). Por otro lado, en el cassette que James le graba a Em con “las canciones más tristes del mundo” figura Pale Blue Eyes, de Velvet Underground (el grupo de Lou Reed) que se oye dos veces en la película y que, junto a la remera del disco Transformer de Lou Reed que usa Em cuando está de entrecasa, sirve para establecer la idea de conexión entre ambos. Además, una canción de Reed termina de dejar claro que Conell (el novio intermitente de Em) es un farsante cuando confunde el nombre del tema y dice “set the light of love” en vez de Satellite Of Love. Es que, hábilmente, Mottola se preocupa por que la música constituya un universo propio dentro de su película, no tanto que reproduzca las señales de la época en la que transcurre (que además lo hace, allí suenan también temas típicos de la década, pero la película no se desvive por ello) sino que distinga a los personajes, que los recorte con sus gustos propios y les dé su particular espesor y densidad dramáticos. Es que en el mundo de Adventureland igual que en el de Levelland o el de Rebeldes y confundidos (ambientado en la segunda mitad de los setentas), si los adultos pertenecen a su tiempo (y lo representan) a los jóvenes protagonistas les está reservado no tanto el futuro sino ese tiempo trastornado de la adolescencia: bastardos respecto de su época, huérfanos por elección y distinguidos por vocación, a los personajes de Adventureland les toca el tiempo que se vuelve loco, el tiempo desquiciado. O como escribió Shakespeare en La tempestad: el “tiempo salido de sus goznes”.

Adventureland, un verano memorable - Cinemarama

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8 respuestas

  1. Estela

    Me parece exquisita la mirada sobre Adventurland, como la música de Lou Red, como las canciones grabadas en cassete, como la luz en el parque de diversiones, como la peli de Mottola…Gran nota!

    junio 9, 2009 en 11:45 pm

  2. david

    Gracias, Estela… !
    Saludos.

    junio 10, 2009 en 12:03 am

  3. giorgio

    David, te comento que encontré esta nota tuya acerca de Adventurland y me pareció exelente y quería comentártelo. Tu análisis de todos los detalles y pinceladas con las que compone Motolla la historia: “set the light of love” (brillante), o la precisa relación que haces con Rushmore o Juno… Felicitaciones y gracias, de lo mejor que leí en este blog.
    Saludos
    giorgio

    enero 15, 2010 en 2:07 pm

  4. Giorgio, muchas gracias, no exageres.
    Sabés que hace poco volví a ver la película y me equivoqué en el detalle de la canción: lo que el amante de Em dice es “Shed the light of love” y no “Set” como puse yo.
    De todas formas confunde el título de la canciòn de Lou Reed (Satellite of love)y le proporciona así a James la pista de que es un farsante.
    Saludos.

    enero 15, 2010 en 3:35 pm

    • giorgio

      A eso me refería, con ese detalle define al personaje y a toda una situación de imposturas…
      No exagero, es una película que vi hace poco y me impactó bastante no siendo del tipo de películas que me gustan… (Como siempre uno prejuzgando), pero la verdad, me impactó bastante el alcance y la lectura que tenía de una época y un generación.
      La busqué luego de ver superbad, que también me gustó mucho. Te reitero, tu análisis me pareció fantástico.

      enero 15, 2010 en 9:07 pm

  5. Superbad, que también me gusta, me parece que está un poco por debajo de Adventureland. Me da la sensación de que es una película mucho más escrita, más rígida en cierto modo, más apegada a una idea del cine que es la de producir acontecimientos sin parar.
    Fijate si encontrás por algún lado, Daytrippers (no me acuerdo ahora cómo se llamó en castellano),la primera película de Mottola. La vi en cine hace mucho y me acuerdo de que era buena.
    Saludos.

    enero 16, 2010 en 12:55 pm

  6. Estela

    Donde puedo encontrar Daytrippers? Ofrezco mi brazo a cambio. Qué buena película Adventurland! No olviden la escena en los autitos chocadores, luego de los brownies con “Just like heaven de fondo”. Gran momento.
    Saludos!

    enero 17, 2010 en 2:04 pm

  7. El brazo es mucho. Buscala, que por ahí debe andar.
    Efectivamente, es muy buena esa escena que mencionás, resumen vital y subrepticiamente melancólico de esa sensación de deriva, de constante prueba y error que afecta a los protagonistas.
    Saludos, Estela.

    enero 17, 2010 en 2:24 pm

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